Después de la firma de la paz entre las FARC y la Comisión de Paz, el país tuvo la impresión de que este grupo guerrillero definitivamente se "habia robado el show". Los demás aparecieron callados, carentes de iniciativa, empeñados en un sordo monólogo de tiros y tomas de pueblos. Daba la impresión que la paz había quedado patentada como producto de las FARC, y que los demás, incluyendo el M-19, seguían obstinados en perpetuar la violencia. Sin embargo, en los últimos 15 días el M-19 intentó ganar el terreno perdido durante un año largo de "no dar una", y dio muestras de que aún podía aspirar a recuperar una cuota de protagonismo que muchos creían definitivamente enterrada con Bateman.EL AGUJERO La actitud de las FARC había arrojado una luz de esperanza, y había llevado a la gente a creer de nuevo en un diálogo que parecía muerto. Esto desató una oleada de entusiasmo, que sin duda despertó a los otros grupos guerrilleros de su letargo y los puso en guardia en el sentido de que quienes se dieran el lujo de ignorar o de rezagarse en los intentos de buscar la paz, perderían rápidamente respaldo popular.Sin embargo, este entusiasmo inicial se fue decantando en la medida que pasaban los días y la euforia ante el hecho mismo del pacto iba cediendo lugar al análisis meticuloso de los términos de éste. Más y más criticas empezaron a surgir. Dentro del Partido Comunista se desató una polémica sobre el particular, que terminó en aparatosos retiros de algunos de sus miembros importantes. En otros sectores populares se decía que el acuerdo era tan gaseoso y tan general, que no podía ni cumplirse, ni incumplirse. Llegó incluso a rumorarse que el hecho de que las FARC hubieran negociado sin preocuparse demasiado por los términos del pacto, o por las dimensiones políticas de éste, se debía a que, por razones de crisis internas, estaban urgidos de una tregua que les permitiera reorganizarse.Tanto sectores de izquierda como miembros del establecimiento, empezaron a plantear sus dudas sobre la viabilidad de un entendimiento cuyos términos nadie podía precisar, y empezaba a extenderse la opinión de que si bien las FARC habían dado el primer paso decisivo ya venía siendo hora de dar el segundo. Fue en este momento de incertidumbre cuando el M-19 saltó largo y se inventó una política audaz para intentar salir del agujero negro en que parecía sumido desde hace meses.Primero acaparó la atención de la opinión pública con una serie de acciones suficientemente espectaculares como para permitirle robar prensa durante varias semanas seguidas. A la toma de Florencia le siguió la de Corinto, y luego otra serie de golpes menores. Y así hasta el domingo 22 de abril a la noche, cuando hicieron una maniobra publicitaria de una habilidad no desplegada desde los tiempos en que secuestraron a Germán Castro y a Pacheco para hacerlos voceros de sus misivas.En esta oportunidad, seis guerrilleros armados hasta los dientes se tomaron la sede de El Bogotano, retiraron el material que iba a entrar en imprenta y lo reemplazaron casi en su totalidad por artículos previamente redactados, diagramados y montados que llevaban consigo. De esta manera lograron hacer una especie de manifiesto de varias páginas y muchas fotos, que tuvo un tiraje extraordinario de 80.000 ejemplares que se vendieron en minutos en la capital.DIALOGO ABIERTO Lo fundamental de esta edición sui generis de El Bogotano, estaba en sus dos páginas centrales, donde en grandes carácteres aparecieron una serie de puntos agrupados bajo el título de "Propuesta del M-19 para el diálogo nacional" Se trataba, en términos generales, de una serie de exigencias de carácter democrático, colocadas unos pocos centímetros a la izquierda de las tesis del propio Presidente Betancur. Por ejemplo, se hablaba de la implementación de la llamada "apertura democrática" para que se abrieran posibilidades reales de participación a partidos distintos a los dos tradicionales; en materia internacional se hablaba de una posición independiente y soberana; en materia económica se planteaba, entre otras cosas, la