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El salario mínimo que regirá en Venezuela para 2022: equivalencia en pesos colombianos

El ingreso no alcanza para comprar dos libras de carne en el país vecino.


Las principales razones por las que huyen los venezolanos de su país son la hiperinflación y los bajos sueldos que ha profundizado la crisis social y económica desde el año 2017. El poder adquisitivo del ciudadano común se ha desplomado, ya que el monto mensual fijado por el régimen de Nicolás Maduro no les alcanza a los trabajadores de instituciones públicas ni para comprar dos libras de carne.

A pesar de que en mayo pasado el mandatario chavista aumentó en un 300 % el sueldo mínimo en Venezuela, esta cantidad se vuelve sal y agua en el bolsillo de los venezolanos, quienes comenzarán el año 2022 con salarios de miseria, que equivalen a poco más de 10.000 pesos colombianos al mes.

Venezuela tiene uno de los salarios mínimos más bajos de la región y uno de los más precarios del mundo. El monto fijado en 2,5 dólares al mes evidencia la crisis que viven los venezolanos desde hace años y contrasta con la inflación acumulada en ese país que ya registra más del 600 % en 2021.

“Entra en vigencia un incremento del salario mínimo a 7 millones de bolívares”, equivalentes a 2,5 dólares, informó el ministro del Trabajo, Eduardo Piñate el 1.° de mayo.

El salario, que aumentó 288,8 % respecto al vigente de 1,8 millones, se complementa con un bono de alimentación de “3 millones de bolívares, para llegar a un “ingreso mínimo de 10 millones de bolívares”.

Según indicó la agencia de noticias DW en Español, el monto sigue siendo insuficiente para recuperar con ello el poder adquisitivo de los venezolanos, que sufren la peor crisis en la historia moderna de su país. Los 10 millones se quedan cortos para comprar un kilo de carne, de 3,75 dólares, en una economía dolarizada, que transita su cuarto año de hiperinflación y octavo en recesión.

Una cubeta de 30 huevos, por ejemplo, vale 11 millones de bolívares, lo mismo que un kilo de queso, por encima del ingreso mínimo.

En Venezuela, los precios han aumentado dieciséis millardos por ciento (16.800.239.776 %) desde noviembre de 2017, y treinta y siete millones por ciento (37.699.882 %) desde la última reconversión monetaria en el año 2018, según cifras de la firma encuestadora Ecoanalítica.

Esta última reconversión disminuirá el poder adquisitivo, según explicó a SEMANA el economista y docente universitario Aarón Olmos, ya que el Banco Central de Venezuela no usa los céntimos, lo que obliga a redondear hacia arriba los precios de los productos.

La reconversión no es una medida para abatir la inflación, es un cambio en términos nominales de los precios.
“El Bolívar digital está basado en una moneda débil, afectada por una inflación acelerada", explican economistas venezolanos. - Foto: Mario Franco

Por tercera vez en 13 años, Venezuela hace una reconversión monetaria. En total, le ha quitado 14 ceros al bolívar. La más reciente reconversión entró en vigencia el pasado 1.° de octubre, y busca disminuir los fajos de billetes que se necesitan para comprar, por ejemplo, un plátano en una plaza de mercado.

Muy al contrario de generar confianza –explican expertos– esta situación consolida el uso de las transacciones en línea, no con el ‘bolívar digital’, como propone el oficialismo, sino con el dólar americano mediante aplicaciones ya muy populares allá como Zelle o Paypal.

Según el economista y docente universitario Aarón Olmos, ninguna reconversión o cambio de moneda está pensada a nivel de su aplicación en incrementar la inflación, más bien todo lo contrario. “Sin embargo, los agentes económicos en los mercados podrían desconfiar por incertidumbre, y esto haría que tomen los bolívares que tienen en sus manos y los cambien a dólares”, tal y como viene sucediendo a raíz de la hiperinflación.

Cuando no hay céntimos para los redondeos, generalmente los precios se llevan al número superior siguiente; es decir, si algo cuesta 8,45, lo llevan a nueve o quizás a diez”, afirma Olmos, a la vez que advierte que lo más probable es que se generen ajustes de precios. “No es el deber ser, pero pudiera ocurrir”, dice.