Suena el primer Tik Tak de hoy jueves 7 de abril en SEMANA y suena por los lados de la solución que la alcaldesa Claudia López encontró para dispersar a los motociclistas de las calles de Bogotá.

Pero veamos primero de dónde venimos, de una advertencia suya, de ella, rotunda, de que Bogotá atraviesa por uno de los peores momentos en cuanto a los riesgos contra la vida y contra la ciudad en materia terrorista que hayamos enfrentado.

Semejante anuncio fue el marco en el cual la alcaldesa consideró, en contra incluso de autorizadas opiniones de expertos en seguridad que indican que esa medida ha mostrado resultados bastante relativos en la práctica, prohibir llevar parrilleros y además exigirles a las motos algo tan elemental como ir bien identificados con su número de licencia de movilidad. De hecho, la alcaldesa le metió cifras al asunto para justificar su decisión, y dijo que el 57 % de los homicidios en Bogotá se producen jueves, viernes y sábados entre las horas de la noche y la madrugada.

Los motociclistas le reclamaron ayer a la alcaldesa por haberlos estigmatizado como sicarios y ella pidió perdón, y hasta ahí es comprensible. Lo que siguió ayer fue el arreglo con las motos que se vuelve supremamente incomprensible. Primero aplazar la medida una semana, como si las cosas fueran a cambiar en una semana la situación de Bogotá y el peligro que siente la ciudadanía y los pasos de animal grande del terrorismo en la ciudad.

Y segundo, hacer la excepción cuando el parrillero sea mujer, ¿cómo irá a hacer la policía para identificar a las mujeres debajo del casco? Se supone que esta medida es para despejar la atención de la policía, para que se puedan ocupar en defender a la ciudadanía de otras maneras; pero no, van a poner a la policía a que de moto en moto vea si el parrillero es hombre o si es mujer.

¿Y qué pasa con quienes se consideran el sector LGBTIQ? Aplazar la medida y ponerle una excepción de género indica que esta medida no era imprescindible y que nos hubiéramos podido ahorrar dos días de caos total en la ciudad.

Pero a la congestión de ayer causada por las motos se sumaron las horas de horror ocasionadas por los indígenas emberás, que se quedaron a vivir en el Parque Nacional y que ayer optaron por secuestrar a la gente, incluso en sus carros, durante más de tres horas; amenazándola con palos, piedras, dardos y flechas si no pagaban una plata para poder moverse.

También procedieron a destruir varios vehículos rompiendo sus vidrios. Las personas que transitaban a esa hora por el céntrico sector de la carrera séptima con 35 pasaron verdaderos momentos de terror.

Total, la ciudad al garete, se le salió de las manos a la alcaldesa, y la alcaldesa tomando medidas que luego negocia con concesiones ridículas, aplazando su entrada en vigencia, como si su advertencia sobre el delicado momento que atraviesa la ciudad también se fuera a ir de vacaciones de Semana Santa y como si convertir a los parrilleros solo en mujeres fuera a resolver el problema de inseguridad de la ciudad.

No, alcaldesa, sin improvisar tanto, piense las cosas primero, negocie las cosas primero, pero no tome unas medidas que luego ante la presión de los hechos usted resuelve reversar con pañitos de agua caliente.