El comercio internacional sigue dinámico. Sin embargo, una posible recesión global podría desacelerar esa tendencia.

¡Por las nubes! Inflación, dólar y alimentos

Las preocupaciones de los gobiernos y ciudadanos a nivel mundial no cesan.

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El encarecimiento del costo de vida continúa golpeando los bolsillos de los consumidores y empresarios, el dólar en Colombia sube y baja como una montaña rusa y los precios de los alimentos en las ciudades han dejado con la soga al cuello a las familias colombianas. De hecho, en el afán de muchas de ellas por ‘ajustarse el cinturón’, algunos productos de la canasta básica han tenido que ser reemplazados para mermar los costos. ¿Por qué la vida se está haciendo más cara en el continente? ¿Por qué el dólar está que brinca de arriba a abajo? ¿Cómo se están moviendo los precios en las centrales mayoristas del país? Conozca aquí todos los detalles.

Inflación - ¿Creciendo como espuma?

El continente americano no ha logrado zafarse de las garras de la subida de precios; el encarecimiento del costo de vida parece no dar tregua. Países como Estados Unidos y Argentina registran cifras históricas que no se habían visto desde hace más de 30 años. Sin embargo, los números del Departamento Administrativo Nacional de Estadística le dan un respiro a Colombia entre la tormenta: los precios han comenzado a ceder. Así va la inflación en el hemisferio.

Si se pensara en uno de los principales rezagos que dejó la pandemia de la covid-19 alrededor del mundo, alejándose del tema de la salubridad, es la subida inminente de los precios de los bienes y servicios. Ciudades completas entraron en confinamiento y la producción se enfrentó a un freno en seco como nunca antes se había presenciado desde la Segunda Guerra Mundial. Los números comenzaron a caer y los bancos centrales, en su lucha por mantener la economía, tomaron la decisión de bajar las tasas de interés.

Con la llegada de la vacunación y la flexibilización de las medidas de bioseguridad, se le dio luz verde a la reactivación económica. Sin embargo, las restricciones ya habían generado efectos colaterales que no demoraron en desencadenarse como dominó: no existía disponibilidad de contenedores o vehículos de transporte, las materias primas eran escasas, la congestión en los puertos era cada vez mayor y los consumidores comenzaban a demandar nuevos productos.

La consecuencia principal de este panorama fue una inflación contenida en gran parte del planeta, alrededor del 80 % de los países. El continente americano no logró ser ajeno a esta situación que, sin tenerlo en el radar, se sumó a la invasión de Ucrania por parte de Rusia.

Ahora, una de las estrategias de los bancos centrales ha sido elevar las tasas de interés para atajar la inflación. Es de recordar que el Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico han lanzado varias advertencias sobre el panorama económico mundial y han instado a los gobiernos a que adopten medidas para contrarrestar la inflación y el desaceleramiento generado por el conflicto en Europa del Este y los rezagos de la pandemia.

Argentina: sin frenos

La gráfica muestra la elevada inflación de Argentina, uno de los países más afectados del hemisferio. El costo de vida de los argentinos se incrementó 5,1 % durante el mes de mayo y desde enero pasado acumula un aumento del 29,3 %, uno de los indicadores inflacionarios más elevados del mundo, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de Argentina (Indec).

En los últimos 12 meses la inflación en Argentina llegó al 60,7 %, la más alta desde 1990. Por su parte, el gobierno de Alberto Fernández ha intentado defenderse y ha dicho que el encarecimiento del costo de vida, que parece imparable, se debe a desequilibrios en los precios internacionales, agravados por la invasión de Rusia a Ucrania.

En un diálogo con SEMANA, el economista argentino Matías Franchini dijo que, después de muchos años, la inflación ha regresado y se ha convertido en un problema global. Sin embargo, resaltó que el caso de Argentina es particular por su historia de cuatro décadas con números a tope.

