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Desde el Instituto de Cultura y Turismo de Yopal se generan espacios que permiten rescatar costumbres y tradiciones como los cantos y vaquería, el trabajo llanero, los bailes tradicionales y los instrumentos típicos.
Desde el Instituto de Cultura y Turismo de Yopal se generan espacios que permiten rescatar costumbres y tradiciones como los cantos y vaquería, el trabajo llanero, los bailes tradicionales y los instrumentos típicos. - Foto: Archivo Semana

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Qué las tradiciones llaneras no mueran: la cruzada de artistas y gestores culturales de la Orinoquía colombiana

Con programas como Del aula de clase al fundo llanero y espacios para enseñar costumbres, danzas y cantos desde preescolar hasta bachillerato, se busca preservar la identidad cultural que caracteriza a la región.

Desde diferentes sectores culturales como el musical, el artístico y el gastronómico se apuesta por la promoción, la preservación y la recuperación de la identidad de la región de los Llanos Orientales. Pese a que las costumbres han cambiado, los esfuerzos se concentran en que las nuevas generaciones se apropien de las tradiciones que se resisten a desaparecer.

Para el ‘Cachi’ Ortegón, gestor cultural, investigador del folclor llanero y compositor, la identidad llanera siempre ha estado arraigada al territorio, al paisaje, a los ríos, a la poesía y a la música. “Estamos en un momento de cambios. Ahora se cultiva arroz, palma, se compone de manera diferente, nos comunicamos de otra manera. Hay una nueva generación de músicos, de copleros, de nuevos géneros y las mujeres tienen más presencia en la industria. Es importante impulsar procesos que hagan que no perdamos nuestras raíces ni nuestra identidad”.

Precisamente una de las iniciativas que busca fortalecer esa identidad llanera en las nuevas generaciones es Sembrando Joropo, un proyecto creado por empresas petroleras y la ONG La Fundación, que a través de la música, el canto, la danza y la comprensión sociocultural fomenta las capacidades artísticas en niños y jóvenes del piedemonte casanareño. Participan estudiantes desde preescolar hasta bachillerato en los municipios de Tauramena, Yopal, Cusiana, Chaparral, Agua Blanca, entre otros.

En la región de la Orinoquía colombiana se vive un momento de cambio. Se están cultivando otros productos, hay una nueva generación de músicos y las mujeres tienen más presencia en la escena cultural.
En la región de la Orinoquía colombiana se vive un momento de cambio. Se están cultivando otros productos, hay una nueva generación de músicos y las mujeres tienen más presencia en la escena cultural. - Foto: Archivo Semana

“Los niños del piedemonte o del pueblo no saben lo mismo que los niños de la sabana. El llanero que se va a vivir al pueblo deja un espacio en el campo, por eso muchas veces ni siquiera sus padres tienen conocimiento sobre las tradiciones o sobre sus raíces culturales”, advierte Ortegón.

Por eso desde el Instituto de Cultura y Turismo de Yopal se generan espacios que permiten rescatar las costumbres y tradiciones llaneras como los cantos y vaquería, el trabajo llanero, los bailes tradicionales y los instrumentos típicos (la bandola, el arpa, el cuatro y las maracas). “Lo que queremos hacer con los niños y jóvenes, especialmente con los que viven en zonas urbanas, es que puedan identificar, reconocer y apropiarse de las tradiciones de su región. La identidad nos hace únicos… es como el apellido que cada uno tiene”, explica César Barragán, músico e integrante del sistema de Información Cultural del Instituto.

“Del aula de clase al fundo llanero” es uno de los proyectos que lidera el Instituto. Está dirigido a niños y adolescentes entre los 8 y los 15 años, quienes aprenden sobre los animales típicos de la Orinoquía y prácticas tradicionales como el ordeño, la vaquería y ensillar los caballos. Jhon Moreno, investigador y asesor de patrimonio para el departamento del Meta, agrega que “si no hay transmisión intergeneracional, no hay nada. No hay patrimonio y no hay tradición. Lo que estamos haciendo es defender la diversidad cultural porque hay nuevas manifestaciones para expresar la identidad llanera, que también son válidas”.

Gestores culturales, artistas e investigadores de la región buscan defender la diversidad cultural, pues han aparecido nuevas manifestaciones para expresar la identidad llanera, que también son válidas.
Gestores culturales, artistas e investigadores de la región buscan defender la diversidad cultural, pues han aparecido nuevas manifestaciones para expresar la identidad llanera, que también son válidas. - Foto: Archivo Semana

La gastronomía es otro de los componentes importantes de la identidad llanera. Uno de los embajadores de la cultura gastronómica de la región es el cocinero Yulián Téllez, quien nació en Guamal, Meta, y se ha dedicado a rescatar los productos típicos de la Orinoquía. “Es fundamental que las futuras generaciones conozcan nuestras raíces. Si no transmitimos el conocimiento, se pierde muy fácilmente. Vale la pena que nuestros hijos sepan cuáles eran los platos típicos de sus antepasados. Yo quiero que cuando mi hija crezca pueda sentir orgullo por sus raíces gastronómicas”.

La mamona, la carne a la perra, el pescado moqueado, el capón de ahuyama, el amasijo y el pan de arroz, y bebidas como el guarapo y el masato forman parte de estas raíces de las que habla Téllez. “Creemos que son solo los abuelos y los mayores los que transmiten la historia y la cultura, pero desde casa todos podemos ser portadores de tradiciones”, reflexiona. Tal vez por eso le ha puesto tanto empeño a rescatar productos y sabores locales.

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