Los habitantes de Cartagena nunca habían visto algo como lo que ocurrió el miércoles 14 de septiembre en el sector de Bocagrande, uno de los más exclusivos de la ciudad. A las 8:30 de la mañana una intensa balacera se desató en uno de los edificios de la zona. Lo que pasó parecía sacado de una película de Hollywood.Varios policías con pistolas se enfrentaron a hombres vestidos con uniformes del Inpec, quienes les disparaban con fusiles. Desde los edificios cercanos los curiosos se asomaban para tratar de ver qué ocurría. En varios videos caseros quedó captada la imagen de un hombre que colgaba de una cornisa en el piso 15 del edificio Galeón, ubicado frente a la Escuela Naval.El aferrado a la cornisa era un escolta de Jhon Jairo Jiménez, alias Pichi, un narcotraficante del llamado Clan del Golfo, conocidos antes como los Urabeños. El hombre vio en esa opción desesperada la única posibilidad para salvar su vida del atentado contra su jefe. Hacia las ocho de la mañana, tres hombres y una mujer con uniformes y carnets del Inpec llegaron hasta el edificio y subieron al apartamento en donde el capo vivía desde abril, gracias al beneficio de casa por cárcel otorgado por un juez. El portero del lugar notó algo extraño, ya que no se trataba de los mismos guardianes que usualmente acudían a verificar que Pichi estuviera en su sitio de reclusión. Por eso llamó a la Policía.Los falsos guardianes alcanzaron a llegar hasta la puerta del apartamento del capo, e intentaron abrirse paso a tiros. Pero la puerta era blindada, y al notar la presencia de la Policía tuvieron que abortar el plan y salir el edificio. En el intercambio dos de los delincuentes quedaron heridos en la entrada del sitio. Uno más, con fusil en mano, se apoderó de un taxi y emprendió la fuga, pero los policías lo capturaron unas cuadras más adelante. Una mujer de la banda alcanzó a cambiarse de ropa y logró escapar.Para las autoridades es claro que los falsos guardianes hacían parte de una compleja operación para asesinar a Pichi, comenzada una semana antes, cuando una mujer alquiló un apartamento vecino para observar los movimientos del narco. Pero aunque todo se frustró por la oportuna reacción de la Policía, más allá del cruce de disparos, que paralizó al sector por tres horas, el episodio dejó al descubierto otros graves hechos.Pichi es un narco de alto perfil que fue capturado el 3 de junio de 2015 en la Operación Agamenón, junto con 42 lugartenientes. Estaba señalado de narcotráfico y sindicado con su grupo de al menos 21 homicidios. Inexplicablemente ocho meses después le concedieron el beneficio de prisión domiciliaria en una de las mejores zonas de la Heroica.No es fácil entender cómo un capo de su importancia logró esa prebenda, pero lo más sorprendente es que no se trata de un caso aislado. En Cartagena, que tiene aproximadamente un millón de habitantes, más de 800 personas cuentan con el beneficio de casa por cárcel. La cifra sin duda es impactante y las consecuencias sobre la seguridad se han sentido. Solo en lo que va de este año las autoridades han descubierto y arrestado 35 de esos ‘detenidos’, cuando se encontraban cometiendo delitos por fuera de los lugares asignados. Varios de ellos están relacionados directamente con el narcotráfico y son delincuentes peligrosos de alto perfil a quienes las autoridades relacionan con el auge de la mafia reflejado en las 16 toneladas de cocaína decomisadas en 2016 en la ciudad.Ese miércoles de terror en Bocagrande por fortuna no terminó en una tragedia. No obstante, los cartageneros y las autoridades temen que la insólita cifra de casi un millar de delincuentes con casa por cárcel sea una bomba de tiempo para la Ciudad Amurallada.