“De la década de los setenta para adelante ha habido inflación e hiperinflación; esto último a finales de los ochentas hasta 1991. Entre ese año y 2006 se controló, pero a partir del 2007 comienza un proceso de aumento sistemático de los precios que se ha ido agravando. Esto se dio en el primer gobierno de Cristina Kirchner y se aceleró en su segundo periodo. Durante la presidencia de Macri también continúa y, en este gobierno de Alberto Fernández, ha habido una aceleración del proceso inflacionario que es anterior a la pandemia y la crisis ucraniana”, aseguró el analista.

Franchini culpa fuertemente a las políticas gubernamentales y recalca que la inflación del país sudamericano siempre ha ido por arriba a comparación de otros países. Según el experto, las malas decisiones desde el primer gobierno de Cristina Kirchner dieron resultados desastrosos.

El economista recalca la exacerbada expansión del gasto público que, a medida que aumentaba y se empezaban a menguar los ingresos públicos, se produjeron períodos de déficit fiscal. Según el experto, en Argentina, hasta el 2015, se financiaba el déficit con emisión monetaria, lo que era una receta perfecta para la inflación.

Y es que los intentos del kirchnerismo por ocultar las catastróficas cifras de inflación fueron inminentes. Como explica Franchini, durante los gobiernos de Cristina Kirchner, y cuando la subida de precios comenzó a respirarle en la nuca a la presidente y su gabinete, decidieron ‘meterle la mano’ al Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) y presentar a la opinión pública cifras de IPC que no tenían convergencia con las estimaciones de organizaciones privadas.

“Cristina no reconoce que durante su gobierno hubo altos niveles de inflación, todo porque esto se ocultaba con una manipulación de las cifras oficiales. Desde el periodo de Macri, en 2015, se logró regularizar este problema y las cifras volvieron a ser reflejo de lo que estaba pasando”, afirmó.

Lo que actualmente llama la atención es que los habitantes del país latinoamericano han comenzado a ahorrar en dólares y en el momento que tienen algún excedente, deciden cambiar pesos por divisas, lo que alimenta la inflación y la devaluación de la moneda local.

Ahora, el reto que sigue teniendo Alberto Fernández es frenar la inflación del país, pero a ello se le suman los múltiples coletazos económicos globales. Es así como al alto IPC de Argentina, desde hace cuarenta años, le llegaron más piedras en el camino.

Estados Unidos: en la cuerda floja

Otro de los casos a los que el planeta le sigue poniendo la lupa es al país de la ‘economía inquebrantable’. Estados Unidos continúa batallando para frenar la subida imparable de los precios. El Comité Federal de Mercado Abierto de la Reserva Federal (Fed) estuvo “fuertemente determinado a llevar la inflación a su objetivo de 2%”, por lo que decidió elevar los tipos de interés del país en 75 puntos básicos, hasta un rango objetivo de entre el 1,5% y el 1,75%.

Las alertas están encendidas porque esto demuestra un aumento de 25 puntos superior a las alzas de 50 puntos básicos que había tenido sobre la mesa el banco central estadounidense en las últimas semanas.

Se trata de la tercera alza consecutiva y así lleva las tasas de referencia a un rango de 1,5-1,75%. El organismo también aumentó su pronóstico de inflación para 2022 a 5,2% y recortó su previsión de crecimiento a tan solo 1,7%, después de terminar una reunión de dos días de su comité de política monetaria.

En una conversación con SEMANA, el economista y analista Johan Morales aseguró que esta situación es preocupante y que el panorama a futuro es incierto.

“El aumento de 75 puntos básicos como referencia de la inflación en la economía estadounidense no es solo alarmante de manera aislada por ser la más alta en los últimos 28 años, sino que es aún más importante de analizar teniendo en cuenta que se espera que se vuelva a acordar un aumento de esta magnitud en la reunión de julio, luego de las declaraciones de Powell (Jerome Powell, presidente del Sistema de la Reserva Federal) y la fuerte demanda que se espera hasta esa fecha, al ser algo característico de las vacaciones de verano”, dijo.

Pero este panorama complejo no es ajeno a la realidad de América Latina. Es más, Franchini explica que el movimiento económico negativo en el país del norte va de la mano con lo que sucede en la región.

