La actividad económica global frenó en seco. Más de una cuarta parte de la población mundial permanece confinada, un fuerte golpe para el comercio, las aerolíneas, los hoteles, los restaurantes y todo tipo de actividades de entretenimiento en el mundo. Del mismo modo, los cierres de fronteras han interrumpido las cadenas de suministro y afectan el comercio global. También han cerrado sus puertas las plantas productivas, y la construcción se ha detenido. Todo indica que se acerca una recesión global. Las condiciones han cambiado dramáticamente. A comienzos del año, el Fondo Monetario Internacional (FMI) pronosticaba un crecimiento de la economía mundial del 3,3 por ciento para 2020. Ahora esa entidad multilateral ve un panorama sombrío y anticipa que podría ser incluso peor al de la crisis financiera internacional de 2008 y 2009.

Nouriel Roubini –también conocido como el Doctor Desastre– pronosticó la anterior crisis. Hoy afirma que la actual podría ser más profunda que la Gran Depresión de 1928, la más larga, profunda y generalizada contracción que tuvo la economía en el siglo pasado. Sin embargo, tomó alrededor de tres años para desarrollarse. “En la crisis actual, estos resultados macroeconómicos y financieros igualmente graves se han materializado en tres semanas”, explicó Roubini a SEMANA. Agregó que ni en la Segunda Guerra Mundial la mayor parte de la actividad económica cerró literalmente, como lo hicieron hoy China, varios países de Europa y América Latina, algunos estados y ciudades de Estados Unidos.

Los agresivos planes fiscales ideados por Donald Trump en Estados Unidos y Angela Merkel en Europa les dieron un respiro a los mercados. ¿Serán suficientes? Las más recientes proyecciones del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por su sigla en inglés) indican que la economía global caerá el 1,5 por ciento en 2020 ante la pandemia del coronavirus, la guerra de precios del petróleo, el choque repentino en los mercados de capital mundiales y el estrés crediticio en varios países.

Para la entidad, que asocia a las principales instituciones financieras del mundo, la mayor caída se presentará en la eurozona, con una contracción del 4,7 por ciento. Mientras tanto, la economía de Estados Unidos se reducirá un 2,8 por ciento, y la de Japón, un 2,6. Incluso, afirma que Estados Unidos y Europa estarían en recesión con comportamientos negativos durante el primer y segundo trimestre. Paradójicamente, China, donde surgió el virus, ya está comenzando a superarlo y crecerá un 2,8 por ciento. Los PMI o índices de compra estimados, basados en encuestas a los gerentes de 400 empresas en cada país, muestran el nivel de profundidad al que puede llegar la crisis. Una cifra inferior a 50 sugiere mayor actividad, y por debajo, contracción. En la zona euro el índice general cayó de 51,6 en febrero a 31,4 en marzo, el más bajo desde que nació el índice en 1998. Este tiene un descenso muy fuerte en servicios ante la parálisis de los viajes, el turismo y los restaurantes, que disminuyeron al ritmo más rápido desde mayo de 2009. En Estados Unidos el indicador PMI pasó del 49,6 a 40,5, la caída más fuerte desde agosto de 2009, lo cual frenó la creación de empleo y llevó a que los subsidios de desempleo se dispararan este mes a casi 3,3 millones. Y marzo es solo el comienzo de la crónica de una recesión anunciada. Ya algunos analistas predicen caídas pronunciadas del PIB en el segundo trimestre. Para Goldam Sachs, el PIB de Estados Unidos descenderá un 24 por ciento en el segundo trimestre, cifra sin precedentes desde 1958. Ante esto, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steven Mnuchin, advirtió que la tasa de desempleo podría dispararse por encima del 20 por ciento en el segundo trimestre. Una preocupación que comparten todos los países.

Ante esto, varios Gobiernos y autoridades monetarias han hecho enormes inyecciones de liquidez, redujeron las tasas de interés y lanzaron paquetes fiscales sin precedentes. En Estados Unidos, por ejemplo, el Congreso aprobó un paquete de estímulo económico por más de 2 billones de dólares –casi el 10 por ciento del PIB estadounidense–, que incluye cuatro meses adicionales de seguro de desempleo, impuestos diferidos, transferencias de dinero en efectivo a la población (en cheques de 1.200 dólares), préstamos para las empresas y Gobiernos locales para quienes pierdan sus empleos, entre otros beneficios. En Europa hablan de un fondo de rescate por 500.000 millones de euros y un paquete de estímulo fiscal que representaría casi el 2 por ciento del PIB de la región. Sin duda, una respuesta fiscal sin precedentes. Sin embargo, el principal riesgo es que el contagio y el bloqueo de la economía tome más tiempo y por eso la importancia de una respuesta política eficiente.

Hoy las proyecciones suponen que para mitad de año el distanciamiento social logrará frenar el ritmo de las nuevas infecciones. No obstante, no es claro cuánto tiempo deben cerrar muchos países para contener definitivamente el virus. Y dada la gravedad del impacto, nadie sabe si el consumo y la inversión se recuperarán rápidamente una vez terminen las cuarentenas. A muchos analistas les preocupa la respuesta de Donald Trump, que, tras los estímulos fiscales, quiere levantar las restricciones al confinamiento lo más rápido posible. Ese país ya cuenta con la mayor cantidad de contagiados por la covid-19 en el planeta.

Roubini recuerda que la respuesta fiscal se puede traducir solo en inflación. Y que hay más riesgos en el panorama global, como las elecciones gringas y una eventual guerra con Irán. Además, se pregunta quién rescatará Gobiernos, corporaciones, bancos y hogares en los mercados emergentes.

América Latina, por ejemplo, se verá muy afectada por la combinación de los bajos precios de los productos básicos, la debacle financiera y la recesión de sus socios comerciales clave. Pero también por su estrechez al adoptar programas fiscales tan agresivos como se están aplicando en otras latitudes. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) estima que la crisis ocasionará una caída del 1,8 por ciento del PIB de la región. Esto es, América Latina entrará en una recesión que podría llevar a que el desempleo suba en 10 puntos porcentuales, y a que el número de pobres aumente en 35 millones, dice la entidad multilateral. Todas las grandes economías se verán afectadas, pero los peores datos se registrarán en Argentina y México. El avance del virus y el ritmo de las economías del mundo seguirán en observación. También habrá que ver la respuesta de las autoridades, las empresas y los ciudadanos a este gigantesco reto. Estos dos factores determinarán si el mundo se encuentra ante una recesión corta, que dará paso a un nuevo rebote, o ante una fuerte caída seguida de un estancamiento, que cambiará del todo la economía. No son días fáciles.