El caos creció como el fuego en la noche bogotana. Rondaban las 7 de la noche cuando las más de 3.000 personas que detuvieron por varios minutos el tráfico en la calle 100 con autopista Norte sintieron el estruendo de las bombas lacrimógenas. El miedo se esparció entre la marea humana y mientras decenas de agentes del Esmad y la Policía Antidisturbios inundaban las vías para despejarlas, algunos estudiantes de la Universidad Nacional se debatían entre encarar a la fuerza pública o buscar refugio en restaurantes, tiendas y bancos.

Fotos: Julián Andrés Galán Caicedo. @julianguionbajo El enfrentamiento era inminente. Los policías alistaron sus escudos y sacaron los bolillos. Cayó una lluvia de gases lacrimógenos. Agentes y manifestantes se amontonaron y se golpearon unos a otros en la mitad de la carretera. Alrededor de siete policías arremetieron en contra de un grupo de personas que, en el desorden, ya no se distinguían entre transeúntes y marchantes que intentaban refugiarse en un café. Un hombre se convirtió en el objetivo de los golpes que se extendieron por cerca de un minuto. En el fondo del café, la gente lloraba y suplicaban a los uniformados que se detuvieran mientras algunos estudiantes les tiraban piedras desde un puente.

Esta fue apenas una de las escenas de caos que se vivieron en varios puntos de la ciudad, cuando la histeria se apoderó de la recta final de la marcha y Bogotá quedó, en buena medida, bloqueada. *** “La queremos pública”, cantaban y bailaban al mediodía cientos de estudiantes de la Universidad Nacional que se alistaban para su cuarta marcha en las últimas cuatro semanas. Hasta este jueves, a pesar de algunos incidentes menores y de la reciente toma del edificio administrativo de la Institución por parte de cerca de 20 estudiantes, las manifestaciones habían sido pacíficas. Desde uno de los puentes localizados en la carrera 30 colgaron una colcha de retazos de tela de colores que algunos alumnos de la facultad de Artes cosieron y que, dijeron, era su aporte simbólico a la lucha por conseguir más recursos para las universidades públicas. El ánimo conciliador envolvía también a tres manifestantes que hacían un show de acrobacia y sostenían carteles colgadas de largas telas.

