Un caso ocurrido hace casi 30 años volvió a tensar la ya frágil relación entre Cuba y Estados Unidos. En 1996, dos avionetas fueron derribadas en aguas internacionales cercanas a la isla caribeña, en un hecho que durante décadas estuvo rodeado de controversia y versiones contradictorias. Sin embargo, lejos de tratarse de un accidente por fallas mecánicas o errores humanos, ambas aeronaves fueron alcanzadas por cazas MiG-29 de la Fuerza Aérea cubana.

El incidente provocó una de las mayores crisis diplomáticas entre ambos países desde la crisis de los misiles de 1962. La tensión no solo estuvo marcada por el derribo de las aeronaves, sino también porque las víctimas eran ciudadanos cubanoamericanos. Los aviones pertenecían a Hermanos al Rescate, una organización conformada por exiliados cubanos en Estados Unidos dedicada a misiones humanitarias y de búsqueda de balseros en el estrecho de la Florida.
Durante el ataque fallecieron Carlos Costa, de 29 años; Mario Manuel de la Peña, de 24; Armando Alejandre Jr., de 45, y Pablo Morales, de 29. Sus muertes generaron indignación en Estados Unidos y aumentaron las presiones contra el Gobierno cubano, que, en ese momento, defendió la acción asegurando que las aeronaves habían violado el espacio aéreo de la isla.
Durante años, el Gobierno estadounidense intentó vincular al exdictador cubano Raúl Castro con este caso, aunque las investigaciones no habían logrado establecer de forma concluyente la responsabilidad directa de quien entonces era ministro de Defensa de Cuba. Sin embargo, el miércoles el Departamento de Justicia presentó formalmente cargos en su contra por conspiración para asesinar ciudadanos estadounidenses, dos cargos por destrucción de aeronaves y cuatro cargos de asesinato.

“Más de tres décadas después, estamos decididos a llevar ante la Justicia a los responsables de los asesinatos de cuatro valientes estadounidenses”, declaró el fiscal general de Estados Unidos, Todd Blanche.
Pasaron diez años luego del derribo de las aeronaves para que surgiera una prueba que cambiaría el rumbo del caso. Un audio de 11 minutos y 32 segundos, grabado cuatro meses después del incidente durante una reunión entre Castro y periodistas cubanos, terminó por vincularlo directamente con la operación.
En la grabación, revelada por el Nuevo Herald, el exdictador, hoy de 94 años, admite haber impulsado el derribo de las aeronaves. “Yo insistía en que intentaran derribarlos sobre territorio nacional, pero ingresaban a La Habana y luego se retiraban. Entonces, derríbenlos en el mar apenas aparezcan; y quienes tengan la autoridad actúen sin pedir autorización”, se escucha, supuestamente, decir a Castro.

En otro fragmento del audio, también reconoce el riesgo que implicaba atacar las avionetas cerca de territorio cubano. “Claro, con un cohetazo de esos, avión-avión, lo que viene para abajo es una bola de fuego y que va a caer arriba de la ciudad”, afirma.
La grabación fue obtenida por el periodista cubano Wilfredo Cancio, quien en ese momento trabajaba para medios estadounidenses cubriendo temas relacionados con Cuba. El primer reportaje basado en el contenido del audio fue publicado en 2006 y provocó una nueva ola de tensiones diplomáticas, al reforzar las sospechas de que la operación había sido autorizada desde la más alta cúpula del Gobierno cubano.
Cuba 🇨🇺 EEUU 🇺🇸📹 La confesión de Raúl Castro por la que podría ser juzgado en Estados Unidos: “Tumben las avionetas en el mar cuando se aparezcan” #Miami
— Periodistassinfronteras 🌐 (@periodistassin2) May 19, 2026
🖋️ Carla Gloria Colomé
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Los cargos recientemente revelados suman seis acusados a un caso penal ya existente, iniciado en 2003 en relación con el ataque, según consta en documentos judiciales estadounidenses. Inicialmente, el proceso estaba dirigido contra tres oficiales militares cubanos, aunque ninguno fue extraditado para enfrentar juicio en territorio estadounidense.
Uno de esos oficiales, señalado como el piloto de una de las aeronaves militares involucradas en el derribo, murió años después y fue retirado formalmente del proceso. Entre los nuevos acusados aparece Luis González-Pardo, identificado por la Fiscalía estadounidense como el copiloto de uno de los dos MiG que participaron en el ataque contra las avionetas de Hermanos al Rescate.
La reciente imputación formal contra Castro volvió a elevar la tensión entre Washington y La Habana, alimentando especulaciones sobre una posible respuesta militar de Estados Unidos contra la isla.
Para algunos analistas, el momento actual responde no solo a la reapertura judicial del caso, sino también al contexto político que vive la isla y a la presión creciente desde Washington. Julio Londoño, exembajador de Colombia en Cuba, considera que la coyuntura alrededor de las acusaciones no es casual.
“Extraer unos hechos que se debieron presentar hace 30 años, en este momento, cuando el presidente de Estados Unidos ha dicho que el cambio de régimen en Cuba es un hecho y que hay una decisión muy clara de llegar a una solución diferente en el régimen cubano que ha estado desde 1959, es la coyuntura que hay en este momento”, señaló.

