Por Cristina Castro* El heroísmo de los médicos es talvez la cara más extraordinaria que ha tenido la crisis del coronavirus en el mundo entero. En todos los países el personal de salud ha trabajado sin descanso y en medio de muchas adversidades para poder contener esta emergencia. Pero sobre lo que sienten los profesionales de la salud poco se habla. Escuche a Diana en este podcast de SEMANA  Escucha"Médica colombiana en Francia contagiada por el coronavirus" en Spreaker. SEMANA entrevistó de manera extensa a Diana, una médica colombiana en París que se contagió del virus. Experta en este tipo de crisis, Diana ha estado en siete países del mundo en situaciones humanitarias difíciles y en el trabajo contra otras epidemias. En Colombia laboró en zona roja, pero también ha estado en República Centroafricana,  Libia,  Haití, Irak, la República Democrática del Congo, Yemen y Bangladesh.

Los médicos chinos son hoy los héroes de esta nación que comienza a superar la epidemia. En esta oportunidad, el coronavirus le tocó, pero en calidad de paciente. Después de contraer la enfermedad ha estado aislada y lejos de las clínicas. En esta charla, se refiere a la importancia del equipo médico en estas crisis, a los problemas que enfrentará Colombia por la ausencia de camas y respiradores, al doloroso dilema ético de decidir quién vive y quién muere y la necesidad que tienen los médicos de protegerse ante tanto sufrimiento.  SEMANA: En esta oportunidad, usted está del otro lado de una situación difícil. En vez de estar atendiendo pacientes, hoy es uno de ellos. ¿Cómo cree que se contagió? Diana: La verdad no lo sé. No fue en un hospital, porque en este momento soy estudiante en Francia. Pudo ser en la universidad, en el bus, en cualquier parte.

Los médicos han sido la voz más efectiva para pedirle a las personas que se queden en casa.  SEMANA: ¿Cuál fue la señal de alerta del virus para usted? Diana: Comencé a tener dificultad para respirar, fiebre, tos. Muchísimo malestar general y cansancio, pero un cansancio que me hacía dormir 15 horas al día y aún así, necesitaba siesta después. El cuerpo me pesaba. Cuando me vio, mi médico me dijo: “Eres un caso sospechoso, te vas para tu casa, te aislas. Pero no te puedo hacer la prueba porque no hay suficientes”. Y eso es algo que los colombianos deberán entender. No hay pruebas para todo el mundo, si uno tiene los síntomas pero no está grave, la única medida es aislarse. Hay que dejar las pruebas para quienes las necesitan.

Ante la ausencia de pruebas, Diana asegura que si tiene los síntomas, pero no está grave, lo mejor es aislarse completamente y dejar que las pruebas sean usadas en personas más graves.  SEMANA: ¿Qué hay que hacer si uno se contagia? Diana: Cuando no hay síntomas o los síntomas son leves, no hay necesidad de ningún medicamento o antibiótico en especial, sencillamente acetaminofén, reposo, seguir comiendo bien. Más del 80 por ciento de las personas no necesitan ningún tratamiento ni consultar. Paciencia y quedarse en la casa. Quiero aclarar que yo consulté porque tuve dificultad para respirar porque tengo asma de base, pero si no, no hubiese consultado pues hay que pensar en no sobrecargar el sistema.

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Los médicos deben protegerse para evitar contraer el virus. Además de trajes, mascarillas y guantes, muchos han decidido no volver a visitar a sus padres para no ponerlos en riesgo SEMANA: ¿Qué tan doloroso es tener el virus? Diana: Yo tuve dengue y diría que es igual en cuanto al dolor de cuerpo, de cabeza, de articulaciones, músculos. Los demás síntomas ya son diferentes. "El miedo es que si contagias a alguien con factores de riesgo, le puedes hacer un daño enorme u ocasionarle la muerte" SEMANA: ¿Qué tanto miedo da esa situación?  Diana: Si no hay complicaciones que impidan respirar, no hay que tener miedo. Pero quiero ser clara en algo. El miedo es contagiar a los demás. Mi preocupación, al comienzo, era más por la gente que podría haber contagiado mientras no estuve aislada. El miedo es que si contagias a alguien con factores de riesgo, le puedes hacer un daño enorme u ocasionarle la muerte. No es un juego. Si se sienten mal, hay que aislarse lo recomendado por los médicos que es aproximadamente 20 días.

SEMANA: Usted ha sido parte de misiones médicas en otros países. ¿En dónde ha estado? Diana: He estado en varios países, cada uno con sus historias y sus dificultades. Empecé en 2014 y he estado en siete lugares: República Centroafricana, en Libia, en Haití, en Irak, en la República Democrática del Congo, en Yemen y en Bangladesh.

Diana trabajó en Yemen con una organización internacional de médicos.  SEMANA: ¿Alguna situación de lo que vivió en esos países se podría decir que es parecida a la crisis que ha generado el coronavirus? Diana: Las epidemias no son iguales, pero viví algo similar en el Congo. Estuve ahí porque hubo una epidemia de sarampión, que también es una enfermedad que se transmite por las vías respiratorias y de humano a humano. Es mucho más contagiosa, de hecho, que el coronavirus. Pero es diferente porque es un virus que ya conocemos hace muchos años. Entonces era más fácil de combatir, se sabía cuál era el manejo, algo que a hoy no está claro y que estamos descubriendo sobre la marcha con esta pandemia. Pero tampoco era fácil. Muchos niños morían y trabajabamos en lugares muy inhóspitos, en la mitad de la nada. Vacunábamos masivamente para prevenir, pero obviamente había pacientes muy graves o que llegaban muy tarde. No teníamos los suficientes medios y entonces ahí comienzan los dilemas más duros que puede vivir un médico. ¿A quién salvar?