Foto: Guillermo Torres/ SEMANA. Para complementar: “Un grupo de estudiantes perdió el norte”, rectora de la Universidad Nacional En medio de las diversas protestas lideradas por los estudiantes, y apoyadas por la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Fecode), la Asociación de Profesores de la Universidad de Antioquia (Asoprudea), y recientemente por la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), se logró hace unas semanas el acuerdo entre los rectores universitarios y el Gobierno Nacional de inyectar 1,1 billones de pesos para funcionamiento y 1,2 billones para inversión en la educación superior pública. Además, se llegó al compromiso de destinar un billón más proveniente de las regalías de la Nación. El movimiento estudiantil también captó la atención del Ministerio de Educación, que instaló una mesa de diálogo el pasado 1 de noviembre. Sin embargo, dos días antes de esta nueva movilización, ese espacio fue suspendido por los representantes estudiantiles porque, según lo expresado por el gobierno, “no disponen de más recursos” para las universidades públicas. La mayor pelea de los estudiantes es el presupuesto. Insisten en que el déficit acumulado de 18,2 billones que tiene la educación superior solo podrá resolverse si el gobierno y la comunidad académica logran un consenso de fondo. Con esos antecedentes arrancó la marcha de este jueves, pues lo estudiantes no quieren más paños de agua tibia que sólo retarden por unos meses la crisis. Para contexto: Se suspende la mesa de diálogo entre estudiantes, profesores y Gobierno Nacional Luego de alistar sus banderas, a las dos de la tarde salieron de las instalaciones de la Nacional y tomaron la carrera 30. Las primeras horas de la marcha transcurrieron a paso lento. Los cerca de 2.000 manifestantes que en un principio tuvo la jornada de protesta expresaron su inconformidad en calma, haciendo “la resistencia”, esa coreografía que no falta en las marchas de universitarios en la que se agachan en masa durante un par de segundos para luego echarse a correr en un solo movimiento conjunto. Pese a la calma, los voceros de las plataformas estudiantiles repitieron varias veces que debían apresurar el paso sin dejar grandes espacios entre los grupos de manifestantes, pues eso podría dar pie al desorden. Más de uno advirtió que en la cola del grupo había algunas personas encapuchadas. Pese a los personajes extraños, la manifestación avanzó pacífica y animada. Pero poco a poco el tinte de la marcha empezó a oscurecerse. El movimiento estudiantil se tomó diferentes puntos de la ciudad. La Universidad de Cundinamarca y la Uniminuto marcharon por la autopista Sur hasta el parque principal de Soacha. La Universidad Pedagógica y Fecode se movilizaron hasta la Plaza de Bolívar, y la Universidad Distrital y la Nacional hacia el norte hasta la calle 100 con autopista. Esos recorridos no habían finalizado cuando empezaron a extenderse por redes sociales los videos que retrataban los actos vandálicos casi en vivo. Y dentro de la misma movilización surgieron las voces de reclamo que consideraban esos hechos como una mancha a las consignas de fondo de los estudiantes. Las sedes de RCN Radio fueron atacadas nuevamente, como pasó el 10 de octubre pasado, ensañándose con un medio de copmunicación por donde han pasado los líderes estudiantiles. Esta vez en un momento de la tarde un manifestante oculto detrás de un saco gris le lanzó una bomba incendiaria al patrullero Óscar Felipe Ballesteros, quien acompañaba la movilización provisto solo de su escudo. Prendido en fuego pudo salir sin daños graves. El mismo afectado lo contaría ante los medios de comunicación un par de horas después: "Gracias a mis compañeros la situación no pasó a mayores y estoy bien. Gracias a mi compañero que me sacó de las llamas". Le puede interesar: "Si le llega a pasar algo a algún periodista de RCN, el principal culpable es Gustavo Petro" Mientras caía la noche, y pese a esos actos de algunos manifestantes no identificados, el grupo que salió de la Nacional continuó su recorrido y a las seis de la tarde la marcha había recorrido unas sesenta cuadras y se aproximaba a la calle 100. “Viva el paro nacional”, decían al unísono. “Acabamos de hacer una exitosa movilización, masiva e histórica”, contaba en sus redes sociales Jennifer Pedraza, una de las líderes de la manifestación. Hasta ese punto, los manifestantes no habían interrumpido el flujo de transeúntes en las vías, y eso había sido clave para sostener la tranquilidad. Pero al llegar a la calle 100 con autopista Norte bloquearon todo la vía. Decenas de carros se estancaron en las vías porque la movilización se asentó a sus anchas. El transporte colapsó y pronto la fuerza pública y las reacciones de los marchantes rompieron con la calma. La idea de culminar la manifestación de forma pacífica se disolvió.

