Arrancó temprano la carrera por la Presidencia en las elecciones de 2018. Santos anunció la salida de Germán Vargas Lleras de la Vicepresidencia y esta es la señal de partida. También otros candidatos están muy activos en los medios esbozando las ideas que van a agitar y dando sus primeros pasos en la organización de sus campañas. La agenda, es decir, el tema central del debate, será definitiva en la escogencia del presidente de los colombianos. Sergio Fajardo le dijo a El Tiempo que el país debía doblar la página del Sí y el No a la paz y abocarse al debate sobre otros grandes problemas nacionales, la corrupción en primer lugar, ese grave cáncer de la democracia.Es algo que muchos colombianos hemos esperado: que la guerra y sus consecuencias dejen de ser el principal tema de las campañas presidenciales, que otras preocupaciones salten a primer lugar, que el miedo y la inseguridad dejen de ser el ingrediente primordial de los debates políticos. Pero es muy difícil que eso ocurra. El plebiscito por la paz del 2 de octubre marcó, quizás irremediablemente, la campaña por la Presidencia. La sociedad colombiana se dividió en dos campos y los líderes políticos de los bandos difícilmente dejarán que cambie el libreto.A Uribe, al Centro Democrático y al sector conservador aliado no les interesa que el debate gire hacia otros lados. Ni bobos que fueran. La crítica al acuerdo de paz y sus derivaciones les permitió arrastrar a la mitad del electorado y postularse como una alternativa con gran opción para 2018.No van a soltar el hueso. Le van a sacar hasta la última tira de carne. Ya lo vimos en estos días con motivo del baile de los guerrilleros con veedores internacionales, o con la anunciada visita del presidente Hollande a una zona de concentración de las Farc, ya lo veremos en el día a día de la campaña cuando los líderes de la guerrilla salten a la política.Lo mismo les ocurrirá a otros partidos y candidatos. La U y el Partido Liberal, protagonistas principales del acuerdo de paz en el lado del gobierno, orgullosos de su labor, insistirán en la defensa del proceso en su fase de posconflicto. Del abanico de sus precandidatos, Humberto de la Calle, Juan Fernando Cristo, Roy Barreras y demás, tendrá preferencia quien pueda representar con mayor idoneidad la idea de una paz estable y duradera. Lo mismo harán los líderes de las Farc y una parte de la izquierda que se la jugó por el acuerdo. A esta corriente política no le queda otra alternativa que adelantar una campaña en función de la paz y las reformas acordadas. Ya las Farc, en este espíritu, han anunciado que apoyarán un candidato de transición por fuera de sus filas. También Clara López, una segura precandidata del mundo de la izquierda, buscará alianzas en esta dirección. Ahora bien, no son pocas las fuerzas y las candidaturas que lucharán por llevar el debate a otro ámbito y buscar aliados saltando por encima de la polarización que generó la negociación de La Habana. No es solo Fajardo. La paz no es el tema preferente de Germán Vargas Lleras. Él buscará un espacio para debatir sobre la infraestructura y la modernización del país, pero también está definiendo poner el fenómeno de la corrupción como leitmotiv de su campaña. Claudia López y el Partido Verde enarbolarán barreras de transparencia y de construcción de Estado, ciudadanía y mercados legales en las regiones para romper las brechas que ha alimentado el conflicto armado. Y habrá candidatos, como Jorge Enrique Robledo y Gustavo Petro, que han tomado distancia de los acuerdos de La Habana e intentarán poner en primer plano los debates sobre la pobreza y la iniquidad en medio de la crisis económica y de las insatisfacciones de amplios sectores de la población. No están solos en esta preocupación. El Foro Económico Mundial acaba de decir que “La exclusión social y las desigualdades son los principales riesgos de la economía en 2017”. Imponer la agenda, llevar el debate a su propio terreno, hacer que las encuestas pregunten sobre sus temas, que los medios le jalen la lengua a sus entrevistados sobre las ideas que están agitando, es el primer reto de los candidatos. A pesar del peso que va a tener el tema de la paz, no es descartable que otras preocupaciones de la sociedad salten al primer lugar en la campaña, y, si eso ocurre, un outsider tendrá serias posibilidades de pasar a segunda vuelta e incluso de ganar la Presidencia. Ahora bien, como lo vimos en la campaña de 2010, en la disputa entre Santos y Antanas Mockus, no basta con jalonar el debate hacia un tema. Mockus logró, en momentos estelares de la campaña, que la transparencia y la ética en la gestión pública fueran los temas claves. La gente, en especial los jóvenes, empezaron a ver el grave problema de la corrupción, a entender que la trampa, el engaño campeaban en la vida pública. Las encuestas acariciaban a Mockus. Pero Antanas no dio la talla en otros temas, no fue capaz de presentarse como un candidato integral, capaz de afrontar los demás problemas del país.