La casa no es solo un conjunto de paredes y un techo. Hay un desequilibrio entre cómo se planifican estos espacios y qué desean quienes los habitan. Nadie se pregunta, más allá de los metros cuadrados, ¿cómo se diseña? ¿A quién afecta?El reto para los promotores de vivienda ahora es diferente, porque los nuevos proyectos deben entenderse como oportunidades para construir comunidad. ¿Qué significa eso? Que la vivienda sea productiva, que el propietario se sienta orgulloso de tenerla y que a futuro el entorno, es decir el barrio, sea sostenible.Un desafío adicional es entender la cultura en la que estamos trabajando. No es lo mismo hacerles casas a desplazados, en su mayoría campesinos, que a una comunidad afro acostumbrada a vivir al lado del mar. Son diferentes las casas en el Caribe, donde la música y la fiesta son fundamentales, a las de Antioquia, donde la prioridad es el emprendimiento y los negocios.Si no tenemos en cuenta el entorno el resultado será una vivienda abstracta, que ocupa una zona y beneficia a un determinado número de personas. Y no se trata de eso.Para transformar la vivienda en Colombia también es clave contar con una infraestructura de soporte. Es decir, bibliotecas, museos y canchas deportivas, entre otros. Espacios como estos ya existen, pero debe haber más. No se trata de hacer una escuela por hacerla, o una biblioteca para poner libros, es lograr que la gente lea. Ahí está el otro reto.¿Cómo superarlo? Hay que conectar a los diferentes actores que intervienen en un proyecto de vivienda: el Estado, el constructor, sus habitantes y todas las instituciones que tienen que ver con la educación y la cultura. Hacer a la comunidad partícipe, a través de un proceso que yo llamo cocreación.En el equipo Mazzanti tenemos indicadores del éxito de este enfoque. En nuestros preescolares hemos detectado, gracias a estudios hechos por universidades en Estados Unidos, que hay mejores resultados académicos porque el espacio se pensó para el método pedagógico que se está aplicando.Es cierto que los proyectos arquitectónicos no resuelven problemas sociales. Pero con una serie de políticas claras y redes de actores sí que puede impulsar el cambio social en una comunidad.*Arquitecto y profesor.