Foto: Julián Andrés Galán Caicedo. Los locales cerraron apresurados, dejando atrapados a algunos compradores. Otros se atrincheraron a esas puertas y pidieron que los dejaran entrar. El cruce de gases lacrimógenos y bombas aturdidoras  por parte de policías y agentes del Esmad, más las agresiones físicas, incluso con piedras por parte de algunos estudiantes se prolongaron por varias horas en ese punto. Los bogotanos que esperaban el TransMilenio, y que se escondían detrás de postes, presenciaron una batalla campal que no se había visto en las últimas marchas universitarias. "Los compañeros temen por su integridad, se sienten intimidados y piden garantías para salir", representante de la Corporación Colombiana para los Derechos Humanos. La situación fue tan atípica que las autoridades se dirigieron a la ciudadanía cuando las calles aún eran escenario de enfrentamientos. Mientras las inmediaciones de la autopista Norte seguían en caos, el general Hoover Penilla entregaba el parte policial: "Ya vamos para dos meses en los que cada semana se presentan dos o tres marchas y si vamos a hablar del año, estamos pasando los 1.700 hechos de movilizaciones, concentraciones, marchas y mítines. Y esto ha traído una perturbación en todos los ángulos". El alcalde Enrique Peñalosa anunció la investigación de los actos violentos: "Que quede claro que vamos a ser cada vez más drásticos contra los que cometen estos abusos contra ciudadanos que no tienen nada que ver con las cosas por las que protestan. La protesta es legítima pero dentro del marco de las normas". Mientras desde Villavicencio, el presidente Iván Duque también se refirió a los desmanes: "Pueden tener la certeza, que como presidente estaremos buscando los responsables de estos hechos violentos que todos los colombianos debemos rechazar. La libertad de expresión, la protesta pacífica son principios contemplados en la Constitución, pero no pueden ser abusados, a través de la violencia, y buscar a través de la violencia afectar los derechos colectivos del pueblo colombiano". Le puede interesar: "Todos los colombianos debemos rechazar estos actos violentos": Duque El parte que entregaron las autoridades fue de 8 policías heridos y 22 personas capturadas. Sobre la noche de este jueves aún estaba por establecer cuántos manifestantes o transeúntes desprevenidos resultaron lesionados, y cuantificar un aproximado de los daños materiales. Pero los contenidos que se replicaron en las redes sociales anticipan ese balance. El video de un carro que embiste a alta velocidad a un grupo de personas que lo rodeaban, las imágenes del patrullero Ballesteros en llamas, o las de los manifestantes arrastrados por la fuerza de policías armados con macanas; los trancones interminables en las vías principales; incluso la transmisión televisiva de El Campín —donde se jugaba la semifinal de la Copa Sudamericana— que durante varios minutos estuvo vacío por cuenta de la ausencia de los hinchas santafereños que, con una ciudad bloqueada, no encontraban el camino al estadio.

*** Los enfrentamientos se fueron desescalando a medida que los estudiantes se alejaban del lugar de los disturbios sobre la calle 100. Pese a que la intervención de la fuerza pública buscaba restablecer el tráfico, los choques causaron un mayor caos vehícular y los desmanes atraparon a decenas de personas que, sin ser parte de la trifulca, solo buscaban ponerse a salvo. Hacia las 8:30 de la noche la autopista Norte recobró parte de su movilidad. Pero la  noche guardaba un episodio extraño. Hacia las nueve, una mujer,  que con un grupo de quince personas se resguardaban de la avanzada de la Policía y el Esmad en un almacen de cadena ubicado en la carrera 19 con calle 97, almacen que era custodiado por la misma Policía que impedía el ingreso de otros transeuntes, sufrió un ataque de pánico.

Según las autoridades, los agentes estaban evitando que el local fuera saqueado. Mientras que representantes de la Corporación Colombiana para los Derechos Humanos acompañaron el proceso y catalogaron el hecho como una retención arbitraria. “Tomar fotos de las cédulas en estas circunstancias es ilegal. Además los compañeros temen por su integridad, se sienten intimidados y piden garantías para salir”, dijeron. Finalmente, media hora después, los encerrados empezaron a salir a cuentagotas, así mismo como la ciudad empezó también a normalizarse después de una noche traumática. Las consecuencias de las marchas aún se desconocen, y el ministro de Defensa, Guillermo Botero, ya dijo esta mañana que la próxima semana presentará un poryecto ante el congreso para endurecer las penas de cárcel a quienes atacan a miembros de la fuerza pública, trámite para el que ya se adelantó el Centro Democrático, que pide condenas de hasta 50 años. Botero también pidió que el Congreso regule las protestas, como "lo ha pedido la Corte Constitucional a través de una ley estatutaria".  Por ahora, el único balance de la marcha que se puede presentar es que la discusión sobre la movilicización estudiantil pasó del déficit de la educación pública a la violencia de las protestas.