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| 7/20/2017 11:06:00 PM

“El sentimiento en los cuarteles con el desarme de las Farc es de victoria”: Luis Carlos Villegas

En entrevista con María Jimena Duzán para ‘Semana En Vivo’, el ministro de Defensa habló sobre el papel y los desafíos de las Fuerzas Armadas en el posconflicto.

MARÍA JIMENA DUZÁN: Usted dijo que si no se radicaban de manera forzosa las 50.000 hectáreas de cultivos ilícitos que tenían como meta las Fuerzas Armadas, iba a renunciar. De todas formas no es el primer ministro que hace eso, Rafael Pardo y Fernando Londoño también dijeron lo mismo. ¿Se va a lograr realmente más allá de lo que usted prometió reducir ese tema tan complicado, el aumento de los cultivos de coca y específicamente esa meta que usted se propuso?

LUIS CARLOS VILLEGAS: El problema hoy más importante dentro de la lista de los intereses nacionales por resolver son los cultivos ilícitos. En primer lugar, no se puede montar una paz sostenible con las Farc o con el ELN (si llegamos allá), sobre la duda de si en diez años vamos a seguir siendo el primer productor mundial de coca y de cocaína. A lo que hay que renunciar es a ese primer puesto con una política pública de verdad, que lleve a un gran programa de interdicción sobre la cocaína pura terminada y de lavado de activos y por el otro lado un gran programa de sustitución.

En primer lugar, la paz. En segundo lugar, Colombia está llamado a ser un país de liderazgo como potencia regional de primer orden en América Latina en las próximas décadas, tenemos que ejercerlo sin ese INRI de la cocaína y de los cultivos ilícitos. En tercer lugar, porque ya influye sobre nuestra sostenibilidad como sociedad al mejorar sus indicadores criminales. Los cultivos de coca hoy son más o menos los mismos de hace 15 años, pero:¿cuál es la diferencia con hace 15 años? Antes, estaba integrada esa acción delictiva con el componente internacional. Hoy ese vínculo internacional ya no es colombiano: se queda en México, en Centroamérica, en Londres, en Estados Unidos y en Asia.

M.J.D.: ¿Lo que está diciendo usted ministro es que el negocio antes era propiedad de los carteles colombianos que tenían integrado todo el aparato de la empresa criminal y ahora hay una diversificación del trabajo?

L.C.V.: Una de las consecuencias del Plan Colombia es que ese eslabón internacional desapareció, por eso las consecuencias de las mismas hectáreas hoy que las que teníamos hace 15 años sobre nuestro comportamiento de seguridad son distintas.

M.J.D.: Según tengo entendido, de esas 50.000 hectáreas que ustedes se comprometieron a erradicar de manera forzosa entre el Ejército y la Policía, ya han erradicado 20.000:¿Eso es cierto y cómo se corrobora esa cifra?

L.C.V.: Hemos llegado a la mitad de la meta, a las 25.000 hectáreas en este mes de julio y ya está en marcha desde hace una semana el mecanismo de monitoreo y verificación de esos cultivos que ya hemos erradicado. Encontramos que la gran mayoría ha vuelto a ser bosque nativo tropical, que ha habido intentos de resiembra que están alrededor del 7, 8 por ciento y que ha habido defectos en algunos de los procedimientos porque al principio se cortaba muy alta la mata de coca y retoñó. Sobre eso ya llevamos una semana de repaso sin afectar la meta de 50.000, sin afectar las hectáreas diarias que hacemos en materia de erradicación. Esto de la verificación y el monitoreo es lo más importante en este momento.

M.J.D.: Hay varios estudios que dicen que la mayoría de los intentos que se han hecho para erradicar han fracasado porque la plata para dar sustitución de cultivos no  llega a las zonas que debía haber llegado.¿Cómo cerrar ese círculo?

L.C.V.:Yo creo que han confluido varios factores que son nuevos para que la erradicación sea sostenible. Primero, no es de menor cuantía que no estén las Farc oponiéndose armadamente a los programas de sustitución, sino que inclusive que en algunos casos los estén promoviendo. Segundo, la plata que siempre ha sido escasa ya tiene una perspectiva de gasto de varios ejercicios presupuestales, eso no había sucedido antes. Tercero, la erradicación funciona siempre y cuando vaya de la mano con un programa de sustitución:el Ministerio de Defensa ha sido exitoso en la meta de 50.000 hectáreas y la sustitución comienza también a traer la erradicación voluntaria y una sustitución real que va no solo desde el cacao, el plátano o el maíz, sino que haya carreteras, paquetes tecnológicos, entre otros beneficios sociales.Estas tres cosas juntas le dan al país, por primera vez, la esperanza de dejar de ser el primer productor mundial de cocaína y de coca.

