1. Invertir sí, pero con inteligencia Por primera vez, el gasto de educación en Colombia es más alto que el de defensa. Y esto ha traído 30 billones de pesos a la cartera, con los cuales el gobierno quiere mantener la gratuidad de los colegios oficiales y tenderles una mano a 8 millones de niños. Pero la coyuntura económica actual obliga a ahorrar y esto podría afectar cualquier plan. Colombia todavía necesita ofrecerles más horas en las aulas a quienes no pueden ir a un colegio privado. La jornada única exige construir 51.000 escuelas nuevas. Y la educación superior requiere jugosos subsidios en oferta y demanda para mejorar su nivel. En Colombia, de 1 millón de universitarios, solo siete obtienen un doctorado. En Brasil, lo hacen 70. 2. Educadores formados... y motivados Tras los acalorados debates de los últimos meses, el país ya llegó a un acuerdo sobre cómo evaluar y formar a sus maestros: el Ministerio de Educación introdujo mecanismos para medir y mejorar sus competencias y pronto presentará un programa para incentivarlos: Ser Maestro Pilo Paga. Pero todavía hay desafíos. No hay consenso sobre los contenidos y las estrategias pedagógicas que se usarán para entrenarlos, y la calidad de las instituciones donde reciben sus licencias se mantiene por el piso. Los maestros en Colombia siguen teniendo salarios bajos y esto, junto al estrés, afecta su motivación. 3. Colombia necesita un currículo El país está en deuda de tomar una decisión necesaria para mejorar la calidad de la educación: definir un currículo nacional. Toda nación necesita saber con claridad qué y cómo enseña, y Brasil, Chile, México, Argentina, Perú y Uruguay siempre han tenido directrices. Pero en Colombia solo existen lineamentos respecto al aprendizaje básico en matemáticas y lenguaje. Un buen comienzo podría ser regular el uso de los textos escolares en los colegios oficiales y dotar a las aulas con el material necesario. Junto con Bolivia, Colombia es el único país latinoamericano que no provee esta herramienta. Según los expertos, esto incide directamente en el aprendizaje y el desempeño. 4. La paz se hace en las aulas Tras tres años de diálogos de paz, muchos colombianos saben que no solo en La Habana se construirá la paz. Los expertos están convencidos de que en realidad se hará en los salones de clase. Ejercicios como la Cátedra de Paz serán, sin duda, aportes importantes. Pero la educación debe ir más allá y servir de eje transversal para generar espacios de tolerancia y respeto y para enseñar a los colombianos que la violencia no soluciona conflictos. Un eventual posconflicto traerá también el desafío de formar a los miembros de la guerrilla que decidan resocializarse. Joshua Mitrotti, director de la Agencia Colombia para la Reintegración (ACR), asegura que 75 por ciento de los reinsertados son analfabetos. De los 37.000 que ha acogido hasta hoy, menos de la mitad decidieron terminar bachillerato, y solo 469 se graduaron de la universidad. 5. ¡A aprender inglés! Colombia todavía tiene un largo camino para ser una Nación bilingüe. Solo 50 por ciento de los maestros que enseñan inglés en escuelas públicas tiene un nivel intermedio. Y en cuanto a los estudiantes, solo 6 por ciento logra el nivel básico y 1 por ciento el nivel intermedio, mientras que más de la mitad obtiene los resultados de alguien que nunca se ha acercado a esa lengua. En las instituciones de educación superior, 30 por ciento de los estudiantes tiene el nivel medio; en carreras técnicas y tecnológicas, 12 por ciento, y en el Sena, solo 5 por ciento. La situación es alarmante para la competitividad. Según mediciones recientes, 80 por ciento de las economías más innovadoras del mundo cuentan con niveles altos de inglés. 