“El sida está cobrando más vidas que la suma total de todas las guerras, las hambrunas, las inundaciones y los estragos de enfermedades mortales”. Así describió Nelson Mandela en el año 2000 a esta enfermedad pandémica producida por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), cuando se celebró en Durban, Sudáfrica, la XIII Conferencia Internacional del Sida. 16 años después, esta ciudad costera vuelve a ser la sede del evento pero el panorama ha cambiado bastante, pues los índices de mortalidad han disminuido y el sida es considerado un mal crónico que no tiene cura, como la hipertensión o la diabetes.Si bien todavía hay un alto nivel de incidencia o de casos nuevos que se ha mantenido constante durante el último decenio, con 2,6 millones de personas que contraen cada año el virus en el mundo, hoy en día “la epidemia está en una etapa de fase controlada. Ahora tenemos medicamentos mucho más seguros con menos efectos secundarios y que logran contener la replicación del virus”, señaló a Semana.com Carlos Álvarez, infectólogo de la Clínica Universitaria Colombia (clínicas Colsanitas) y profesor de infectología de la Universidad Nacional de Colombia.Los antirretrovirales usados por los pacientes con VIH ayudan a que el virus, que es un organismo vivo, no se replique en sus diferentes etapas. Incluso, algunos como los inhibidores de proteasa impiden la maduración del mismo para evitar que se transforme en sida. Anteriormente, un paciente seropositivo debía consumir varias tabletas al día para mantenerse estable y fuera de peligro, pero a partir de 2010 “aparecieron medicamentos que solo deben consumirse una vez al día”, afirma Álvarez.Este tipo de tratamientos permiten que los pacientes tengan una expectativa de vida casi idéntica a la de la población general. Aunque el virus no puede erradicarse, sí es posible evitar que las células infectadas no permitan la replicación del agente infeccioso.Adicionalmente, los medicamentos actuales no solo evitan que la enfermedad avance, sino que pueden revertirla, e incluso disminuir el riesgo de transmisión de la madre seropositiva a su hijo gracias a “las medidas que se toman durante el embarazo, antes del parto y luego del nacimiento del bebé”, explica Álvarez. También disminuyen ostensiblemente el riesgo de que un paciente seropositivo transmita la enfermedad en una relación sexual.Lo más importante para sacar provecho de esto es que los pacientes sean juiciosos con el tratamiento, pues si no son constantes pueden enfermarse gravemente e incluso perder el terreno ganado después de haberse recuperado. El primer paso, desde luego para cualquier persona, si tiene vida sexual activa, es realizarse el examen para descartar que sea portador del virus y, en caso de dar positivo, someterse al tratamiento para disminuir el riesgo de complicaciones, incluyendo el sida.Mejorar el acceso al tratamiento, el mayor desafíoEl VIH es una enfermedad de transmisión sexual silenciosa que puede durar varios años en el cuerpo y si el paciente no se realiza la prueba diagnóstica está en alto riesgo de desarrollar sida. “Esta sigue siendo una enfermedad muy estigmatizada en la sociedad y mucha gente no se realiza la prueba por pena o porque confían plenamente en su pareja”, señaló a este portal Ricardo García, coordinador de Proyectos de Educación de la Liga Colombiana de Lucha contra el Sida.En Colombia todavía hay mucho por mejorar en cifras de mortalidad y, sobre todo, de acceso al tratamiento, pues es muy difícil para la población de las regiones más alejadas. Por eso lo más importante es promover que la persona con vida sexual activa se realice la prueba. “Actualmente dentro del Plan Obligatorio de Salud (POS) existe la posibilidad de hacerlo gratuitamente dos veces al año. El tamizaje dura apenas 15 minutos”, añade García.Ban Ki-moon, secretario general de las Naciones Unidas (ONU), recordó esta semana en Durban que todavía hay 20 millones de personas que no tienen acceso a tratamientos y 13 millones que no reciben el cuidado necesario. Sin embargo, tener los medicamentos o el acceso al tratamiento no significa que se pueda controlar una epidemia. Mucho menos una de transmisión sexual, pues la sexualidad es “una de las conductas humanas más complejas”, afirma Álvarez.A la espera de que salgan medicamentos que sean vacunas que eviten la infección o que curen a los seropositivos o con sida, el objetivo actual de los organismos internacionales como ONUSIDA es la política del 90-90-90. Esto quiere decir que el 90 por ciento de las personas con VIH estén diagnosticados, que el 90 por ciento de ellas estén en tratamiento y que el 90 por ciento se encuentren en la etapa de indetectables, es decir, que el virus no se replique. La meta de los organismos internacionales y científicos es poner fin al sida en el año 2030.