M.J.D.: ¿Usted está tan confiado que va a lograr esos 50.000 que dijo que renunciaba si no lo lograba?

L.C.V.: Para que seamos exactos ni siquiera fue con la meta, dije:‘si no hay reducción en las hectáreas en el año 2016 los que tenemos la responsabilidad de esa política debemos poner nuestra cabeza sobre una bandeja para que hagan con ella los superiores lo que quieran’. Esas fueron mis palabras en la Radio Nacional, porque yo creo que debe partir de un compromiso de los funcionarios públicos que no puede tener distracción, que no puede tener excusa y usted sabe que cuando digo una cosa lo digo con toda conciencia.

M.J.D.: Usted es responsable de esta erradicación forzosa que se lleva a cabo con el Ejército y la Policía y que además no es la primera vez, pero también es la primera vez de hacer sustitución de cultivos, el alto comisionado para el posconflicto, Rafael Pardo, se comprometió en 50.000 hectáreas para sustituir. ¿Usted confía en que esa parte de esa estrategia está funcionando bien?

L.C.V.: El plan de sustitución es lo más trabajoso de empezar, es lo más difícil porque usted necesita, infraestructura que no tiene, movilidad que arranca de cero, empleados que arrancan de cero, presupuesto que arranca de cero y por supuesto las dudas de los sitios donde usted llega porque no es la primera vez que se llega con esa propuesta. Todo conspira para que la sustitución sea difícil. Yo por eso tengo toda la admiración a Rafael Pardo porque logro arrancar el tema de sustitución contra viento y marea, con unos déficits institucionales y presupuestales inmensamente grandes, pero arrancó. Y le ha dado una perspectiva de tiempo y de sostenibilidad al tema de la sustitución que le da confianza a la gente.

M.J.D.: Usted es uno de los pocos que ha estado desde el comienzo del proceso de paz, usted fue parte de esa mesa de plenipotenciarios sobre todo en la parte más dura del proceso que es la parte agraria, y le tocó como ministro de Defensa ser el protagonista y el impulsor de toda esta sinergia que hubo entre las Fuerzas Armadas y las Farc para llevar a cabo el desarme. ¿Qué efecto práctico, psicológico ha dejado en usted y en las Fuerzas Armadas esta nueva situación?

L.C.V.: Tengo como ministro el gusto de visitar las guarniciones militares semanalmente y quiero decirle que el sentir que se vive con el desarme de las Farc es de victoria. Pero no de la victoria que nace de haber ganado una batalla no más, sino de la victoria que nace de haberlo hecho legítimamente, es decir por la vía difícil, que es llegar al final de una negociación política, esencia de una democracia, pero también con una superioridad militar que era indiscutible. Hay por supuesto en la política otra visión de lo que pasó, pero en los cuarteles, en la gente que vivió la batalla, el sentimiento es de victoria.

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M.J.D.: Este fue un proceso de paz que por primera vez se llevó a los militares a la mesa. ¿Usted cree que esto fue fundamental para poder llegar a este punto en el que por primera vez se hace un acuerdo de paz, en el que los militares son garantes?

L.C.V.: Hay que mirar esto como una secuencia que empieza con unos plenipotenciarios generales retirados que eran los generales Mora y Naranjo, a quienes les tocó la parte más difícil que era la de la confianza. Ya cuando las Farc entraron en el camino de que sí se estaba conversando sobre el final del conflicto y aceptaron tener una subcomisión de militares activos, yo recuerdo que mi reacción fue: “Creo que ahora sí estamos en el camino de la paz”. Porque ya no era la conversación política con el general Naranjo, ni el general Mora, sino que era la conversación práctica de quienes habían estado en el campo de batalla hablando sobre cómo administrar el desescalamiento, luego el cese al fuego unilateral de las Farc y luego el cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo. Esto fue una secuencia que todavía hoy se mantiene, ya no como una subcomisión técnica sino como un comando de transición que encabezado por el general Flórez administra todo lo acordado en la mesa pero ya en el campo físico, donde están los desmovilizados.

M.J.D.: La Jurisdicción Especial para la Paz ha sido cuestionada por los opositores al acuerdo de paz diciendo que es un proceso que se hizo por cuenta de las Farc  y que es una de las pruebas que sustenta la tesis de que este es un proceso castrochavista en el que las Farc hicieron todo, incluso la justicia para los militares. Sin embargo, es evidente que los militares activos fueron parte del proceso. ¿Están contentos los militares activos con como quedó la JEP, el tema de los militares en la JEP y por qué siguen esas críticas tan duras por parte de sectores uribistas y de militares retirados?

