La creatividad y la cultura como eje de las llamadas industrias creativas constituyen un importante elemento del producto interno bruto nacional (PIB), y pesan mucho más a nivel mundial que otros sectores tradicionales, lo que muchas veces pasa desapercibido en mediciones y políticas públicas.Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), este sector representó el 6.1% de la economía global en el año 2005, a pesar de su relativo desconocimiento. Para el año 2011 las economías asociadas a las industrias creativas alcanzaron los $4.3 billones de dólares estadounidenses, lo que representaría el 120% de la economía de la República Federal Alemana, o 2 ½ veces los gastos militares globales.Así mismo, la última década ha sido beneficiosa para el comercio de bienes y servicios asociados a las industrias creativas, según la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD), entre 2002 y 2011, las exportaciones por concepto de bienes y servicios crecieron 134%, casi el doble del 71% presentado por las transferencias de armas.Dentro de las industrias creativas encontramos muchas expresiones en las que nuestro país tiene mucho potencial, y en el que tiene mucho por dar. Ejemplo de esto son las artes visuales, artesanías, diseño, arquitectura, joyería, cultura, recreación y publicidad; solo por mencionar algunas.Además de esto Colombia es un nicho importante en gastronomía, curaduría, diseño gráfico, carnavales, reinados y festivales, todas expresiones culturales que fomentan sinergias alrededor de la economía creativa.Para el año 2012 la firma Price Water House Coopers estimó que las industrias de entretenimiento (conjunto de actividades culturales y creativas en el corazón de la economía creativa), inyectarían $2.2 billones de dólares anuales a la economía mundial, lo que equivaldría al 230% del valor de las exportaciones petroleras de los Estados miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).No son pocas las expresiones de institucionalidad internacional que se ocupan de estos temas. Es así como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), la UNCTAD y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), además del BID, han identificado esto como una prioridad no solo económica, sino de desarrollo y competitividad.Latinoamérica y el Caribe conforman un crisol de culturas y expresiones asociadas a las economías creativas. Su riqueza en danza, folclor, música, teatro, etc., ha permitido que en el Siglo XXI se hayan desarrollado industrias sobresalientes de producciones audiovisuales, fonográficas y de medios, entre otras.Colombia tiene un déficit en materia de solicitud de registros de propiedad intelectual. Según la OCDE, para el 2013 se presentaron 2.032 patentes, 261 modelos de utilidad, 36.562 registros marcarios, 766 diseños industriales, lo que muestra el inmenso potencial que tiene el país, y que seguramente se pierde por los limitados recursos destinados para ciencia y tecnología, o el desconocimiento de los inventores, creadores y diseñadores que no tienen noción del valor económico y moral que sus valiosas creaciones revisten.En el ámbito nacional cursa un proyecto de ley que fomenta la llamada economía creativa (Ley Naranja), y los Planes de Desarrollo están evidenciando las industrias creativas como un factor importante de desarrollo de municipios y ciudades (Bogotá lo acaba de incluir en el PDD 2016 – 2019). Este sector representa un gran potencial para un país rico en expresiones artísticas, y con jóvenes profesionales que se educaron con las tecnologías de la información, y que tienen mucho que aportar.El futuro es promisorio en materia de industrias creativas. El Centro de Innovación y Emprendimiento de la Universidad Autónoma del Caribe adelanta concursos de creatividad y emprendimiento, en el marco de la iniciativa “Idea tu Empresa” se impulsan desarrollos como aplicaciones para teléfonos móviles, prendas de vestir inteligentes y herramientas como bastones inteligentes para invidentes.La Economía Creativa es una gran oportunidad que Latinoamérica y el Caribe no pueden desperdiciar, su bono demográfico y la calidad de sus instituciones educativas la hacen un terreno fértil para que la creatividad y emprendimiento sean un motor de prosperidad.* Rector de la Universidad Autónoma del Caribe