La presión arterial alta se presenta cuando la sangre fluye a través de las arterias a presiones más elevadas de lo normal. Cuando esos niveles son muy altos se les conoce como hipertensión.

Según el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos, la presión arterial se compone de dos números: la sistólica y la diastólica. La primera es la presión que se registra cuando los ventrículos bombean sangre fuera del corazón; mientras la segunda, se da entre latidos cuando el corazón se está llenando de sangre.

La presión arterial cambia a lo largo del día según las actividades que las personas realizan. La mencionada fuente asegura que, en la mayoría de los adultos, la presión arterial normal es menos de 120 sobre 80 milímetros de mercurio (mm Hg), que se escribe como la lectura de la presión sistólica sobre la lectura de la presión diastólica: 120/80 mm Hg.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la mayoría de personas hipertensas ignoran que lo son debido a que es una enfermedad silenciosa que no siempre presenta síntomas o signos de alerta, por lo que es muy importante medir la tensión arterial periódicamente.

Cuando se presentan algunas señales, estas se reflejan en cefaleas matutinas, hemorragias nasales, ritmo cardiaco irregular y alteraciones visuales. La hipertensión grave puede provocar cansancio, náuseas, vómitos, confusión, ansiedad, dolor torácico y temblores musculares.

Como en muchas otras enfermedades, para mantener bajo control la presión arterial se debe recurrir a la ingesta de una alimentación saludable y la dieta recomendada es la Dietary Approaches to Stop Hypertension (Dash), que, según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, ayuda a bajar la presión arterial alta, el colesterol y otras grasas en la sangre.

Así las cosas, es ideal para ayudar a reducir el riesgo de ataque cardíaco y accidente cerebrovascular y también contribuye con la pérdida de peso. Esta dieta es baja en sodio (sal) y rica en nutrientes.

Una persona con problemas de hipertensión debe consumir muchas verduras, frutas y productos lácteos sin grasa o bajos en la misma. Debe incluir en su dieta granos enteros, legumbres, semillas, nueces y aceites vegetales; pescado, aves y carnes magras; reducir la sal, las carnes rojas, los dulces y las bebidas azucaradas y también minimizar la ingesta de bebidas alcohólicas.

Los parámetros de la dieta Dash indican que se deberían comer de cuatro a cinco porciones al día de verduras y el mismo número de frutas; de dos a tres porciones de productos lácteos sin grasa o bajos en grasa, tales como leche o yogur; de seis a ocho porciones de granos; dos de carnes magras; de cuatro a cinco de legumbres, semillas y nueces a la semana y dulces, menos de cinco veces a la semana.

No a la grasa saturada

Se deben reducir los alimentos que sean ricos en grasa saturada porque son de los mayores factores de riesgo para la cardiopatía. En la lista se incluyen: las yemas del huevo, los quesos duros, la leche entera, la crema de leche, el helado, la mantequilla y las carnes grasosas.

De igual forma, se debe limitar la ingesta de productos procesados y fritos; la cantidad de productos horneados preparados comercialmente como las galletas dulces y saladas y, adicional, se debe prestar especial atención a la forma como se consumen los alimentos.

De acuerdo con los especialistas, las maneras saludables de cocinar pescado, pollo y carnes magras son asar a la parrilla, a las brasas, hervir y hornear y evitar agregar aderezos o salsas ricas en grasa.

Adicionalmente, las personas hipertensas también deben consumir alimentos que sean fuente de fibra soluble. Estos incluyen avena, salvado, guisantes y lentejas, fríjoles (tales como habichuelas y fríjol negro y blanco), algunos cereales y arroz integral.

Esto se debe complementar realizando al menos 30 minutos de ejercicio de intensidad moderada la mayoría de los días de la semana. Por ejemplo, hacer caminata rápida o montar en bicicleta. Lo ideal es practicar por lo menos dos horas y 30 minutos de ejercicio por semana.