El éxito de una película en el mercado no sólo depende de que sea buena. Hay factores adicionales que hacen que una producción tenga una mayor taquilla y en eso influye la clasificación de edad que reciba. Es obvio que una producción cinematográfica apta para todos los públicos tiene más opciones de éxito en la taquilla que una clasificada para adultos. Por eso cuando llega el momento de exhibir una película el distribuidor - en caso de que sea una producción extranjera-, o el productor -en el caso de que sea nacional-, se encuentra ante la expectativa de la clasificación que recibirá. Si la película tiene contenidos sexuales fuertes y explícitos seguramente será clasificada para mayores de 18 años o tripe x. Si tienen escenas violentas y crueles, será para mayores de 15 años. Y así sucesivamente. Pero ¿quién clasifica las películas en Colombia? ¿Y bajo qué criterios lo hace? Desde 1970 existe en el país un comité de clasificación de películas que en la actualidad está coordinado por la Dirección Cinematográfica del Ministerio de Cultura. Cuatro personas (un padre de familia, una sicóloga, un abogado y un experto en cine) tienen la tarea de llegar a un consenso sobre las categorías en que las encajan los filmes que se muestran en las salas de cine, un promedio de 180 al año. Hasta ahí todo va bien. El problema surge cuando las distribuidoras y el comité no se ponen de acuerdo respecto a la clasificación que recibe una película. Es obvio que a los distribuidores no les sirve que clasifiquen sus películas para un público para el que ellos no consideran apto. Esto puede significar salas vacías y taquillas ruinosas. El problema es aún más grave si se tiene en cuenta que la clasificación de una película a nivel mundial no suele variar mucho. Por eso cuando el comité difiere del distribuidor suele abrirse la polémica, tal como pasó hace unos meses con 9 Canciones 9 orgasmos del prestigioso director británico Michael Winterbottom, que fue clasificada en un principio como cine porno. Lo mismo pasó en su momento con películas como Lucia y el sexo, del español Julio Medem, Intimidad, del francés Patrice Chéreau, e Irreversible, del también francés Gaspar Noé. “Estos problemas nos generan dilemas a las distribuidoras a la hora de escoger las películas que traemos. Siempre nos planteamos ¿Será que podremos traer esta película al país? ¿Será que nos tildan de pervertidos?”, explica Federico Mejía, de Babilla Cine, una de las distribuidoras de cine independiente en el país. “¿Será que los distribuidores se tendrían que dedicar a mostrar películas más tranquilas pero que no representan necesariamente lo que se presenta dentro de la cinematografía mundial?”, es el gran cuestionamiento de Mejía David Melo, director de la dirección cinematográfica del Ministerio de Cultura argumenta que el Ministerio sólo recibe seis o siete apelaciones cada año de parte de las distribuidoras por no estar de acuerdo con la clasificación de las películas. En ese caso él, por ser la cabeza de la Dirección de Cinematografía, cita a varios expertos para ver la película y en conjunto deciden si se debe mantener o no la clasificación dada por el comité. “Este comité tiene sentido por el tema de los menores”, argumenta Melo, quien agrega que Colombia es uno de los países menos conservadores de la región. Entre los países del norte de Surámerica es el que exhibe mayor número de películas de cine independiente. El sexo suele ser el tema más controvertido en el momento de clasificar a una película. Frente a este tema Federico Mejía se cuestiona: “¿Por qué son tan estrictos con el sexo pero tan permisivos con la violencia? Yo estoy de acuerdo con el cine de autor que muestra al sexo como un argumento que ve en la intimidad un reflejo de los seres humanos.” Para los realizadores de cine en Colombia el tratamiento del sexo puede llegar a convertirse en un dilema. Se teme que la inclusión de varias escenas de este tipo vaya a traer consecuencias a la hora de ser clasificadas. Lo que podría, en últimas, generar una autocensura, pues el éxito de estas producciones depende de la taquilla que haga básicamente en las salas nacionales. “Algunas películas las clasificamos como pornográficas por las escenas de sexo explícito. Yo he visto unos problemas en estas películas y es que son pésimas, en el caso de ‘9 canciones 9 orgasmos’ no existe tema, utiliza esto para vender. Me parece que la película no tenía ninguna razón para ser hecha, que no tenía ningún argumento a aparte del sexo para hacerse”, dijo Julio Luzardo, que es el experto en cine del comité clasificador. Para algunos como Mejía, el problema de la clasificación restrictiva se remite a una doble moral que pretende ocultar una realidad contundente. Para otros, como Catalina González, del área de mercadeo de 20th Century Fox para Colombia, es falta de hábito. “La gente no está acostumbrada a ver el sexo explícito como un tema común en la pantalla grande”, dice ella. La dificultad de encasillar las películas en rangos tan amplios como los que existían anteriormente (todos, 12 y 18 años) hizo que el Ministerio de Cultura abriera hace un tiempo dos nuevas categorías: para mayores de 7 y para mayores de 15. Es así como entre las 192 películas que se clasificaron el año anterior 36 fueron clasificadas para todos los públicos, 23 para mayores de siete años, 78 para mayores de 12 años, 22 para mayores de 15 años y 33 para mayores de 18 años. Muchas de las películas clasificadas para adultos hacen parte de ese paquete de más de 50 producciones de cine independiente que llega al país cada año. En el caso de 9 canciones 9 orgasmos, la distribuidora apeló la decisión del comité y el Ministerio le permitió comercializarla en la categoría de mayores de 18 años. Sin embargo, una supuesta edición de la película dejó otro interrogante en el aire: ¿se pueden manipular los filmes para adaptarlas al público? “Por derechos de autor, las películas son intocables. Hacerlo implica unas sanciones hasta judiciales, es un delito contra la propiedad intelectual”, explica Julio Luzardo, experto en cine y miembro del comité de clasificación desde hace cuatro años. “A los distribuidores tampoco nos pueden culpar porque en Colombia no contamos con los equipos de edición necesarios, están solo en México y Argentina”, afirma Vidal Orozco, dueño de la distribuidora VO Cines y responsable de la introducción de 9 canciones 9 orgasmos al país. Con clasificación se aplica el refrán que cada uno habla de la fiesta según le vaya. Aunque los que más sufren seguirán siendo los que apuestan por el cine independiente.