La muerte de Freddie Gray, un joven negro de 25 años, pareció colmar la paciencia de los afronorteamericanos, que protagonizaron en Baltimore las protestas más violentas de los últimos tiempos, que se replicaron con marchas pacíficas en varias ciudades del país. El 19 de abril el muchacho murió en manos de la Policía a causa de una fractura de cuello y varias vértebras rotas, luego de ser arrestado presuntamente por portar un cuchillo. Lo que tal vez indignó más a los manifestantes es que este episodio vino a sumarse a una seguidilla de muertes que parece no tener fin. Después de las protestas –que dejaron 235 personas en la cárcel, 20 agentes heridos, varios locales destruidos y 144 vehículos quemados– la Policía de Baltimore reconoció que el joven solicitó atención médica durante su arresto pero que los encargados de la detención se negaron a proveérsela. Un video filmado por un transeúnte, que se ha vuelto viral en redes sociales, muestra a Gray gritando de dolor tras ser inmovilizado en el suelo por tres agentes. De acuerdo con el informe médico publicado por el abogado de la familia del joven, su columna vertebral fue fracturada en un 80 por ciento. Este nuevo episodio se produjo en un contexto particularmente tenso, pues en el último año varios hombres negros han muerto a manos de policías blancos en situaciones a menudo confusas. Uno de los casos más conocidos ocurrió en Ferguson, Missouri, cunado el agente Darren Wilson mató a Michael Brown de 18 años, en un polémico tiroteo que desató protestas en varios estados de la Unión pero que terminó con la absolución de este. La violencia policial ha aumentado significativamente en los últimos 20 años, en parte por la continua militarización de la fuerza pública. Según un informe del Departamento de Defensa , entre 2000 y 2012 se transfirieron 4,3 millones de dólares en equipo militar a todos los departamentos de Policía del país. Entre el equipo habían 432 vehículos blindados de asalto, 533 helicópteros y 93.736 armas automáticas que hoy circulan por las principales ciudades. Sin embargo, el aumento progresivo de estos episodios no responde exclusivamente a la militarización. Por años, el país ha luchado contra el racismo sistemático contra la comunidad negra, a causa de prejuicios y estereotipos raciales. En 2008, por ejemplo, se estableció que los conductores negros eran tres veces más propensos a ser detenidos durante un control de tráfico (12,3 por ciento) que los blancos (3,9 por ciento), según un informe del Departamento de Justicia. Para 2012, los negros eran el 13 por ciento de los norteamericanos, pero el 41 por ciento de la población carcelaria. Además, esta comunidad ha sido económica y socialmente marginada del ámbito nacional, con escasa representación en la Policia e índices de desempleo que rozan el 25 por ciento, mucho más alto que el promedio nacional. Estas condiciones han favorecido la construcción de un estigma delincuencial que afecta principalmente a jóvenes entre los 12 y 25 años. De acuerdo con un informe publicado por la Asociación Estadounidense de Psicología, los niños afroamericanos son percibidos en promedio 4,5 años por encima de su edad real, lo que aumenta sus probabilidades de ser juzgados como una amenaza por las autoridades y terminar en la cárcel. Estas cifras dan cuenta de un grave problema de subjetividad al interior del sistema judicial norteamericano, que justifica veladamente la violencia contra los negros. Aunque mitigar los resultados de una división cultural tan arraigada es dificil, el cambio es necesario desde hace tiempo. Lo que pocos se explican es que esta explosión de violencia racial se presente precisamente cuando está en el poder un presidente afro, Barack Obama, y cuando han pasado más de 50 años desde el triunfo del movimiento de derechos civiles.