En ocasiones, las personas tienen muchas ganas de comer y al hacerlo no pueden parar. Esto ocurre debido a que se tienen bajos niveles de la hormona leptina, que es la encargada de regular el apetito y el gasto de energía en el cuerpo. Esta alteración significa que lo que la persona consume por medio de los alimentos y lo que gasta no es proporcional.

Esta dolencia es conocida como lipodistrofia. De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos, es una condición de origen genético o adquirido. Además, trae complicaciones serias relacionadas con los niveles de triglicéridos y azúcar en sangre.

Según el doctor Carlos Estrada Serrato, médico y cirujano especialista en genética, hay estudios que demuestran que pueden pasar hasta 30 o 40 años para alcanzar un diagnóstico de aquellas personas que tienen una forma moderada de esta patología. En general, para esta condición pueden pasar en promedio más de 14 años antes de encontrar el diagnóstico.

ASÍ SE VE UNA PERSONA CON LIPODISTROFIA | Foto: Prensa Acopel

Por lo cual es probable que en el país exista un subregistro del número real de pacientes que la tienen, pues es escaso el conocimiento que se tiene sobre la lipodistrofia. Según la web de la Organización Práctica Familiarrural, se estima que, una persona de cada diez millones de recién nacidos vivos podrían tenerla.

Por ello, vale mencionar que uno de los principales síntomas es la hiperfagia, que es el deseo de comer excesivamente a cualquier hora del día, aun pese al consumo reciente de alimentos, como registra Medline Plus. Esto se suma a síntomas como:

  • Cansancio.
  • Dolores articulares.
  • Manifestaciones en la piel por la acumulación inadecuada de tejido adiposo.

Así las cosas, al tratarse de una enfermedad metabólica, es vital, trabajar en la disminución de los tiempos de diagnóstico, de manera que se facilite el abordaje integral de las múltiples manifestaciones y complicaciones clínicas, como la enfermedad coronaria y cardiovascular, la diabetes mellitus.

Además del compromiso hepático, pancreatitis, llegando a una degeneración severa del hígado, hígado graso, agrandamiento de las manos, pies y la mandíbula, manchas oscuras y de apariencia aterciopelada en la piel y una edad ósea más avanzada que la edad del paciente.

LIPODISTROFIA ES UNA ENFERMEDAD QUE SE MANIFIESTA CON EL EXCESIVO DESEO DE COMER | Foto: Acopel

Asimismo, expertos aseguran que se debe estar alerta frente a síntomas como intolerancia a la glucosa, diabetes y trastornos metabólicos representados en altos niveles de colesterol y triglicéridos.

El Día Mundial de esta condición poco frecuente, que se conmemora el 31 de marzo, a propósito de la fecha, los especialistas buscan sensibilizar a la población sobre aquellas señales que podrían indicar que estamos frente a un paciente que requiere apoyo integral, al igual que su familia, destaca Andrés Felipe Morales, coordinador del grupo de pacientes de lipodistrofia de Acopel.

Y asegura que estos pacientes son personas de diferentes edades, con retos de salud física y emocional que necesitan ser comprendidos, tratados y acompañados por la comunidad para garantizarles una buena calidad de vida.

Es importante consultar a un nutricionista | Foto: Getty Images

De acuerdo con Estrada, resulta pertinente un manejo integral del paciente para promover una buena calidad de vida. El apoyo médico multidisciplinario incluye intervención por parte de nutrición, terapia física y ocupacional, endocrinología, cardiología, fisiatría y el concepto de un genetista.

Esto porque es el profesional que puede realizar un diagnóstico definitivo de la condición para reportar a las entidades del Gobierno y así lograr atender de forma integral a los pacientes, incluyendo su terapia farmacológica.

dieta cetogénica incluye un plan de comidas saludable para perder peso alto en grasas | Foto: Getty Images

Por su parte, Liliana Dávila, especialista en nutrición, destaca la importancia de la alimentación para el manejo adecuado de la lipodistrofia, que debe ir acompañado por actividades físicas que sean agradables para el paciente, de manera que se hagan con gusto y con la frecuencia necesaria.

“Los pacientes tienden a tener hambre de manera frecuente, esto los lleva a que vivan permanentemente pensando en qué van a comer, cuando ya se encuentran en tratamiento se controla este tema y, es factible moderar la ingesta de alimentos por tener sensación de saciedad. Espaciar las comidas también beneficia el control metabólico del azúcar”, señala la nutricionista.