Millones de toneladas de gases tóxicos, bombas incendiarias y municiones se descomponen en los mares del mundo. Son residuos de las guerras y, con el paso del tiempo, su contenido se vierte poco a poco en las aguas. Quienes pasean por las playas de la isla de Usedom (Alemania-Polonia) a veces recogen unos 'terroncitos' blancos, creyendo que se trata de ámbar, y se los meten al bolsillo. En realidad, de trata de Fósforo que, al contacto con el oxígeno, se inflama. En los últimos 40 años, Más de cien personas han sufrido quemaduras serias por esa causa. Esta sustancia, altamente peligrosa y venenosa, proviene de bombas que fueron lanzadas durante la guerra contra la base de ensayo de cohetes de Peenemünde y que cayeron al mar sin explotar. Desde entonces, yacen ante las costas en proceso de descomposición y su contenido mortal se vierte en el agua. Hoy en día, hay carteles que advierten del peligro en los accesos a las playas del lugar. En las costas de Alemania se producen anualmente entre 60 y 70 hallazgos de municiones sumergidas. “De ellos, entre dos y cuatro provocan daños a personas”, indica Claus Böttcher, del Ministerio del Medio Ambiente de Schleswig-Holstein, en Kiel. “La tendencia va en aumento”, advierte el especialista, miembro del grupo de trabajo “Restos de Municiones en el Mar” que, a fines de 2011, publicó el informe más amplio que se haya realizado en el país europeo sobre la materia. Cerca de dos millones de municiones de todo tipo fueron lanzadas al Mar del Norte o al Báltico, ya sea para impedir que cayeran en mano de las potencias vencedoras de la guerra o por orden de las fuerzas de ocupación.

Explosión de una mina en el Mar Báltico. Foto: Bundesmarine. Armas químicas Aparte de explosivos y municiones incendiarias, también se lanzaron armas químicas. Las áreas en que se encuentran sumergidas se conocen con relativa precisión, a diferencia de lo que ocurre con las municiones convencionales. De acuerdo con los expertos de Kiel, se trata de gas mostaza, tabún y fosgeno, de ambas guerras mundiales. Después de 70 o 100 años en el fondo del mar, el estado de los recipientes que contienen los materiales bélicos es muy diverso. “Muchos recipientes de metal todavía están intactos, otros están completamente corroídos y se han encontrado algunos completamente vacíos”, señala Jens Sternheim, del Ministerio del Medio Ambiente de Kiel.  Sternheim agrega que “no se puede generalizar sobre el estado de las municiones, ya que el nivel de corrosión o del vertido de sustancias depende de las condiciones específicas del mar” en cada lugar. No obstante, los expertos de Kiel consideran improbable que se produzca de golpe una liberación masiva de sustancias ya que los componentes tóxicos se van vertiendo paulatinamente al agua.

Una bomba de la II Guerra Mundial encontrada en Usedom. Foto: PA/DPA. Algunas sustancias reaccionan rápidamente al contacto con ella, disolviéndose. Otras, en cambio, se mantienen estables por largo tiempo o se desintegran muy lentamente. Según especialistas en alimentación, estas podrían incorporarse a la cadena alimenticia, al final de la cual está el ser humano. Eso, sin embargo, no se ha podido comprobar hasta ahora en ningún examen realizado en el Mar del Norte o el Mar Báltico. Parques eólicos Las municiones que yacen en el fondo marino también plantean un creciente problema para la construcción de parques eólicos en altamar. Por ejemplo, hay que rastrear las áreas en que se van a instalar cables submarinos y retirar las municiones que se encuentren, lo cual dilata y encarece los trabajos. “Debido al estado de las municiones y a las frecuentemente adversas condiciones submarinas, a menudo no queda más remedio que hacerlas detonar allí mismo”, explica Jürgen Kroll, de la Policía de Kiel, responsable de las vías náuticas y las playas. No obstante, también hay planes para eliminar estos materiales bélicos de forma menos nociva para el medio ambiente. El Instituto Fraunhofer de Tecnología Química ha desarrollado un vehículo submarino para retirar las municiones. “Desgraciadamente, aún falta voluntad política y la aprobación de los recursos solicitados” para poner el proyecto en marcha, lamenta Sternheim. En diversas partes del mundo hay municiones sumergidas en el mar. “En Puerto Rico, Japón, Italia y Hawái el problema también es conocido”, dice Sternheim.