L.C.V.: Primero estamos inventando. Aquí nadie puede cruzar por la puerta y decir “María Jimena lo que ustedes están diciendo está mal porque en tal otra parte se hizo de otra manera”, eso no existe, estamos abriendo camino. Segundo, porque no fue una justicia negociada, yo recuerdo que con  el ministro de Justicia Yesid Reyes firmamos en presencia de los mandos en la escuela militar de cadetes y con el presidente Santos un memorando de entendimiento de 10 puntos sobre lo que debería contener el sistema especial que se diseñaría para las Farc en el caso de que se llegara a un acuerdo y cómo debería ser para los agentes del Estado, especialmente para los agentes de la fuerza pública.

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M.J.D.: ¿O sea no hubo en ningún momento intervención de la mesa en La Habana?

L.C.V.: Ni de diseñar, ni de crear los principios, ni decir cómo era. Es un proceso que es extraordinario porque está por fuera de los procedimientos tradicionales de la justicia  ordinaria y porque es para la reconciliación, no para la impunidad. Ese sistema tiene procedimientos, responsabilidades, juicios, pruebas y castigos si hay responsabilidad, no es un procedimiento para que usted entre ahí lave sus penas y se vaya para su casa. Tendrá unas responsabilidades en materia de verdad, en materia de reparación, en materia de cumplimiento de unas sanciones, no es para la impunidad como se dice tan fácilmente y por supuesto es un sistema que lo que busca es cerrar las causas de las personas investigadas. Recordemos que por el caso del Palacio de Justicia todavía están por ahí generales y coroneles llevando memoriales a los juzgados porque sus causas en esa terrible tragedia no han sido cerradas. Nosotros no podemos dentro de 30 años estar otra vez buscando a ver qué fue lo que pasó en el conflicto en el año 2000. Eso tiene que cerrarse, terminar y ese sistema de justicia lo que hace es dejar una cosa juzgada definitiva a esas causas por delito relacionado con el conflicto.

M.J.D.: José Miguel Vivanco de la ONG Human Rights Watch ha dicho claramente que hay dos cosas que son complicadas y que podrían de alguna manera dejar impunes los temas tan complicados como los falsos positivos: unidad de mando y de responsabilidad de generales. ¿Cómo queda el tema de los falsos positivos?

L.C.V.: Hay una gran diferencia entre la doctrina militar de 2016 y 2017 y las finales del siglo XX. Una vez ocurrió el proceso de paz con el M-19 se le preguntó al mando: ¿ustedes quieren entrar en un sistema especial de justicia?, y la respuesta fue ‘no si yo no he cometido ningún error’. Eso nos llevó a que todavía estemos sin cerrar las causas para los militares. En el año 16 y en el año 15 se pregunta: mando, ¿ustedes quieren un sistema especial de justicia para solucionar los problemas judiciales de los hombres de las fuerzas que están?, y al respuesta fue ‘sí, mientras sea una cosa que esté al mismo tiempo de lo que se haga con la guerrilla si se logra, que sea diferenciado porque nosotros somos agentes del Estado y ellos no y que sea con todos los atributos de un proceso penal con la debida defensa, debido proceso’.

Responsabilidad de mando sí hay en la Justicia Especial para la Paz pero no es automática. No es el hecho de su grado, es el hecho de su responsabilidad, de la cantidad de dolo que hayan aplicado a unas determinadas instrucciones.

M.J.D.: El país no sabe qué es lo que está pasando hoy con las bandas criminales y resulta que en Medellín aparece una negociación con ellos. La pregunta es: ¿Está el Estado negociando con las bandas criminales? ¿Está el Estado enfrentando las bandas criminales? ¿Cuál es la política de sometimientos si es que hay una?

L.C.V: Si en Medellín hubo o hay una negociación es sin la participación del Gobierno. Ni siquiera hay información. No ha sido esa una iniciativa que haya estado por lo menos en conocimiento en el sector Defensa. Me parece que esa clase de iniciativas son peligrosas para quienes las emprenden, pero además son irresponsables porque es que esta no es una negociación de microbandas.