nacionalización de la banca; bajo el rubro "democracia social" se proponían medidas tales como la distribución gratuita de un litro de leche diario para los niños menores de 7 años y las mujeres embarazadas; nacionalización del transporte; mejoramiento de los servicios alza general de salarios; educación primaria gratuita y obligatoria; servicios preventivos de salud para el 100% de la población. Es decir, un programa moderado de reformas, cuidadosamente pensando para que no disonara con la propia política del Presidente Betancur, y para que resultara altamente atractivo para las clases medias y populares del país. A diferencia del texto firmado por las FARC, en la propuesta del M-19 no se pedían reivindicaciones que beneficiaran especificamente a la guerrilla, sino que se apuntaba a abarcar necesidades de la población.Aunque el programa en sí no tenía nada de extraordinario -más aún, estaba lleno de los lugares comunes que manejan la izquierda y los sectores de avanzada-, el que lo levantara justamente un grupo guerrillero, y precisamente en el momento en que todo el país estaba a la expectativa de su pronunciamiento, abría en el país un panorama insólito. Tradicionalmente la gente estaba acostumbrada a ver a los alzados en armas como un grupo relativamente aislado que daba sus golpes y la emprendía con sus acciones al margen del resto de la población, hacia el cual se podía sentir simpatía o antipatía, pero que en cualquiera de los dos casos seguía siendo de bichos raros que actuaban distinto, se vestían distinto, vivían escondidos y se movian a su propio ritmo Ahora la gente se encontraba con un movimiento guerrillero que exigía del gobierno lo mismo que se le habría ocurrido pedir a un vecino del sur de Bogotá, a un estudiante de la Universidad del Valle, a un sindicalista de Paz del Río o a un campesino de Cimitarra.Interrogado por SEMANA Andrés Almarales, dirigente del M-19, sobre si creía que la población podía realmente adherirse a una propuesta lanzada por un grupo armado, clandestino e ilegal, respondió: "Si, lo creo, porque no la estamos invitando a hacer la guerra, sino la paz". Otras declaraciones hechas por el líder guerrillero fueron las siguientes:SEMANA: ¿Qué pretenden ustedes con estos "puntos"? ANDRES ALMARALES: La paz, no en función de los intereses de la guerrilla, sino del pueblo.S.: La gente quiere saber si ustedes van a dejar de disparar o nó, y ustedes salen hablando de leche para los niños y otros asuntos que no parecen tener mucho que ver...A.A.: ¿Usted realmente cree que aún quedan colombianos que todavía piensan que la paz es simplemente el cese al fuego? Acuérdese entonces, por ejemplo, de que hace poco Manuel Felipe Hurtado dijo que la paz es el salario. Y añádale más: la paz es educación, servicios públicos, y, por qué no, leche para los niños...S.: Esos puntos no son el programa del M-19, que es mucho más radical. ¿Por qué se limitaron a ellos? A.A.: Si no exigimos más, es porque no tenemos fuerza para imponerlo. Hemos hecho planteamientos concretos, porque creemos que 35 años de lucha guerrillera tienen que materializarse hoy en reivindicaciones concretas. Además lo nuestro es sólo una propuesta, para que la discuta y la modifique el clero, el estudiantado, los indigenas, los periodistas, las amas de casa, en fin, el país.S.: ¿Cuáles son sus diferencias de fondo con el acuerdo firmado por las FARC? A.A.: Creemos que con esta propuesta que hacemos, o con una similar que surja del diálogo, la guerrilla puede llegar a centralizar el sentir nacional. Renunciamos al diálogo bilateral con el gobierno -al cual se atuvieron las FARC-,porque entendimos que había otro mucho más amplio, más interesante: el del pueblo entero con el gobierno. Partimos de la base de que hoy por hoy no hay ningún sector popular que se oponga al cambio. Por eso le aconsejamos a las FARC que jueguen ahí, porque han ganado en la guerra los méritos suficientes para jugarse en este momento esa gran carta.S.: Si es el país el que dialoga, ¿Qué papel cumpliría entonces la guerrilla? A.A.: Nosotros hemos