Germán Vargas Lleras llevaba la política en sus venas y desde muy joven se metió en el mundo de los discursos en plaza pública con el ejemplo de su abuelo, el expresidente Carlos Lleras Restrepo.
Quienes conocieron de cerca a Vargas Lleras no dudan en afirmar que desde la década de los ochenta, cuando comenzó su carrera política como concejal de Bojacá, en Cundinamarca, se vislumbraba a un hombre con un sello propio en la administración y poder del ámbito público. En 1989, en Soacha, vivió un episodio que marcó su temple: el asesinato de Luis Carlos Galán. Estaba detrás de él cuando sonaron las ráfagas y se salvó de milagro. Desde entonces supo en lo que se metió y siempre dijo que “las responsabilidades no se pueden evadir”, y siguió de lleno en su pasión: la política.

Su ascenso fue rápido. Concejal, senador, ministro del Interior, de Justicia, de Vivienda y vicepresidente. Fundó y lideró Cambio Radical, un partido que le hizo una dura oposición al Gobierno Petro.
Y aunque todas las luchas terminaron en victorias, la presidencia de Colombia le fue esquiva. Fue candidato en 2010 y 2018, y sorprendió porque era considerado el heredero natural de Juan Manuel Santos. A pesar de su brillante recorrido, no logró el respaldo ciudadano e Iván Duque fue elegido como mandatario de los colombianos.
Pero hasta sus contradictores reconocen que Vargas Lleras era un hombre que tenía todos los pergaminos para llegar a la Casa de Nariño: durante años se preparó y conocía perfectamente el servicio público.

Ese reconocimiento lo logró a pulso. Del Concejo de Bojacá pasó al de Bogotá en 1990 y cuatro años después llegó al Senado, donde estuvo hasta 2008. Durante el Gobierno de Ernesto Samper, Vargas Lleras lideró férreamente la lucha para reactivar la extradición, tema que se había prohibido en la Constituyente de 1991.
En ese entonces tenía una obsesión para acabar con las mafias y el narcotráfico, por lo que desde el Capitolio emprendió la lucha para revivir la extradición en plena época en que los carteles estaban en furor.
“En 1994, cuando el país estaba prácticamente en manos del narcotráfico, emprendimos una legislatura contra las mafias y los carteles de la droga sin antecedentes. La Constituyente había prohibido la extradición y uno de los propósitos fue restablecerla, y Vargas Lleras le puso el pecho a esa causa”, recordó Néstor Humberto Martínez, quien en ese entonces era ministro de Justicia del Gobierno Samper, cargo que asumió en un complejo momento para Colombia por el proceso 8.000 y la posterior descertificación de Colombia por parte de Estados Unidos.

Martínez recuerda que siempre contó con Vargas Lleras para impulsar este tipo de iniciativas que estaban orientadas a golpear a los narcotraficantes. “Fue ponente de aquel proyecto para tipificar el lavado de activos, un tema que era clave en ese momento por todo lo que estaba pasando”, recordó.
Justamente esa lucha contra el narcotráfico fue lo que le costó al exvicepresidente la enemistad de los carteles y de las guerrillas, que siempre lo tuvieron en la mira. Pero como Vargas Lleras respiraba política y su pasión era adelantar grandes debates, uno que quedó en la historia del país fue el que realizó en octubre de 2001 por la zona de distensión que se les concedió a las Farc y la Ley 418 que facultó a los gobiernos para buscar, a través de los diálogos de paz, salidas políticas a los conflictos.
Dicho debate se aplazó por dos semanas, pero Vargas Lleras, que se movía como pez en el agua en los salones del poder, tuvo paciencia hasta que llegó el día de exponer una grave denuncia: destapó todos los delitos que estaban cometiendo los guerrilleros en los 42.139 kilómetros que el Gobierno de Andrés Pastrana les había entregado a las Farc en San Vicente del Caguán, Caquetá. Su intervención, que hace tanta falta en la actualidad, desnudó la realidad de esa zona. Secuestros, asesinatos, fiestas, carros de lujo, mujeres, narcotráfico, laboratorios, robo de ganado y control territorial de las Farc.

Esa denuncia demostró que el proceso de paz no iba por buen camino y generó el rechazo de los colombianos. Vargas Lleras enfureció a las Farc, que intentaron matarlo en dos ocasiones. “La enemistad con las Farc le generó esos atentados: el de la carta bomba y el que ocurrió después de terminar el programa Hora 20”, recordó el exfiscal Martínez.
Por su extenso paso por el Congreso, Vargas Lleras estuvo al frente de iniciativas relacionadas con el orden público, la infraestructura, la inversión social y el cabildeo. Sobre este último tema, el periodista Gerardo Aristizábal, quien lo acompañó durante casi una década como asesor de comunicaciones, recuerda que es otra de las frustraciones que se llevó porque quiso que en Colombia el denominado lobby se hiciera de manera frentera, como en Estados Unidos, y nunca lo logró. Nuestro país es uno de los pocos donde esa práctica no está reglamentada. “Siempre quiso impulsar ese tema, pero no lo logró. Era como una obsesión”, recuerda el comunicador que compartió en las buenas y en las malas con el exvicepresidente.

Aristizábal, quien vivía prácticamente las 24 horas del día a su lado, asegura que Vargas Lleras “lo que decía lo hacía” y que esa fue una de las principales características de su legado político. “Con el tema de la consulta previa, asunto del que ha escrito mucho, la modificó porque la padeció como ministro del Interior”, dijo.
Además, cuenta que su exjefe era una persona tímida, pero con un carácter imponente. “Es que era un ejecutor, conocía el Estado a la perfección, fue autor de las grandes leyes del país, de gran humor, no era de buenas formas para algunos, pero eficaz en todo lo que hacía”.
Incluso, Vargas Lleras lideró las críticas que se hicieron al proceso de paz con las Farc durante el gobierno de Juan Manuel Santos y, aunque apoyó la salida negociada, nunca dejó de advertir los riesgos que él veía. “Todo el mundo le reconocía su carácter y vehemencia en las causas legítimas del Estado y gran compañero en esa causa”, dijo Martínez.

Aristizábal recuerda que durante su paso por la vicepresidencia, en el que también estuvo a su lado, “se echó al hombro” el tema de la vivienda social, de infraestructura y cambió la imagen de esa figura que ha sido criticada. “No era político de emociones, era un estadista”.
No cabe duda de que Germán Vargas Lleras formaba parte de ese grupo de políticos que realmente se apasionan por el servicio público y que, aunque generara resistencia en algunos sectores, líderes de esa naturaleza hacen falta en el país para impulsar reformas necesarias que se han quedado estancadas por diferencias ideológicas en las que los únicos que pierden son los colombianos.