Dicho esto, la lucha contra el crimen organizado en Colombia ha sido exitosa. Cuando se centra la discusión sobre las hectáreas de coca, a mí me asalta mucho la preocupación de que los temas de interdicción no se ven con la misma importancia. Por ejemplo, el año pasado nosotros, en Colombia, decomisamos  380 toneladas de cocaína pura, este año van en 210, es decir vamos a superar lo incautado el año pasado. Esas toneladas, ponga usted que sean 400 las de este año, son 12.000 millones de dólares; supongamos que eso sea la veinteava parte no más, son 500 millones de dólares, para un conflicto nuevo, el Clan del Golfo, puntilleros, pelusos, microbandas, ELN, lo que quedó residual de las Farc, es mucho dinero, pero más dinero sería sino hiciéramos la labor de interdicción que estamos haciendo. Yo he reclamado más acción internacional, porque dicho por las autoridades de guardacostas de los Estados Unidos, el año pasado se incautaron en todo el continente americano 600 toneladas de cocaína, 440 entre Panamá y Colombia, y de esas 440, 380 en Colombia. Es decir el resto de la humanidad distinta a Panamá y Colombia hacen incautaciones de 140 toneladas.

Una organización como el Clan del Golfo tenía 4.200 hombres armados hace cinco o seis años, el último conteo nos da menos de 2.000. Una organización que pierde la mitad de sus hombres en armas, es una organización en expansión, es una organización que está tomando territorios como dicen algunos medios en el país, o es una organización que está de huída de una acción de las autoridades. Lo  segundo es lo que está pasando. Estos últimos golpes que se han dado no le permiten al Golfo andar pensando en expansiones, ni en estrategias de nuevas rutas, ni nuevos laboratorios. Están es pagando escondederos de a peso.

M.J.D.: En San José de Apartadó que era un control militar, están en control militar por esa zona y resulta que entraron unas personas y llenaron de grafitis con consignas de paramilitares, la gente se asustó y lo ha sacado por todas las redes: ¿qué está pasando en tema de copamiento del territorio?

L.C.V.: Nosotros tenemos dos planes: el Plan Victoria y Comunidades Seguras y en Paz. Estos dos planes que son respectivamente de Fuerzas Militares y de Policía, fueron diseñados a partir de la firma de los acuerdos para ejecución, con el fin de que las Fuerzas Armadas fueran la primera presencia del Estado en las regiones donde de las Farc tenían influencia. Esos son 160 municipios, 160 municipios de 350, que es el plan general, pero estos son los del énfasis. ¿Qué se hace allí?: se hace una presencia de unidades militares y de policías más pequeñas. Ya no son los grandes batallones, las brigadas. Son pequeñas patrullas, visibles, móviles, intercomunicadas, que puedan hacer control territorial institucional. Es decir, la influencia de las Farc no es remplazada por nadie más y eso ha funcionado en la inmensa mayoría del territorio nacional. No sería otra la explicación para que nuestros indicadores de seguridad sigan todos a la baja aún en regiones muy difíciles. Hay regiones donde todavía tenemos unos niveles de intranquilidad muy grandes como el Catatumbo, o el Chocó, o como abajo en Tumaco, en Barbacoas, en el Norte de Cauca, claro que son zonas difíciles, pero la inmensa mayoría del territorio está hoy en manos del Estado. Entonces yo sí creo que la lucha contra el crimen organizado, se ha dado y se ha dado bien y se está dando debidamente, contra el Clan del Golfo esta operación que arrancó en su segundo capítulo no es para defendernos del Clan del Golfo es para desmantelarlos después de haber dado los golpes más duros en los últimos dos años.

M.J.D.: No hay un ejército en el mundo que hubiera estado tan dedicado a enfrentar el desafío de las Farc, conocían todo, sabían todo. Pero, me da la impresión de que están comenzado a conocer a un nuevo enemigo: ¿cuál es la estrategia frente al ELN?

L.C.V.: El hecho de que las Farc hayan desaparecido como grupo armado ilegal hace que la potencia de la fuerza pública se focalice en el ELN y ellos lo saben: la potencia de inteligencia, de movilidad, de ocupación de territorio y control institucional de territorio, de capacidad de ganar a la gente que el ELN ha tenido influenciado durante tanto tiempo, de estar en los territorios donde antes no había recursos suficientes para entrar, eso lo saben. En la campaña contra el ELN este año llevamos 500 hombres entre desmovilizados, bajas y capturas, eso no es poca monta. 500 de un total de 1.500 en armas, pues es un 30  por ciento en apenas 18 meses y se va a poner peor, porque cada vez sabemos más sobre el ELN. Cada vez hay más gente que nos cuenta sobre el ELN, que se siente liberada del ELN en zonas donde antes no se podía entrar como autoridad. No obstante, tenemos dificultades con esa frontera porosa con Venezuela. El ELN tiene que llegar a la conclusión como han llegado las Farc de que la lucha armada en Colombia no tiene espacio, la política sí y eso lo tienen que aplicar en los próximos tiempos, la ventana de negociación no es eterna y el presidente Santos ha dejado el pellejo completo para que esa oportunidad que está teniendo el ELN la aproveche debidamente.

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