El expresidente Juan Manuel Santos sorprendió a más de uno la semana pasada. Aunque desde que dejó el poder prometió no meterse en política, y lo ha cumplido, pasó de no meterse a decir que hay que rodear y respaldar a Iván Duque en estos momentos de crisis, lo cual es un salto grande.

Por supuesto, no se trata de que Santos apoye la agenda de gobierno de un presidente elegido por el Centro Democrático. Más bien del efecto de unidad nacional que ha desatado el coronavirus en todos los sectores. En una carta firmada también por los expresidentes Fernando Henrique Cardoso (Brasil), Ricardo Lagos (Chile) y Ernesto Zedillo (México), el exmandatario colombiano, varios académicos y expertos económicos proponen una serie de acciones para enfrentar la pandemia en la región. La carta habla de medidas serias, responsables y necesarias, pero lo cierto es que, más allá del buen gesto y del contenido, hay que registrar el hecho político. Mucho de lo allí escrito posiblemente ya lo contemplaron el Gobierno y sus asesores. Medidas como buscar mecanismos para que las ayudas del Estado lleguen a la población vulnerable de manera efectiva, evitar a toda costa que se desborde el desempleo o proteger a las pequeñas y medianas empresas son temas estructurales que están en la lista de prioridades de los presidentes. Lo mismo ocurre con las ideas de monitorear la experiencia de otros países para definir si pasar a un “aislamiento inteligente”, fortalecer la posición de las naciones latinoamericanas en los organismos multilaterales o con las varias sugerencias macroeconómicas para enfrentar la crisis consagradas en la carta.

Pero sí llamó la atención la actitud de Juan Manuel Santos en la ronda de entrevistas que dio para explicar el contenido del documento. El expresidente no solamente fue muy cuidadoso en no emitir juicio de valor sobre el desempeño de Iván Duque. También afirmó que, en caso de que así lo requiera, está “a entera disposición” para ayudar al Gobierno en todo lo que pueda. “En estas circunstancias lo que hay que hacer es rodear a las autoridades, al Gobierno y cuando me necesite, ahí me tendrá. Son situaciones en donde uno tiene que hacer caso omiso a cualquier diferencia política o conceptual. Ahí me tienen como un soldado más, rodeando la bandera”, afirmó el expresidente. Su voz de solidaridad y espíritu de unidad llamaron la atención. Hay que recordar que el Centro Democrático, hoy partido de Gobierno, nació con el propósito principal de oponerse a todo lo que tuviera que ver con Juan Manuel Santos. De hecho, para llegar al poder, ese partido asumió entre sus principales banderas la de criticar hasta el cansancio al gobierno del entonces presidente Santos. Le entregó el país a las Farc, compró las elecciones, castrochavista, enmermelado, traidor, y un largo etcétera de agravios se volvieron entonces pan de cada día de la política en Colombia. Tal vez Santos recibió tanto palo de su antecesor, Álvaro Uribe, que para mostrar un contraste de lo que debe ser un expresidente decidió marginarse de la vida política.

La mano tendida del antecesor de Duque con el Gobierno de uno de sus más fuertes contradictores tuvo toda suerte de interpretaciones. Seguramente para muchos uribistas se trata de un acto de oportunismo político para mostrarse solidario y aumentar su popularidad. Otros, más radicales, creen que es un regalo envenenado, pues, para los furibistas, que el Gobierno reciba el apoyo de Santos rebosaría la copa de las tensiones entre Iván Duque, Uribe y su partido. Esas dos visiones quizá están ancladas en un país polarizado y maniqueo que ya cambió ante la magnitud de la crisis. Lo cierto es que a Juan Manuel Santos, desde que se retiró de la Casa de Nariño, lo único que le interesa es su puesto en la historia. Su estrategia ha sido, como lo hacen los expresidentes de Estados Unidos, que su ausencia y su legado produzcan su reivindicación. Así las cosas, Santos seguirá en el mismo tono y no entrará en controversias con el actual Gobierno. Por ahora los colombianos solo verán de él las fotos con sus nietos en Instagram, videos de él cogiendo taxi en Nueva York, montando en bicicleta o en conferencias internacionales.