“Venimos de tres o cuatro décadas con una baja inflación, pero ahora la Reserva Federal acaba de subir las tasas para lidiar con los números récord. Esto también está afectando a muchos países de América Latina. El punto es que la inflación se suma a los problemas económicos que América Latina viene arrastrando después de la pandemia: recesión, déficit fiscal, aumento de la deuda, desempleo. Cuando las economías pensaban que iban a crecer, aparece este problema”.

Además, una de las grandes preocupaciones que expone el analista es que los países de la región tienen márgenes muy pequeños de política monetaria para lidiar con la inflación.

De hecho, como agregó Morales, la subida de tasas en Estados Unidos transmitirá repercusiones en la inflación en las economías latinoamericanas, por la importancia que juega el gigante norteamericano en el comercio internacional de los países de la región.

A pesar de evidenciar reducciones o frenos en las inflaciones de algunos países de la región, América Latina sigue entre la espada y la pared.

Colombia toma un respiro

El panorama inflacionario en el país parece comenzar a moverse en verde. Según lo demostró el DANE, en el mes de mayo la inflación bajó a 9,07 % con respecto al dato anual de abril, que fue de 9,23 %. Los colombianos han tomado la noticia como un profundo respiro después de meses de estrés financiero y un aumento sistemático de los precios.

A pesar de los datos positivos, el director del Dane, Juan Daniel Oviedo, dijo que Colombia todavía sigue teniendo un nivel de inflación que supera récords históricos de los últimos 21 años, teniendo como punto de referencia a los meses de agosto y octubre del año 2000, en donde se tuvieron cifras similares al 9,07 %.

Ahora bien, según lo resalta Morales, en Colombia existe la esperanza que la presión se disuelve gracias al Fenómeno de La Niña y las reducciones en los precios de los alimentos causada por la abundancia del agua para los cultivos y ganadería. De hecho, a comparación de otros países de la región, el país ha logrado frenar levemente su inflación.

Recientemente, el Banco de la República decidió elevar la tasa de intervención de política monetaria a 6,0, con el propósito de ponerle un freno a la inflación.

Sin embargo, en el más reciente informe de Fedesarrollo en su Encuesta de Opinión Financiera para el mes de junio, se observó un crecimiento en la expectativa que hay frente al costo de vida en Colombia.

Las expectativas de inflación para fin de mes y fin de año se ubicaron en 9,56 % y 8,49 %, respectivamente. No obstante, el panorama es incierto. Lo que sí es verdad es que podría ser peor a comparación de otros países de la región.

El ‘sube y baja’ del dólar

El dólar parece una montaña rusa. De hecho, el que se suba en ella encontrará una atracción extrema de altos y bajos. ¿Cómo se ha ido moviendo la divisa en referencia al peso? Así está el panorama.

El dólar está que brinca de un lado a otro; es una realidad en Colombia. El valor del billete verde en el país está establecido por medio de una tasa de cambio flexible, esto quiere decir que puede tomar el valor que determine el mercado, sea tan bajo o tan alto como se determine.

El valor en el mercado se determina de acuerdo a la interacción entre la oferta y demanda de dólares. Pero, ¿por qué el dólar está tan fluctuante?

En una conversación con SEMANA, el economista y analista Julián Gómez, dijo que una de las principales razones de este desnivel es el petróleo.

“A pesar de que Colombia no es un país exportador de petróleo por excelencia, hay un gran número de movimientos de crudo. Estás ventas de la nación se hacen en dólares y, por la cantidad tan grande de estas exportaciones, el número de dólares que entran a la economía es enorme”, manifestó.

Y es que la guerra en Ucrania se ha convertido en un severo dolor de cabeza en términos económicos. El estallido en Europa del Este ha hecho que el petróleo se dispare. Para Colombia, la referencia de petróleo es el Brent, donde el precio durante el último semestre ha llegado a superar los 100 dólares por barril.

Como explica Gómez, a un mayor precio, más dólares entran a la economía por cada barril de petróleo exportado, generando que al final haya más oferta de divisas, lo que se desencadena en una disminución; esto explica los $3.700 que se evidenciaban en el primer trimestre de este año. También, las tendencias de debilitamiento del dólar se deben a los commodities, es decir, a la fortaleza que han ido ganando las materias primas.

