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Hasta Estados Unidos, Australia y Canadá llegan flores con sello cundinamarqués

Flores Tiba es el negocio que hace esto posible. También ha hecho posible que madres cabeza de familia logren un mejor bienestar para sus hijos.


En el municipio de Cota, en el año 1977, nació Flores Tiba, un negocio floral reconocido en aquella época por sus coloridos claveles. Años después, más exactamente en 1984, movieron el establecimiento a un terreno de más de 26 hectáreas ubicado en Tocancipá, dejaron atrás los claveles, y las rosas se volvieron su especialidad.

Este lugar, que cuenta con cerca de 330 trabajadores –la mayoría mujeres cabeza de familia–, se preocupa por entregar productos de calidad y por la satisfacción de sus clientes en el exterior. Su meta es ser reconocidos a nivel global por la calidad de sus flores y ya lo están logrando: el 95 por ciento del producto que cultivan se envía a Estados Unidos, Australia, Canadá y España; todo gracias a la labor de sus empleados y a la variedad de rosas que pueden encontrarse en 14 colores diferentes.

La empresa cuenta con varios programas de responsabilidad social y ambiental, en donde el compromiso es el desarrollo y la sostenibilidad.

Entre estos se encuentra el apoyo al estudio de los hijos de los trabajadores. La compañía incentiva la formación en educación superior mediante un auxilio del 50 por ciento del valor de la matrícula, lo cual se traduce en beneficio para Tocancipá, pues con la mano de obra especializada se contribuye al desarrollo del municipio.

El fondo de empleados es otra de sus iniciativas ganadoras: les da a sus trabajadores la posibilidad de tener un lote para construir su hogar. A esto se suma el interés de la empresa por contribuir con la comunidad, pues ha donado terrenos para la construcción de un jardín infantil y el mejoramiento vial para ciclorrutas.

En cuanto a lo ambiental, Flores Tiba lidera la Fundación Nacederos, por medio de la cual germinan entre 30 y 40 especies de árboles y, durante este año, se han sembrado 18.000 plantas que se cuidan con esmero. Así se demuestra, tal y como menciona una de sus empleadas, que en Tiba los trabajadores “florecen de la misma forma en la que lo hacen sus plantas”.

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