salud mental

Nuestro cerebro está cambiando a causa del confinamiento, aseguran los expertos

¿No puede dar con la palabra precisa? ¿Se le olvidan las cosas más de lo normal? ¿Se le hace más difícil concentrarse? Puede ser por efecto del aislamiento por la pandemia.


El doctor David Eagleman enseña acerca de la plasticidad del cerebro en Stanford University y cree que pasar nuestras vidas básicamente en línea durante casi un año ha transformado el modo en que funciona este importante órgano del cuerpo humano.

Eagleman recuerda que el cerebro cuenta con 86.000 millones de neuronas, cada una de las cuales tiene 10.000 conexiones con sus vecinas. En otras palabras, explica, todo el tiempo está reconfigurando sus circuitos, para responder a nuevos desafíos.

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El trabajo en casa y el aislamiento social que ha impuesto la pandemia de la covid-19, explica el experto, han producido muchos más cambios en el cerebro en el último año que los que se dan en el mismo periodo de tiempo en condiciones normales.

Como se lo explicó a The Times, de Londres, “una vez que se alcanza la edad madura, el cerebro no se modifica mucho en doce meses. Cada quien sabe cómo funciona el mundo, así que piensa mucho menos. Pero, en el último año, todo el mundo se ha visto afectado por el estrés, la ansiedad y la depresión y al cerebro le ha tocado forzarnos a adoptar caminos muy distintos a los que estábamos acostumbrados”.

Las frecuentes reuniones por Zoom favorecen la falta de concentración y no ofrecen la interacción social que el cerebro necesita para el pleno desarrollo de sus habilidades.
Las frecuentes reuniones por videollamada favorecen la falta de concentración y no ofrecen la interacción social que el cerebro necesita para el pleno desarrollo de sus habilidades. - Foto: Getty Images

Esta situación, necesariamente, ha implicado efectos como los siguientes, de acuerdo con Eagleman y otros especialistas citados en un reciente informe del diario británico:

Seguimos olvidando cosas

Para la experta en memoria Catherine Loveday, de la University of Westminster, en Londres, ello se debe a que ahora llevamos vidas más monótonas, aburridas y saturadas por las pantallas.

Cuando hacemos lo mismo siempre, asegura la doctora, el cerebro no se preocupa por codificar cada elemento como nuevo, sino que, sencillamente, dice: “ah, esto es otro de esos, no te molestes”, incluso si estamos haciendo algo importante.

Así mismo, recuerda que este organo necesita ambientes distintos y espacio físico para marchar correctamente.

Con las nuevas condiciones, son muchos los que están llevando a cabo las mismas actividades y conversaciones con sus familiares, en los mismos espacios de siempre. Y las pantallas del computador o el teléfono no ayudan mucho, pues empobrecen los niveles de entradas sensoriales con las que lidiar.

La experta asegura que no se trata de algo fácil de remediar, pero recomienda intentar emprender actividades diversas y hablar sobre ellas con los demás, para ayudar a la memoria a codificarlas. De igual modo, aconseja cambiar de habitación mientras se trabaja o caminar mientras se asiste a reuniones virtuales.

El cerebro se está volviendo más agudo

Puede sonar contradictorio en relación con lo anterior, pero Eagleman aclara que si bien ahora la memoria nos está fallando más, también es cierto que este órgano se está viendo obligado a retomar sus conexiones para responder a nuevos retos, lo cual resulta benéfico, dado que, al parecer, provee de protección cognitiva, que es una de las mejores formas de evitar la demencia.

“Lo que ha pasado este año nos ha hecho ver las cosas desde un ángulo diferente”, concluye el doctor Eagelman.

Nos está costando más trabajar hilar una frase con otra

Es posible que a menudo le pase, últimamente, que no puede pronunciar una palabra que tiene en la punta de la lengua.

La doctora Loveday advierte que no es que se esté envejeciendo antes de tiempo, como muchos pueden creer, sino que la parte que se ocupa de la memoria, el hipocampo, no está siendo lo suficientemente motivada.

Por lo tanto, no estamos completamente alerta y eso afecta el dar con las frases adecuadas, que es la primera función cognitiva basada en la memoria. “Simplemente, esta aptitud desaparece si no estamos en buena forma”, remata.

El estrés y la falta de concentración también afectan dicha habilidad. Teniendo en cuenta que nuestra capacidad de memoria en acción es limitada, si estas dos condiciones le quitan espacio, no habrá mucho qué hacer.

Hoy el uso de mensajes electrónicos y las charlas por WhatsApp se ha incrementado, así que vale la pena preguntarse si ello está limitando las destrezas de lenguaje.

“Es posible”, conjetura la doctora, “que la falta de interacción social no le esté permitiendo a nuestro sistema de memoria activarse normalmente. Los juegos de palabras serían una buena opción para mejorar la capacidad verbal, recomienda.

Los expertos recomiendan hacer actividades diferentes y hablar de ellas con los demás, para que el cerebro se motive a codificar nueva información.
Los expertos recomiendan hacer actividades diferentes y hablar de ellas con los demás, para que el cerebro se motive a codificar nueva información. - Foto: Getty Images

Un poco de cotorreo no le viene mal al cerebro

Esas charlas sobre trivialidades en la cafetería o los pasillos liberan al cerebro de las presiones de la labor, expone Loveday, pero además son otra buena estrategia para mantener el buen funcionamiento de la memoria.

Para explicarlo mejor da un ejemplo: “Si usted le dice a un compañero que le recuerde comprar leche de camino a casa, él probablemente no lo hará, pero el hecho de que usted lo haya expresado es un paso que lo pone más cerca de hacerlo”.

Ahora, a las charlas por Zoom les hace falta ese elemento de parloteo ligero sobre cosas simples de la vida, concluye.

Para retomar la costumbre, la experta sugiere anotar tres cosas que hayan pasado en el día y contárselas a la familia o a los amigos, o escribirlas en un diario.

Nos cuesta más trabajo poner atención

Larry Rosen, profesor emérito de la California State University, es un investigador sobre la relación entre el uso de la tecnología y el declive de los niveles de atención. Su conclusión más reciente es que estos últimos se han reducido debido a las imposiciones del distanciamiento social.

Antes del estallido de la pandemia, podíamos sostener la atención en una cosa durante tres a seis minutos, un rango que debe haber bajado mucho más, debido a un mayor uso de los teléfonos inteligentes y de las redes sociales, considera Rosen.

Con el trabajo en casa, no hay nadie vigilando que un empleado esté concentrado en sus labores, mientras que en las reuniones por internet es posible chatear y ver qué hay de nuevo en Instagram o Facebook.

Para incrementar la atención, Rosen aconseja imponerse lapsos de quince minutos sin mirar el teléfono, que debe estar en modo de silencio, sin vibrador y con la pantalla hacia abajo, para concentrarse en una sola tarea. Luego, dedicarle dos minutos a revisar las redes sociales, otros quince a la labor y así sucesivamente. La meta debería ser incrementar el tiempo de trabajo sin ocuparse del aparato hasta alcanzar la media hora.