contribuído grandemente a crear el ambiente para que este diálogo sea escuchado, así como también para que haya surgido este consenso entre la población. Y lo hemos logrado a punta de tiros, de presos, de muertos.CAMPOS ENCONTRADOS Al día siguiente de publicada la propuesta del M-19, las respuestas empezaron a aparecer. Se pronunciaron favorablemente desde otros grupos guerrilleros, hasta sectores conservadores. Entre los primeros se contó el EPL, grupo hasta el momento ranchado en su sectarismo y radicalismo y cerrado a toda posibilidad de diálogo, que sin embargo ahora empezaba a ceder. En días anteriores ya había firmado un acuerdo general sobre los términos de la negociación de paz con el M-19, y ahora ratificaba su posición, aceptando integrarse al "diálogo nacional". El conservador que para sorpresa de muchos también mostró satisfacción con la propuesta, fue Alvaro Leyva Durán, del Directorio Nacional Conservador, quien estuvo de acuerdo con la necesidad de un convenio político entre los partidos, las FARC, el M-19 y los otros grupos que se vincularan, que se tradujera en leyes de la República o en reformas a la Constitución. Leyva Durán le reconoció incluso una importancia singular a la situación: "Estamos en un cuarto de hora fundamental al que hay que sacarle provecho. . . Lo que no se logre ahora, no se logrará nunca".SEMANA indagó entre los dirigentes sindicales, y encontró que en términos generales la iniciativa del M-19 tenía buena acogida. Juan Romero Ramos, de la dirección de la UTC, manifestó: "Los reclamos que ellos hacen coinciden con los de las centrales obreras. Ni ellos ni nosotros solicitamos nada del otro mundo, sino derechos mínimos e indispensables para la subsistencia de la comunidad. Es positivo este diálogo que reúna a las fuerzas populares, llámense organizaciones sindicales, juntas comunales y gentes armadas o desarmadas, en fin, fuerzas vivas de la nación".Evidentemente, la contraparte también se expresó. El General Valencia Tovar dijo que el país se encontraba en una de sus peores épocas de violencia, agravada por la ley de amnistía. Pero quien mejor pareció sintetizar el sentimiento adverso fue el ex presidente Carlos Lleras Restrepo,quien arremetió duramente contra uno de los puntos centrales de la guerrilla, el de la apertura política. Según el ex presidente, venir a exigirla ahora no pasaba de ser una falacía, puesto que el país de hecho vivía una "democracia real", en la cual todos los partidos y tendencias tienen la posibilidad de obtener representación en las corporaciones públicas. "Los grupos guerrilleros no pueden alegar que han carecido de ese derecho ni que es necesaria una apertura democrática como condición para que cese la actividad subversiva".UNA PALABRA DIFICILDentro del casi imposible intento de ponerle fin a la guerra, el término "paz" se hacía cada vez más complejo. Y la carta fuerte del M-19 en este momento era la de ampliarle el sentido todavía más. Que no fuera entendida en los términos rudimentarios de cese de hostilidades entre la guerrilla y el Ejército, sino como adquisición de beneficios para el conjunto de la población, era el planteamiento con que este movimiento volvía a salir a la palestra después de meses de estar relegado en la sombra. Su movida ciertamente era audaz, e implicaba un intento de cambiar los tradicionales métodos de acción de la guerrilla en el país. En este momento los alzados en armas eran sin duda los interlocutores privilegiados, y tanto la coyuntura política como el propio Presidente habían hecho que toda la pantalla se centrara en ellos. Al abandonar su clásico papel de vanguardia aislada, para adoptar un lenguaje común al de vastos sectores populares, la guerrilla se proponía encabezarlos y asumir su vocería. De esta manera se abría a sí misma la posibilidad de reubicarse en el panorama nacional, ganándose un espacio político al margen de la lucha armada, que eventualmente podría permitirle subsistir como fuerza importante aún cuando depusiera las armas. La jugada estaba bien pensada Faltaba ver si realmente funcionaba.