Pregúntesele a cualquier melómano erudito acerca de la riqueza musical en Cuba, y hablará con seguridad de sones, guarachas, guajiras, boleros y danzones. En cambio, dejará por fuera del listado a la 'nueva trova', o lo que hace tres décadas la gente llamaba sin mucha precisión 'canción protesta'. Las razones para esa discriminación de la nueva trova son claras: se trata de música que en principio surgió como una expresión marginal, en la cual lo verdaderamente importante eran las letras, en tanto que la música ocupaba un segundo plano. Pablo Milanés intentó acoplarle a algunas de sus canciones cierto toque afrocubano, pero hoy se ha alejado de esa corriente. Silvio Rodríguez ha instrumentado sus últimos cuatro discos con la sola presencia de una guitarra, lo cual no suena mal pero sí es demasiado austero. En este panorama aparece Liuba María Hevia como la única cantautora que, además de cuidar el mensaje, imprime un especial esmero en el sonido cabal de cada disco. Su fórmula es sabia: Liuba María ha sabido rodearse de instrumentistas extraordinarios, egresados de los conservatorios cubanos pero conscientes de la riqueza folclórica que les rodea. Entre todos han construido un sonido de equilibrio entre la profundidad de los textos y la riqueza de la música. Del verso a la mar está lleno de momentos en los que la instrumentación recuerda a las charangas cubanas: el sonido del tres y los violines, la percusión marcando la clave_ la diferencia es que aquí ese sonido no es pretexto para la rumba, sino vehículo para llevar mejor un mensaje. En ese ejercicio, Liuba María llega con éste a su cuarto álbum y es posible que aquí esté la consagración. Colegas y amigos que ya intuían la importancia de su obra, pasaron por el estudio de grabación y quedaron registrados al lado de la cantautora. Y no hay duda de que la presencia de nombres importantes ayudará a las ventas del disco. Pero, para quien escucha desprevenidamente, el disco se sostiene solo. La colaboración de Silvio Rodríguez, por ejemplo, llega cuando ya han sonado cuatro temas, es decir, cuando ya no es estrictamente necesaria. En cambio, no deja de ser emocionante que el pianista Chucho Valdés (líder del conjunto Irakere) haya decidido también dar una mano. O, para ser exactos, sus dos enormes manos sobre el teclado, dispuestas a enriquecer cualquier música que emprenda. Ahí sí puede estar el paso Del verso a la mar: de la palabra, que es dominio de Liuba María, a la mar de sonidos con que ha sabido rodear muy bien su creación. ARTISTAS VARIOS 14 Cañonazos - 65 años de historia Fuentes En 1960 Pedro y Jose María Fuentes lanzaron al mercado un disco que recopilaba 14 éxitos de música tropical al que bautizaron 14 cañonazos bailables, como homenaje a las murallas de Cartagena. Desde entonces, este compilado, que el año pasado llegó al volumen 38, se ha convertido en un documento de la historia de la música tropical colombiana y de otros países, representada por porros, cumbias, vallenatos Como homenaje a esta ya legendaria colección que ha puesto a bailar en diciembre a varias generaciones de colombianos, Discos Fuentes preparó esta antología que, en dos CD, presenta cuatro mosaicos con temas tan recordados como Los cien años de Macondo, La sirena, Traicionera y Las caleñas, El santo cachón y La chica gomela. El segundo CD es una antología con las mejores canciones de Guillermo Buitrago. CHEO FELICIANO Una voz... mil recuerdos RMM Una de las voces más importantes de la música tropical de todos los tiempos les rinde homenaje a figuras de la talla de Tito Rodríguez, Héctor Lavoe, Benny Moré, Ismael Rivera, Frankie Ruiz, Daniel Santos, Santitos Colón y Felipe Rodríguez. Feliciano escogió los temas del álbum (seis de ellos son medleys de dos o tres canciones), todos ellos clásicos del género, algunos muy románticos, otros rítmicos y alegres. El tema que abre el disco se titula Que si cantaban bien, y es un homenaje a todos estos ídolos que tuvieron tanto que ver en el desarrollo artístico de Cheo Feliciano. VARIOS ARTISTAS Champeta Criolla New African Music From Colombia Palenque Records Este disco es un documento acerca de un género del que muy poco se conoce. La champeta, así lo demuestran los artistas que participan en esta recopilación, es uno de los géneros más inventivos de la música popular de estos tiempos. Nació hace más de 30 años cuando a Cartagena comenzaron a llegar discos de diversos ritmos africanos (soukous, mbaqanga, highlife) que muy pronto adoptaron un sabor latino propio, enriquecido a su vez con la mezcla de otras vibraciones caribes tales como el reggae, el calypso, la socca y el compás haitiano. Es música urbana de las barriadas de Cartagena, un afropunk que está revolucionando el sonido de hoy. A propósito de nuevas voces cubanas Amaury Gutiérrez Hace unos seis años le descubrimos la voz. Un disco del grupo Afrocuba llamado Acontecer nos presentaba al joven Amaury Gutiérrez como promesa. Luego, la promesa se radicó en México, donde existen mayores posibilidades para darse a conocer al mundo. La ironía del asunto recae en el hecho de que Amaury se ha permeado de un sonido comercial que abunda allí, en lugar de imponer la riqueza musical de su isla. Claro está que este es apenas un primer álbum como solista y por eso no hay que juzgarlo con severidad. Pero no deja de ser inquietante un repertorio tan heterogéneo: es que hay piezas en las cuales se arriesga con los complejos ritmos de la isla y otras, en cambio, en las que nada lo diferencia de cualquier baladista.De modo que este es un disco importante, sobre todo en lo que rspecta a distribución mundial. Pero más importante aún será el siguiente, en el cual tendrá que decidirse entre su origen afrocubano o un camino que es menos arduo.