opinión

Un bálsamo ante el horror

Esta crisis causada por la pandemia de covid-19 ha encerrado a las mujeres, quienes asumen calladamente su nueva condición, en la que se dedican exclusivamente a los trabajos de cuidado, no solo de sus hijos sino de adultos mayores o en situación de discapacidad.

3/2/2021
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El día de ayer, Geraldine, a través de cuenta de Twitter escribió: “Alguien de buen corazón que nos dé puerta esta noche a mí y a mi hijo. Estamos en un ambiente agresor […]” la respuesta de algunas personas no se hizo esperar, hubo quienes se ofrecieron a pagar la cuenta de hotel para ella y su pequeño, otras buenas almas, le ofrecieron incluso, su casa.
Sin embargo, esta no es únicamente la historia de Geraldine, sino de miles de mujeres colombianas que la pandemia las ha obligado a dormir con el enemigo, según el Observatorio Feminicidios Colombia, durante 2020 se registraron 630 feminicidios y más de 10.000 casos de violencia de género dentro de los hogares; mujeres que desafortunadamente, no cuentan con otra opción sino la de resignarse a soportar los ataques de sus parejas en medio de una crisis aciaga como la que atraviesa hoy el país, en medio de la que, las que más han sufrido son las mujeres.
De acuerdo con los datos del mercado laboral la tasa nacional de desempleo promedio de enero a diciembre de 2020, revelada por el Dane, fue del 15,9 por ciento, a pesar de que, hubo una leve recuperación en diciembre pasado, el desempleo masculino fue de 10,1 por ciento, mientras que, el femenino fue de 17,9 por ciento; evidenciándose de esta manera, que son las mujeres las que más han perdido sus puestos de trabajo. Esta crisis causada por la pandemia de covid-19 ha encerrado a las mujeres, quienes asumen calladamente su nueva condición, en la que se dedican exclusivamente a los trabajos de cuidado, no solo de sus hijos sino de adultos mayores o en situación de discapacidad; situación que les impide pensar en tener alguna preparación académica o buscar un empleo.
En medio de la tormenta y entendiendo las nefastas consecuencias, no solo para la economía del país sino para el bienestar físico y mental de todos los colombianos, especialmente de las mujeres, considero que fue determinante la defensa del PAEF (Programa de apoyo al empleo formal) en el congreso, para brindar un bálsamo a la dura crisis de las mujeres; en este sentido, el PAEF brinda un apoyo la nómina de las empresas, por medio de un aporte estatal mensual del 40 por ciento ($363.000), por cada empleado y del 50 por ciento ($454.000) si los empleados son mujeres o se dedican a las actividades turísticas, hoteleras y de gastronomía; un apoyo, que ha sido fundamental para evitar el cierre de muchas empresas y sobre todo, para incentivar a que las empresas mantengan en su nómina a las mujeres; a la fecha, se han beneficiado 860.246 empleos y se han girado a estas empresas más de más de 189.000 millones de pesos[1]; incentivando a que las empresas conserven su mano de obra femenina. Soy una convencida, desde siempre, que las mujeres necesitan recursos y educación, más allá de discursos rimbombantes sobre su belleza o su dulzura; también considero que la labor en el Senado no es del que más medios acapare, por ser el que más grita o el que más polémicas genere -aunque este juego se haya convertido en el modus operandi de muchos- sino del que realmente, haga el trabajo que le corresponde, el de servir. Y esto, va más allá de un espectáculo de bombos y platillos, se trata de saber que a través medidas como ésta, mujeres como Geraldine, puedan engancharse laboralmente o conservar sus empleos, ese empleo que les permite seguir con vida, alejarse de sus agresores y proteger a sus hijos.

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