En 2017, Andrés Viuche y María Paula Enciso tenían en mente hacer un inventario de ranas y sapos en el Bosque de Galilea del Tolima, un lugar biodiverso situado entre los municipios de Villarrica, Dolores, Prado, Purificación y Cunday, donde abundan los osos de anteojos, jaguares, monos churucos y varias aves migratorias. La expedición, que también buscaba recolectar datos para redactar la tesis de pregrado con la que alcanzarían el título de biólogos en la Universidad del Tolima, marchaba con total calma. Un día, en una zona boscosa con un riachuelo cristalino, encontraron unos pequeños anfibios al borde del cuerpo de agua, algo que les alertó los sentidos. Le puede interesar: Regocijo por nuevo huevo de cóndores en cautiverio del Aviario de Cartagena Se trataba de unos renacuajos de la especie Atelopus subornatus, una rana que nadie había visto en 24 años. El anfibio, llamado popularmente como arlequín vientre de fuego, había sido buscado intensamente por varios científicos, pero al no encontrarlo durante las últimas dos décadas, estaba declarado como posiblemente extinto. Los futuros biólogos hallaron 16 larvas o crías en crecimiento. Un par de días después encontraron un adulto y un juvenil. Luego de tomar muestras y estudiar a fondo los hallazgos, confirmaron que se trataba del arlequín vientre de fuego, una rana con manchas marrones, verdes y amarillas. El dorso de los machos es de un tono similar al café con leche y el de las hembras es anaranjado.

Biólogos redescrubieron una especie de rana que muchos consideraban extinga. Foto: Andrés Viuche. “Debo reconocer que fue un golpe de suerte. Nadie sospechaba que la rana podía estar en este sector tolimense, declarado Parque Regional Natural en 2019 y que, irónicamente, el conflicto armado mantuvo en paz. Durante muchos años, la presencia de grupos armados evitó intervenciones en la zona que pudieran destruirla, incluso frenó cualquier intento de investigación académica”, explicó Viuche. Le puede interesar: Autoridades piden no cazar felinos que puedan aparecer en zonas rurales pobladas del Valle del Cauca Gustavo González, investigador asociado de Wildlife Conservation Society (WCS), que apoyó este hallazgo con orientación técnica, indicó que se pensaba que el hogar de esta especie estaba restringido a un pequeño espacio en Cundinamarca, conocido como Alto de Sibaté y Tierra Negra, situado entre Sibaté y Fusagasugá.  “Pero este hallazgo demostró que su ubicación puede ser ahora más amplia. Por eso, parte del trabajo pendiente será ubicar su verdadera distribución”, explicó el experto.

El Bosque de Galilea del Tolima es un reservorio biodiversa donde habita esta especie de rana. Foto: Andrés Viuche. Nace la esperanza Según WCS Colombia, este hallazgo es un acontecimiento que abre una pequeña esperanza para la recuperación del género Atelopus, que se ha visto afectado por la disminución de sus poblaciones en todo el continente, incluyendo a Colombia. En el país habitaban 45 especies de Atelopus y hoy no existen más de siete con poblaciones estables. “Esto ha ocurrido, entre otras razones, por la deforestación de sus hábitats y la presencia de enfermedades como el hongo Batrachochytrium dendrobatidis, también conocido como hongo quítrido, que ataca la piel de estos animales y les impide respirar”, informó la organización. En 2019, la revista Science publicó que esta problemática ha llevado a la extincio´n no solo a las Atelopus, sino de otras 90 especies de anfibios. “También ha provocado la mayor pérdida de biodiversidad asociada a una enfermedad en la historia del planeta”, dijo WCS.

La rana arlequín vientre de fuego abunda el Tolima. Foto: Andrés Viuche. Muchas preguntas Andrés Viuche siguió expedicionando la zona donde redescubrió a la rana arlequín vientre de fuego. Sus actividades han estado centradas en buscar ayuda y recursos para poder preservarla. Le puede interesar: Día de la Danta: una especie clave para recuperar las selvas degradadas “Hay mucho trabajo pendiente. El Libro Rojo de Anfibios de Colombia explica, por ejemplo, que no hay estudios sobre su ecología. Tampoco muchos datos o consensos sobre sus hábitos, como si se mantiene más activa de día o de noche. Incluso, no hay información sobre detalles biológicos o si emite algún sonido especial o cantos”, dijo el biólogo.   El año pasado, Viuche encontró apoyo con WCS Colombia. La organización, a través de su estrategia de conservación de anfibios, apoyada por el zoológico de Zurich y la Fundación Santo Domingo, le ayuda con orientación técnica y recursos a través del grupo de herpetología ecofisiología y etología de la Universidad del Tolima.

Esa mano amiga le ha permitido realizar investigaciones demográficas in situ, es decir en el hábitat de la rana, con las que pretende conocer algunas dinámicas poblacionales que permitan implementar estrategias de conservación. La comunidad de la vereda Galilea, en Villarica, le permitió a Viuche regresar con algunos expertos al sitio de su hallazgo en enero de 2020, quienes encontraron al menos 800 renacuajos de estas ranas, algunas distribuidas en grupos de 100, en las quebradas y adheridas a las rocas. “Detectaron tres machos adultos, tres hembras y un juvenil”, anota la WCS.