Londoño también advierte que la isla atraviesa una situación interna crítica. “La isla está colapsada. Lo que puede presentarse en un momento determinado en Cuba es una implosión, es decir, una cosa interna, porque la gente está agotada, está agobiada por la situación por la cual está atravesando”.
“El presidente Trump y el Departamento de Justicia están comprometidos a restablecer un principio fundamental: si matan a estadounidenses, los perseguiremos. Sin importar quiénes sean. Sin importar el cargo que tengan”, aseguró Blanche durante la rueda de prensa del miércoles.
Por su parte, Marco Rubio, secretario de Estado, declaró, al ser consultado sobre las posibles implicaciones del caso: “Si hay una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos, el presidente no solo tiene el derecho, sino la obligación de abordar esa amenaza a la seguridad nacional”.

Para Londoño, tampoco es casual que quien encabece la ofensiva diplomática contra Cuba sea Rubio. “No hay que olvidar que el secretario de Estado es de ascendencia cubana. Él, mejor que nadie, tiene, por decirlo así, un compromiso para el cambio del régimen en Cuba”.
No obstante, el presidente Donald Trump ha descartado, al menos por ahora, una escalada militar directa contra Cuba. “No habrá una escalada, no hace falta. Cuba se cae a cachos. Realmente, perdieron el control”, declaró el mandatario ante periodistas tras el anuncio del Departamento de Justicia.

Sin embargo, las palabras de Trump no disiparon del todo la incertidumbre. En paralelo a los anuncios judiciales, el Ejército estadounidense desplegó el jueves al USS Nimitz, uno de sus portaaviones más poderosos, en aguas del Caribe apenas un día después de las imputaciones formales contra Castro. El movimiento encendió las especulaciones, pues, tanto en Venezuela como en Irán, operaciones previas de Washington estuvieron precedidas por despliegues similares, reavivando las dudas sobre una posible escalada de presión de Estados Unidos contra la isla.
Sobre el margen de acción de Trump, Londoño fue contundente. A su juicio, el presidente no puede darse el lujo de quedarse en las palabras. “No puede en estos momentos, con una situación tan incierta como es la guerra con Irán, conformarse simplemente con unas manifestaciones o con unas amenazas. Hay una colonia cubana muy grande en Estados Unidos. Ahí está toda la población cubana pendiente de las decisiones que se tomen sobre el particular”.

El exdiplomático también aseguró que el Gobierno cubano se queda sin aliados capaces de sostenerlo. El respaldo que existía en tiempos de la crisis de los misiles hoy simplemente no está. “Rusia está muy ocupada con una guerra que tiene en Ucrania, no se va a volcar hacia Cuba como podía suceder en otros tiempos. Y, naturalmente, ni Irán ni China. Irán también tiene unos problemas sumamente graves. Y China está en otra condición”.
Mientras tanto, el Gobierno de Miguel Díaz-Canel insiste en que Cuba no cederá ante ninguna presión exterior. Aunque Washington ha endurecido nuevamente su discurso y las imputaciones contra Raúl Castro reavivaron las tensiones entre ambos países, un cambio de régimen en la isla, por ahora, sigue pareciendo lejano.