SEMANA: Es quizás el mayor drama del cuerpo médico en estos tiempos. Diana: Es realmente díficil y triste. Como médico hay momentos en que toca tomar la decisión de no intentar más reanimar a alguien porque llevas 20 o 30 minutos y esos materiales y personal los necesita a su vez otra persona con tal vez más probabilidades. En Europa ningún médico está acostumbrado eso. Este continente no vivía una situación similar desde la Segunda Guerra Mundial. Entonces tener que escoger entre un paciente u otro genera zozobra. Hoy, en estos países, el que tiene mejor pronóstico, el que tiene más chances de sobrevivir, es al que vas a atender. Ningún médico enfrenta eso sin sentir un revolcón por dentro.

Muchos médicos en Europa han descrito lo que viven como estar en la mitad de una guerra. No hay recursos suficientes para salvarlos a todos. Foto: AP SEMANA: En esta crisis se habla mucho de la importancia de tener respiradores. En una portada que hicimos en SEMANA contamos cómo Colombia tiene apenas 6.000 respiradores para todo el país. ¿Eso qué significa? Diana: Es en verdad muy poco porque somos casi 50 millones de colombianos. El país tendrá una dificultad adicional porque siendo sinceros el sistema de salud ya está muy colapsado. Yo hice rural en Tibú y Villa del Rosario (Norte de Santander) y pasé noches enteras con la angustia de no poder ayudar a quienes se enfermaban por falta de equipos, de medicamentos. Entonces el coronavirus solo llegará a multiplicar las necesidades ya existentes. Se tendrán que frenar intervenciones para otro tipo de enfermedades y sencillamente solo se podrán hacer las cosas más urgentes y las más viables. Los respiradores no solo se necesitan para pacientes con coronavirus. La gente sigue sufriendo por otras dolencias, se sigue accidentando y lamentablemente la mortalidad va a aumentar por estas otras causas también. En Colombia los médicos estamos acostumbrados a eso, a vivir en medio de la presión, a sentir la ausencia de recursos, pero con el coronavirus va a ser incluso más. "El coronavirus solo llegará a multiplicar las necesidades ya existentes" SEMANA: ¿Para qué sirve un respirador? Diana: Un respirador, es como su nombre lo dice, una máquina que te ayuda a respirar cuando no puedes. No puedes porque estás en medio de una cirugía o porque tienes una dificultad respiratoria por cuenta de enfermedades, como el coronavirus por ejemplo. La persona entonces deja respirar sea porque se le induce o porque se está enfermo. Los médicos ponemos un tubo en las vías respiratorias, en la tráquea, y ese tubito se conecta a una máquina que te envía aire a los pulmones, aire de buena calidad y con buena concentración de oxígeno. Es un aparato que respira por ti cuando tú no puedes hacerlo.

La ausencia de respiradores y de camas en unidades de cuidados intensivos han hecho aún más díficil el trabajo de los médicos en Europa. La gente ha salido a aplaudirlos a los balcones. En la foto, una médica agradece a los españoles ese apoyo. Foto: AP SEMANA: En esta emergencia del coronavirus, se habla mucho de las camas en unidades de cuidados intensivos. En esa misma portada contamos que en Colombia no hay más de 60.000. ¿Para qué se necesitan en esta pandemia? Diana:  Ni siquiera en Francia las camas de cuidados intensivos serán suficientes. Ya en España y en Italia tuvieron que levantar hospitales de campaña. No sabemos cómo se va a comportar el virus en Colombia. Tenemos que esperar, pero no podemos esperar con los brazos cruzados. En el norte de Italia abrieron cuidados intensivos, salas de reanimación. Los Estados se tienen que empezar a preparar apoyándose en la experiencia por ejemplo de los militares o de organizaciones médicas internacionales que suelen saber cómo adecuar lugares como hospitales de alta complejidad con rapidez y calidad.

Fuente OMS y Banco Mundial SEMANA: En esas misiones en las que usted estuvo en el mundo, me imagino que vivió momentos muy díficiles. ¿Cómo no quebrarse? Diana:  Yo trabajé en Colombia en lo que llamábamos las zonas rojas. Y siento que los médicos colombianos, por muchas razones, estamos relativamente mejor preparados para enfrentar una emergencia así. Pero nosotros debemos saber que a veces también necesitamos ayuda. Hablar entre nosotros o con profesionales, tener momentos de camaradería. Yo viví situaciones en que dije “yo ya no puedo más con esto, es demasiado”. Estar al lado del paciente, ser cercano, hace que naturalmente uno sufra con ellos.

SEMANA: ¿Cómo hacen los médicos para proteger a sus familias, en esta emergencia?  Diana: Tengo varios amigos en España, en Italia, países que hoy tienen protocolos muy estrictos. La ropa que utilizan en el hospital no se la llevan para la casa. Se tienen todos los elementos de protección individual, que son las gafas, las máscaras, los guantes. Hay duchas en algunos hospitales y la gente se vuelve a bañar cuando llega a la casa. Suena exagerado, pero lo cierto es que no conocemos aún bien hasta dónde va la capacidad de contagio de este virus. Y hay otras medidas. Muchos por ejemplo han dejado de ver a sus papás porque no quieren ponerlos en riesgo.

Los médicos también sufren los estragos emocionales de estar cerca de tanto dolor. Muchos no están preparados para eso, y hasta los más experimentados pueden necesitar ayuda. Foto:AP *Editora General, Revista SEMANA