Falabella avanza en su propósito de ser la empresa más sostenible del retail de América Latina. Para lograrlo, sus acciones se apalancan en cuatro pilares fundamentales. El primero está asociado a la innovación, transversal a todo el modelo de negocio, la convergencia de la operación física y digital, y la omnicanalidad. El segundo, tiene que ver con ser cada vez más verdes, y esto se traduce en la búsqueda de un portafolio más consciente, el fortalecimiento de la economía circular y la buena disposición de residuos. El tercero hace referencia al desarrollo local, el trabajo que realizan de la mano de la industria de la confección en el país; y el cuatro, a políticas de equidad e inclusión.

Con base en estos ejes de su estrategia de sostenibilidad, la compañía se ha trazado una serie de acciones que vienen impactado su operación en América Latina, y le han permitido diferenciarse en el mercado de forma notable. Sobre esto conversamos con Cristina Botero, gerente de Asuntos Públicos, Comunicaciones y Sostenibilidad de Falabella Colombia.

¿La estrategia de sostenibilidad de Falabella está planteada, de la misma manera, para todos los países donde operan?

C.B.: Sí, estamos muy alineados, y los ejes de acción son los mismos, aunque tienen algunos matices, de acuerdo al nivel de madurez en algunos temas. Por ejemplo, en lo que respecta a ‘+Verde’ Colombia está más evolucionada que Chile, pero allí están más avanzados en lo que respecta al portafolio. Sin embargo, ellos no tienen una industria nacional de la confección, y para la operación chilena este no es un tema relevante; mientras que para nosotros en Colombia es clave. Aquí hemos hecho más cosas en materia de discapacidad, y ellos en diversidad sexual.

Falabella se destaca como una de las mejores empresas para trabajar en Colombia, según el ranking internacional Great Place To Work. ¿Qué caracteriza la actual gestión del talento humano?

C.B.: Nos esforzamos en captar y preservar un talento diverso, inclusivo, que disfrute lo que hace, que sea ágil, que innove todo los días; y también nos concentramos en promover un entorno donde haya tolerancia al error.

En los reconocimientos que ha recibido por su estrategia de sostenibilidad, sobresale la incorporación de la perspectiva de género en sus procesos de gestión del talento…

C.B.: En términos de equidad de género somos unos convencidos de que hay que seguir potenciando a la mujer para que al llegar a su edad madura, que es cuando se tienen mayores compromisos familiares, no desista de sus sueños. Las mujeres tenemos muchas inseguridades o miedos, o hay contextos donde sentimos que no tenemos las mismas oportunidades, y en ese sentido Falabella ha sido insistente en darle continuidad a la red de Mujeres Conectadas, conformada por colaboradoras de la compañía, en donde se generan espacios de conocimiento de distintos temas. Además, hay un protocolo de violencia de género dentro de la organización que hace parte del gobierno corporativo.

¿Cómo ha sido la inclusión de personas con discapacidades cognitivas o físicas?

C.B.: Tenemos un programa de selección enfocado en esta población de colaboradores. Ponemos a su disposición herramientas, como las tabletas, para que puedan comunicarse con sus compañeros o clientes. Incluso, contamos con una aplicación desarrollada por el Ministerio de Tecnología para facilitar la comunicación con las personas sordas y sus carnés tienen el código QR para que puedan identificarse.

¿Cuáles han sido las estrategias más efectivas que han implementado hasta ahora para reducir emisiones?

C.B.: Para la reducción de emisiones, en el eje +Verde aseguramos tres frentes. El primero, tiene que ver con contar con un portafolio de marcas cada vez más conscientes, y para esto es clave la materialidad del producto como algodón orgánico o reciclado, fibras certificadas o poliéster reciclado —ya tenemos más de 1.500.000 productos, de las distintas marcas de Falabella—.

El segundo se refiere a una operación más sostenible, por eso durante 4 años consecutivos hemos recibido la certificación del Icontec de carbono neutralidad. De hecho, ya hemos compensado más de 20 mil toneladas de emisiones de Co2 que genera nuestra operación. Adicionalmente, desde el año pasado todas nuestras tiendas están abastecidas con energía renovable y de las 26 que tenemos a nivel nacional, 12 tienen certificación LEED Interiores Comerciales.

El tercer frente se enfoca en cómo fortalecer la economía circular, es decir, cómo generar menos residuos o hacer un mejor aprovechamiento de los residuos que generamos.

Ha resultado un gran desafío posicionar el concepto de economía circular. Por eso nos gustaría conocer más en detalle las iniciativas en las que avanzan en este sentido…

C.B.: Por ejemplo, hoy podemos decir que el 86 por ciento de los residuos que generamos está siendo reutilizado: cartón, plástico, plástico PET, madera y papel. En el caso de los ganchos de la ropa que vendemos, hemos reutilizado más de 360 toneladas, lo que equivale a más de 1.200.000 ganchos. En nuestra operación e-commerce, las bolsas de los paquetes donde se despacha el producto a los clientes tienen un porcentaje importante de componentes reciclados y en nuestro centro de distribución, acabamos de incorporar unas máquinas que nos permiten reutilizar el cartón, en reemplazo del papel burbuja, que es altamente contaminante.

Además, desde hace dos años implementamos en nuestras tiendas buzones de ropa para incentivar la disposición del residuo textil. Con esta iniciativa hemos recolectado hasta 1 tonelada de prendas de clientes, que le entregamos al Minuto de Dios y este lo comercializa a precios muy bajos. Lo que ya no funciona para ser usado como vestimenta se reutiliza como estopas de limpieza. En esta línea tenemos en la tienda de La Colina el primer Taller F, un espacio donde es posible darle una nueva vida a una prenda que no se usa, con estampados, taches o perlas, por mencionar algunas alternativas, que podrían terminar en un relleno sanitario.

¿Cómo han recibido los clientes estas transformaciones?

C.B.: Esos cambios son una evidencia de hacia dónde va el mundo. Aunque unos vamos más avanzados que otros, aún nos queda mucho camino por recorrer. Lo que nos dicen los estudios de tendencias de mercado es que el consumidor de hoy, en especial en los rangos de edades más jóvenes, exige de marcas como Falabella un mayor compromiso con el planeta.

La pandemia significó días de incertidumbre pero también de grandes oportunidades. ¿Cómo se ve hoy, en retrospectiva, ese panorama?

C.B.: A pesar de todo lo difícil que fue la pandemia, evidenció muchas oportunidades de mejora y pudimos acelerar procesos que de otra manera no se hubieran dado o ejecutado en mucho tiempo. Nos pasó a nosotros y a muchas empresas. Imagínate lo que significó tener las tiendas cerradas casi 60 días, todo se comercializaba en e-commerce, que en nuestro caso creció más del 500 por ciento de un momento a otro. Los call center se tuvieron que trasladar a las casas. Enfrentamos todo tipo de dificultades.

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