Barcos de pesca, portacontenedores, navíos de guerra y suntuosos cruceros son algunas de las embarcaciones que a diario movilizan, de puerto en puerto, gran parte de la economía global. El 90 por ciento del comercio mundial se transporta por mar. Así mismo, en 2017, con 25,8 millones de pasajeros, se rompió el récord mundial de asistencia en cruceros. El papel de la industria marítima y fluvial en el desarrollo socioeconómico internacional es clave, por eso el sector no para de reinventarse y busca ir a la par de las exigencias de un mercado altamente competitivo. Colombia, por su parte, quiere figurar en este panorama y tiene una participación estratégica en la región. Además de contar con una gran riqueza fluvial estimada en 15.000 kilómetros de ríos navegables, el 45 por ciento de su territorio es mar (28,5 por ciento en el Caribe y 16,5 en el Pacífico). Es el único país suramericano con costas sobre dos océanos, lo cual permite la circulación de las principales rutas marítimas (750 puertos en 150 países) necesarias para el intercambio comercial especializado, la exploración offshore y el turismo de cruceros, entre otras ventajas. Durante tres años consecutivos Colombia ha logrado el índice de conectividad marítima más alto de América del Sur de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad, por su sigla en inglés). Sin embargo, aunque la ubicación representa una gran cualidad, la relevancia de nuestra industria marítima en la región se encuentra en el desarrollo portuario, y del sector astillero; en la apuesta por un sector tecnificado y eficiente en infraestructura y capital humano, que además exporta y cuenta con el apoyo estatal para la facilidad de producción. De acuerdo con la Agencia Nacional de Infraestructura, en el país hay 60 puertos concesionados en ocho zonas portuarias: Cartagena (29), Buenaventura (9), Santa Marta y Ciénaga (6), Golfo de Morrosquillo (5), Tumaco (4), Urabá (3) y San Andrés (1). La mayoría de estas terminales pueden atender buques de hasta 14.000 contenedores que son considerados los más grandes del mundo; en promedio tienen un ancho de 370 metros y una altura de 70 metros, equiparable a la de un edificio de 25 pisos. Industria que emerge A propósito de los inmensos buques, producirlos es una labor compleja y minuciosa en la que Colombia ha empezado a destacarse dentro de la cadena de valor: diseño, construcción y mantenimiento de diferentes embarcaciones. Hace más de 20 años la Nación tenía que mandar a reparar sus barcos en astilleros de otros países. El nacional Conastil no podía suplir las necesidades y en 1994 naufragó. A partir de 2000, con la restauración de un nuevo astillero preparado para fortalecer a la Armada Nacional y fomentar la investigación, la industria zarpó. Hoy cuenta con 33 astilleros y 17 talleres navales consolidados en las costas Caribe y Pacífica; y en Antioquia y Bogotá. Los astilleros han cobrado tanto valor para el país que el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo los incluyó en la categoría de ‘industrias del movimiento’. Un renglón priorizado debido a su impacto en la producción: jalona 14 sectores como el metalmecánico, eléctrico, ferretero, petroquímico y el de las tecnologías de la información y comunicaciones. Camilo Fernández de Soto, gerente del Programa de Transformación Productiva (PTP), lo explica muy bien: “Entre las metas del plan de negocios está duplicar el número de empleos generados por esta industria en los próximos diez años, al pasar de 10.000 a 20.000 entre directos e indirectos, y alcanzar una facturación de 1.500 millones de dólares a 2027, con unas exportaciones de 500 millones de dólares”. El PTP fue creado hace diez años por el Ministerio de Comercio para promover la competitividad en la industria. Con los astilleros, el PTP y sus aliados adelantan diversos proyectos incluso regionales, como el de brindar acompañamiento a empresas de metalmecánica del departamento de Caldas para que se conviertan en proveedoras de calidad para el sector. También sobresalen iniciativas como Proastilleros, que les permite a los astilleros locales importar 395 bienes sin arancel para su producción y les genera un ahorro de hasta 400.000 millones de pesos. La industria avanza a buen puerto.