Pero a esta situación se le suma la incertidumbre política que continúa viviendo el país.

“Los grandes inversionistas tanto extranjeros como locales hacen sus inversiones en contextos normalmente tranquilos o de buenas expectativas. Sin embargo, para nadie es un secreto que Colombia está pasando por un momento de inestabilidad política fuerte. Con la incertidumbre de las elecciones, las inversiones extranjeras no se están dando, no están llegando divisas a la economía y eso termina jugando un efecto contrario en la oferta de dólares, haciendo que por la escasez el precio del dólar aumente”, aseguró el experto.

Además, algunas propuestas económicas del presidente electo Gustavo Petro han comenzando a poner sobre la cuerda floja a la estabilidad económica del país, situación que se evidencia, por ejemplo, en la estrepitosa caída de las acciones de Ecopetrol tras el anuncio de Petro de ponerle frenos a la exploración petrolera en Colombia.

En la primera jornada bursátil después de la elección, la empresa arrancó con una caída de 1,33 % y, tras una hora de negociaciones, perdió 11,49 % de su valor. Una de las bajas más altas en la historia bursátil de la petrolera nacional.

Lo que sí es seguro es que los saltos del dólar muchas veces no logran estimarse y la volatilidad de la moneda hace que se compliquen las ofertas de negocio. Mientras que a unos les favorece que el dólar suba, otros quieren que el dólar caiga.

¡De a poquitas porciones!

Esa fue la frase que quizás se ha venido escuchando en muchos de los hogares colombianos. Los altos precios de los alimentos golpearon los bolsillos de los consumidores y llevaron a muchos a buscar sustitutos: pollo en vez de carne y yuca en vez de papa. Así se ha movido la balanza de algunos alimentos en las centrales mayoristas de las principales ciudades del país.

Uno de los grandes malestares en los bolsillos de las familias colombianas fue el alza en los precios de los alimentos. Los insumos con los que se fabrican los productos no lograban llegar a territorio nacional debido a la crisis operacional y logística en el comercio internacional. En Colombia no se producen fertilizantes, producto clave para el cuidado de los cultivos. De hecho, con la escalada del conflicto en Ucrania, los precios de varios elementos químicos provenientes de la región y fundamentales para la fabricación de este producto son escasos o están por las nubes, elevando el precio final del fertilizante e incluso, evitando la posibilidad de que sea exportado y llegue al país.

Como si fuera poco, el país no cuenta con la suficiente oferta de los tres macronutrientes fundamentales para la producción de esos fertilizantes, claves en el periodo de cultivo: fósforo, nitrógeno y potasio.

Según el especialista Morales, es muy complicado estimar qué pasará en el panorama alimenticio en un tiempo.

“Referente a la tendencia a la baja o estabilización de los precios de los alimentos que se ha venido viendo, es muy prematuro proyectar el comportamiento que seguirá a futuro. Por un lado están los costos en los que incurren los agricultores, donde entra una variable todavía importante como lo es la guerra en Ucrania y su influencia en el mercado de los fertilizantes y demás insumos. Por otro lado, están los precios de la gasolina que vienen al alza y que impactan los costos de traslado de los alimentos”, afirmó el analista.

La Semana Santa que pasó fue, quizás, unos días de ‘pecado’ para muchos por la imposibilidad de consumir alimentos como los pescados y mariscos, cuyo aumento era exorbitante.

No obstante, el freno que evidencia la inflación en Colombia es un indicio de que algunos alimentos de la canasta básica familiar han comenzado a ceder. Por ejemplo la papa pastusa, uno de los bienes que alcanzó altos niveles en sus precios, ya evidencia una tendencia a la baja en las centrales mayoristas de las cuatro ciudades. De igual forma, productos como el banano criollo o el huevo AA,demuestran una estabilización de precios que le está dando un respiro tanto a los productores, como a los consumidores colombianos.

* Este especial contiene información de la AFP y Europa Press.

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