Los colombianos más jóvenes tal vez nunca habían oído hablar de Carlos Pinzón Moncaleano, pero los más grandes, aquellos que crecieron con programas como El precio es correcto o El Club de la Televisión, o quienes pasaron varias horas de su vida escuchando rock n‘roll en emisoras como Mil 20 o Radio 15, saben que se trata de uno de los hombres más importantes en la historia de la radio y la televisión en Colombia.   Su aporte más grande, tal vez, fue haber traído la Teletón al país. El formato, creado por Don Francisco en Chile, consistía en 27 horas ininterrumpidas de programación, destinadas a recoger dinero para ayudar a las personas en condición de discapacidad.

Cuando Pinzón le apostó a aplicar el mismo formato en Colombia, en los años ochenta, ya era reconocido por sus labores sociales, por lo que su versión de la Teletón fue un éxito. Entre el 5 y el 6 de diciembre de 1980, los colombianos recaudaron más de 102 millones de pesos, cuando la meta propuesta era de 50 millones. Con esa plata se construyó una clínica de atención especial en Chía.  Por eso hoy el país está de luto. Pinzón falleció este jueves, a sus 92 años, en su apartamento de Bogotá. Había nacido en Choachí  el 24 de octubre de 1927. Venía de una familia de médicos, incluyendo a su papá, el reconocido doctor Carlos Pinzón Sánchez, quien también era poeta. Pero él decidió no seguir ese legado y se metió en el mundo de la locución radial.  Su primer trabajo, sin embargo, fue como apuntador (quien ayuda a los actores que olvidan su parlamento) en una compañía teatral en Tunja, Boyacá. Allá tuvo su primera experiencia frente al público, pues cuando alguno de los actores faltaba, él tenía que subir al escenario a reemplazarlo. En 1948 comenzó su carrera en la locución y pasó por pequeñas emisoras de Tunja, Girardot e Ibagué.

En 1953 se unió a Emisoras Nuevo Mundo, hoy Caracol Radio, y allí pasó a las grandes ligas de su oficio. Muchos jóvenes de la época lo recuerdan porque fue de los primeros que puso éxitos del rock n’roll en las emisoras colombianas, en una época en la que allí solo se escuchaban boleros, música clásica y canciones tradicionales del interior del país.  De allí saltó a la televisión, justo cuando estaba llegando a Colombia por iniciativa de su amigo Fernando Gómez Agudelo. Entró a RTI y presentó programas como El precio es correcto (la primera versión que se presentó en Colombia) y Domingos circulares, una franja de programación que duraba toda la tarde de ese día de la semana. Aunque no siguió la carrera de médico de su papá, sí heredó su vocación de ayudar a los demás. Y lo hizo a través de un programa llamado El club de la televisión, en donde se presentaban artistas nacionales e internacionales, hacía entrevistas y adelantaba campañas de servicio social. Una vez, según solía contar, al inicio de la presentación anunciaron la desaparición de un niño y antes de que terminará el programa, este apareció. 

Su trabajo con las personas en condición de discapacidad comenzó terminando la década de los setenta. Ese episodio lo contó a la revista SOHO: “Un día, un grupo de minusválidos se presentó en nuestras oficinas con la idea de que les ayudáramos a crear ligas para deportistas discapacitados. Nosotros hicimos la campaña y en cierto viaje a Brasil, acompañando a una de estas selecciones, la atleta chilena Silvia Cevallos me habló de la Teletón en Chile”. Su versión de la Teletón en Colombia duró 15 años (entre 1980 y 1995) y gracias a ella la clínica de Chía, con el mismo nombre, se convirtió en un símbolo latinoamericano. En esa época recibió cientos de reconocimientos, como el premio India Catalina a toda una vida, la Cruz de Boyacá, la orden Murillo Toro y el premio a las glorias de la televisión. Luego de esa experiencia, Pinzón se retiró de la televisión. Durante un tiempo más hizo radio con su programa La música entre amigos y realizó varias ediciones más del festival de música clásica que creó en Zipacón, donde tenía la Cabaña Beethoven, una finca bautizada así en homenaje al compositor, de quien fue auténtico fanático. Allí en Zipacón también creó el Museo del Disco. Carlos Pinzón pasó sus últimos años entre Bogotá, Silvania y Choachí, alejado de los medios. Sin embargo, su huella en la televisión siguió viva y, ahora que falleció, seguramente será eterna.  *: En una primera versión de este artículo habíamos escrito que Pinzón murió en su casa de Choachí. Esa información era erronea y la corregimos.