personaje

H.G. Wells: más que el inventor de la máquina del tiempo, un humanista

A los 75 años de la muerte de H. G. Wells, el legado literario del británico, que en el centro puso la posibilidad de una tecnología destructiva y peligrosa, solo parece volverse más profético y vigente. SEMANA repasa su vida y obra.


Si existe la idea del viaje en el tiempo es porque Herbert George Wells escribió sobre la máquina capaz de hacerlo y sobre el hombre que se atrevió a utilizarla. Si se piensa en extraterrestres (hostiles), en naves metálicas voladoras, en un hombre invisible, o en una persona que emana rayos de los ojos, es porque el británico redactó estas ideas (y muchísimas más) magistralmente para todos, para siempre.

En el curso de siglos es posible que algún otro humano haya visualizado como él, pero poco importa: son tantos los conceptos que H. G. Wells sumó al imaginario colectivo desde sus letras y acciones que llamarlo precursor y padre de la ciencia ficción (junto a Julio Verne y a Hugo Gernsback) es cierto, pero es minimalista. Porque poco se menciona, pero en gran parte existe una hermosa Declaración Universal de los Derechos Humanos porque H. G. Wells redactó su inspiración, la Declaración de Derechos del Hombre, de Sankey (este, apellido del parlamentario británico que la encargó).

A 75 años de su muerte, y a 155 años de haber nacido (los cumple en septiembre), se recuerda en H. G. Wells a un genio que trascendió la lengua inglesa al ampliar la gama de temas universales y armar andamios eternos de pensamiento conjugando la emoción y el miedo, producto de las posibilidades científicas de su época (que, en gran medida, aplican esta época también). Pero eso no es todo. Se exalta la figura de un humanista cuyos libros Hitler y sus nazis quemaron en Berlín en 1934. Y, ¿qué mejor testimonio para la obra de un humanista que ser blanco de los ataques de una tiranía?

¿Vs. Verne?

En lo que a aproximaciones respecta, resulta pertinente separar a los dos padres famosos de la ciencia ficción desde sus perspectivas. Julio Verne era virtuosamente meticuloso en explicar el funcionamiento de lo que vendría, y supo describir la llegada del hombre a la Luna con una precisión casi profética desde la operación de los cohetes. Wells, de formación científica, profesor y escritor de numerosos artículos en publicaciones como Nature, optó en su literatura por ahondar en los efectos macabros de la ciencia. No reparó tanto en el funcionamiento de lo que exponía, un hecho que, algunos aseguran, irritaba al francés.

Si bien minimalista para cubrir obras tan vastas como las de estos dos gigantes, se puede considerar que Verne expresaba mayor fascinación por las posibilidades del futuro, mientras Wells advertía sobre las consecuencias de esas posibilidades en esas manos humanas. El mundo de hoy, de pandemias de laboratorio, de calentamiento global irreversible, de programas espaciales privados, parece probar que Wells está más vigente en su realismo y en sus temores.

Cuatro años, una leyenda

A ritmo frenético, motivado por la idea de vivir para escribir (siguiendo un carpe diem que nació tras superar una tuberculosis que lo enfrentó a la muerte), el británico publicó cuatro novelas en cuatro años y se catapultó a la eternidad. Vale aclarar, su producción trasciende estos cuatro trabajos con múltiples artículos, libros de cuentos visionarios, novelas y escritos que incluso abordaron la historia universal, pero fue esta etapa la que lo inmortalizó.

default
- Foto: Universal History Archive-getty images

Para plasmar su visión y armar un cuerpo de escritura prolífico en tan poco tiempo, le fue crucial el éxito rotundo del primer libro. ‘La máquina del tiempo’ (1895) lo puso en un mapa del que jamás saldría. Además de la idea revolucionaria de viajar en el tiempo, la novela presenta un futuro distópico marcado por divisiones sociales y pensantes adoctrinados, hechos nada ajenos a las sociedades actuales.

En 1896 siguió su racha con ‘La isla del doctor Moreau’, una novela en la que de nuevo expone a un científico dedicado a experimentos de manipulación animal, un macabro cuento sobre convertir bestias en humanoides que previó un siglo entero de prácticas nefastas en nombre de la ciencia.

default
- Foto:

En 1897 vino ‘El hombre invisible’, que sigue a otro científico visionario que descubre un poder extraordinario solo para verse enloquecer de a pocos por el mismo y descender al horror. En 1898 lanzó ‘La guerra de los mundos’, un trabajo que sirve para medir la fuerte influencia de las visiones de Wells en los creadores del siglo XX y XXI.

¡Marcianitos!

La guerra de los mundos, un relato que ofreció la primera invasión extraterrestre de la que el hombre tuvo noticia, y que Wells enmarcó de manera brillante en los suburbios donde vivían muchos de los lectores, permite dimensionar su legado.

default
- Foto: Heritage Images-getty images

A lo largo del siglo XX y del siglo XXI, la obra ha inspirado a millones de creadores, incluidos Orson Welles y Steven Spielberg. Welles se hizo un fenómeno en hombros del enorme H. G. Wells al convertir la novela en un guion radial con el que convenció a la gente de Nueva Jersey que, en efecto, estaban siendo invadidos. Spielberg, por su parte, no solo adaptó la obra a la pantalla grande y dirigió la cinta; en todo su trabajo deja ver su absoluta admiración por la visión de la naturaleza humana desde el prisma del avance científico.

default
- Foto: Bettmann-getty images

La novela nació en el periodo más fértil y fundacional de su autor. Lo que poco se sabe, y mucho revela de Wells, de su arte y de su postura frente al mundo, es que ese hito de la literatura de ciencia ficción nació de una caminata con su hermano. En esta, Peter le lanzó una reflexión sobre lo que ha debido sentir la gente de Tasmania cuando llegaron los colonizadores a acabar con todo...

Humanista de la era

Wells, un maravilloso producto de su tiempo, nació en Kent, en un hogar humilde de la era victoriana marcada por un indetenible ‘progreso’ y muchas preguntas. La ciencia, nueva deidad, marcó su mundo desde que nació. Hasta el fin del siglo, se descubrieron los ácidos nucleicos, los rayos X, la radioactividad, los canales de Marte y muchos asteroides.

El niño se enamoró de los libros por un accidente que le imposibilitó caminar una temporada. Esa pasión creció cuando, de adolescente, acompañó a su madre a trabajar en una casa con una biblioteca y los clásicos. Vino luego su instrucción en Londres bajo preceptos darwinistas, y la posibilidad de ser profesor de ciencias. Pero renunció a esta para conjugar su formación y su docencia científica en narrativas que cambiaran el mundo con un mensaje necesario.

Los logros de Wells solo se magnifican al saberlo defensor de la igualdad. Más allá de su vasto legado literario, sus acciones y causas demostraron que, ante todo, fue un humanista de compromiso.