6. Aulas dignas y útiles En Colombia, según el asesor del Ministerio de Educación, Fernando Rojas, la mayoría de las aulas en los colegios públicos –sobre todo en zonas rurales– se encuentra en mal estado y sus equipos son obsoletos. El gobierno acaba de autorizar la inversión de 4 billones de pesos para construir 30.000 salones, cuyos diseño y dotación no variarán así estén en Bogotá o en un paraje recóndito de la Orinoquia. Pero la pregunta aún sin resolver es cómo construirlos. El estadounidense Frank Locker, autoridad en diseño de infraestructura escolar, sugiere evitar crear más megacolegios que parezcan “cárceles” y dignificar a los estudiantes. El innovador John Kao recomienda primero definir el enfoque de cada escuela antes de construir. Los expertos, además, insisten que hoy un aula debe permitir la creatividad y la colaboración. “Más presupuesto no es suficiente” El pianista, psicólogo y experto mundial en creatividad John Kao explica cómo transformar un salón de clase y hace un balance de las metas educativas de Colombia. Semana: Su modelo de educación es celebrado en el mundo porque permite enseñarles a los niños a ser creativos. ¿Cómo? John Kao: Piense en lo siguiente. Hoy un salón de clase refleja una mentalidad industrial: filas de pupitres, los estudiantes miran hacia delante, el profesor transmite información, ellos la absorben y, al final, hacen un examen. Quien rinde avanza. Esto está bien si lo que buscamos es gente que trabaje mecánicamente en una fábrica. Pero nuestra era, la de la innovación, exige habilidades distintas. Semana: ¿Entonces cómo se ve su salón de clase? J.K.: Los alumnos tienen el control, y el maestro es un guía. Los alumnos deben comunicar, colaborar y desarrollar liderazgo. Y así se obligan a ser creativos, a conocerse a sí mismos, a tomar riesgos e, incluso, a aprender del fracaso. Justo eso es lo que necesitamos en el siglo XXI. No formar gente que encaje en el sistema y que solo sea capaz de memorizar. Más bien personas libres que sepan aplicar capacidades naturales como la creatividad. Semana: Usted lleva 12 años visitando a Colombia como consultor para el gobierno. ¿Qué visión tiene del país? J.K.: Una muy positiva porque ha invertido en innovación como parte de una agenda nacional. Colombia es un maratonista en la carrera de la innovación. Y se encuentra ahora en una parte difícil donde es tentador bajar el ritmo. La responsabilidad de los líderes debe ser la de seguir construyendo, la de empujar más. Semana: ¿Qué hace falta concretamente? J.K.: Si Colombia quiere una agenda de innovación para el sistema educativo, debe asumirlo en serio. Y si quieren que la creatividad y la innovación les ayuden a progresar, piensen: ¿qué es lo que quieren como sociedad? ¿Qué es lo que quieren decir cuando hablan de progreso? Semana: ¿De la veintena de países que asesora con su proyecto Edgemakers hay alguno que sirva de modelo a Colombia? J.K.: Todo país tiene que escribir su propia historia. En la innovación hablamos de ‘problemas malvados’ cuando tratamos un asunto extremadamente complejo. Estos son los asuntos que merecen ser confrontados con la innovación, y yo si fuera colombiano miraría a la innovación misma en este país como un ‘problema malvado’. Semana: Pero todo el mundo habla de Finlandia como el país modelo… J.K.: Justamente Finlandia, el número uno mundial en educación pública, en este momento está reevaluando completamente su sistema de educación pública. Semana: Colombia destina hoy más dinero que nunca a la educación. ¿Es ese el camino? J.K.: Por supuesto. Pero más presupuesto no es suficiente. Hay que saber qué hacer con él. Ustedes quieren construir más escuelas. Muy bien, pero: ¿saben qué tipo de escuela es la que les sirve? Quieren formar mejor a sus maestros, pero ¿saben qué formación es la más adecuada para Colombia? Aquí es donde recomiendo dejar de reaccionar a coyunturas y diseñar un plan para experimentar. Es decir, no construyan por construir, ni formen por formar. Hagan pruebas y encuentren su propia fórmula. Semana: En Colombia no hay currículos escolares. ¿Debería el Estado dictar contenidos? J.K.: Estoy a favor de un cierto grado de estandarización nacional. Un país como Colombia debería ser capaz de llegar a un consenso sobre qué es importante enseñar. Dicho eso, el currículo se vuelve un problema cuando es una camisa de fuerza. Ustedes deberían llevar a cabo un debate público y sincero. Matemáticas, sí. ¿Pero de qué tipo? Ciencias naturales, sí. ¿Pero con qué enfoque? Semana: ¿Cuál es su pronóstico para la educación si esta no se transforma?   J.K.: Ya lo vemos en la actualidad. Hoy 72 por ciento de los jóvenes en Estados Unidos sueña con tener su propio negocio. Y esto es grandioso, pero a la vez me hace pensar que, si no cambian, a los colegios les podría pasar lo del otrora popular alquiler de películas Blockbuster: podrían desaparecer.