La crisis del sistema de salud de Chocó no da espera. Luego de una visita de verificación del acceso a este derecho que tienen los resguardos asentados en las cuencas del río Atrato, el defensor del Pueblo y el representante de la ONU para los derechos humanos alertaron, una vez más, sobre el inoperante sistema de la región. La indignación no es para menos. Durante la visita a la comunidad de Riosucio ambos funcionarios presenciaron los dramáticos momentos que vivió una familia que requería atención médica para una pequeña de un año y medio. Según relató el defensor del Pueblo Jorge Armando Otálora a Semana.com, los familiares de la paciente se acercaron en reiteradas ocasiones al centro de salud, pues la menor presentaba desde el jueves diarrea y afecciones pulmonares. Sin embargo, en cada una de esas oportunidades la menor era estabilizada y despachada para su casa. Finalmente este lunes falleció. Su historia no es la única. En el último año por lo menos 19 niños y niñas indígenas del municipio de Riosucio fallecieron a causa de enfermedades prevenibles. A pesar de que el 41 % de la comunidad está afiliada a Caprecom, los usuarios no cuentan con la mejor atención. Y es que el centro de salud Juan Bautista Luna, el único con atención de urgencias para los 28.879 habitantes de Riosucio, carece de los instrumentos, medicamentos y medios adecuados para ofrecer un óptimo servicio. Incluso, en algunos de los lugares donde se han presentado las muertes de los menores, las comunidades deben recorrer hasta dos días para llegar al centro médico, o tres días para acceder a los servicios de salud de Quibdó.  En otra de las visitas que realizó la entidad se encontró con que 35 de los 40 niños atendidos presentaban enfermedad diarreica aguda, 19 de ellos presentaban síntomas de enfermedad respiratoria aguda y todos tenían afecciones en la piel. Incluso, algunos de los menores presentaban otitis, rinitis, asma y bajo peso. El panorama es desolador. En Truandó de los 150 niños atendidos el 43 % presentaba diarrea y el 28 % enfermedades respiratorias. Problemas de contaminación de agua, deficiencias en la manipulación de alimentos, parasitismo intestinal y desnutrición son algunos de los males que aquejan a la población. “La persistencia de esta situación en las comunidades indígenas del bajo Atrato chocoano evidencia graves deficiencias para brindar prestaciones de agua y salud adaptados a la realidad rural y étnica de esa zona”, dice el comunicado de la Defensoría. Por si fuera poco la situación se agudiza cada año en época de sequía, cuando los problemas de calidad de agua son mayores. Aunque la salud podría ser el menor de sus males, pues la minería ilegal, el desplazamiento y la violencia son pan de cada día. Pese a la complejidad de estas situaciones, lo que más preocupa a la Defensoría es que las alertas que emite la entidad pasan inadvertidas, y esta vez la crisis no da tiempo y el Chocó no aguanta un informe más. "Hay programas muy interesantes que ha anunciado el Gobierno, tanto el ICBF como el Ministerio de Salud, sin embargo, la situación humanitaria es de tal naturaleza, que no da espera para programas de mediano y largo plazo. Necesitamos planes de choque en algunas regiones", advirtió el defensor del Pueblo.