Poder tomar bebidas alcohólicas sin sufrir los estragos que produce la resaca parece ser el objetivo de muchos productos que podemos adquirir en farmacias y en la red. Pero recientemente se ha ofrecido un nuevo y milagroso producto, sacado al mercado por la empresa sueca Myrkl, que promete ser la solución definitiva: la píldora que elimina la posibilidad de tener resaca si la tomamos antes de beber.

¿Hay algo de cierto en lo que se dice del nuevo producto? No, no hay nada milagroso. Además, el estudio en el que se basa plantea muchas dudas sobre su eficacia.

Una promesa muy peligrosa

Lo primero que preocupa de este y otros productos es el hecho de que prometen poder beber alcohol sin sufrir las consecuencias de la resaca. Eso hará pensar a los consumidores que pueden consumir bastante más alcohol, ya que no sufrirán los indeseables efectos posteriores.

No debemos olvidar que el alcohol es un tóxico muy potente responsable de millones de muertes prematuras anuales, que crea dependencia y que es responsable directo de daños cardiovasculares, hepáticos e intestinales y que también puede causar cáncer en diferentes órganos. Por todo ello, el que este producto vaya acompañado del mensaje de que se puede beber más sin que se sufran las consecuencias no es algo que debamos considerar precisamente saludable.

Un fármaco que no es un fármaco

Aunque podamos pensar que el producto ofrecido como antirresaca es un fármaco, en realidad no lo es. En todo caso, lo podríamos considerar como un suplemento nutricional formado por bacterias, vitamina B12 y un aminoácido, la cisteína.

Los efectos de la cisteína y de la vitamina B12 ya son conocidos por los consumidores de estos productos antirresaca. Son suplementos que se venden con la pretensión de ayudar a metabolizar el alcohol, pero cuya efectividad es bastante dudosa, y más en personas jóvenes, que no sufren carencia ni de la vitamina ni del aminoácido.

resaca - Imagen de referencia | Foto: Getty Images

La novedad del suplemento probiótico se encuentra en que contiene salvado de arroz fermentado que está enriquecido con dos cepas bacterianas del género Bacillus (B. subtilis y B. coagulans), que no son componentes mayoritarios del microbioma, pero que no producen daño. Pero esto tampoco es realmente nuevo. Basta con buscar los nombres de estas bacterias para comprobar que en el mercado hay una gran cantidad de productos en venta que contienen esporas a precios bastante considerables.

Está claro que la decisión de usar estas bacterias en concreto se basa en su facilidad para dispensarlas en cápsulas, ya que son muy estables por formar esporas. Además, estas dos especies ya han sido estudiadas para modificar el microbioma con el fin de tratar diferentes enfermedades.

El metabolismo del alcohol como fundamento

Casi todo lo que comemos pasa por el hígado, y por eso es uno de los órganos que más sensibilidad presenta a fármacos, tóxicos y nutrientes. Son principalmente las células hepáticas las que se encargan de eliminar el alcohol mediante una serie de enzimas. Una de ellas es la alcohol dehidrogenasa (ADH) que produce acetaldehído. Este producto es el causante de muchos de los síntomas de la resaca, entre ellos el aumento de la temperatura y del ritmo cardiaco, la disminución de la presión sanguínea, los vómitos y el dolor de cabeza.

Las bacterias que contiene esta píldora son capaces de metabolizar el alcohol hasta CO₂ y agua, por lo que su uso reduciría la entrada de alcohol en sangre y con ello la producción de acetaldehído y su liberación a la sangre. Así, menos alcohol en sangre produciría menos resaca. No obstante, antes de llegar al intestino, donde se encontrarían las bacterias, el alcohol ya produciría su efecto sobre la mucosa gástrica y el efecto debido a la deshidratación no desaparecería.

Una base científica muy débil y un estudio mal diseñado

La base científica de este producto es muy débil, ya que se basa en un único estudio, publicado hace un mes, y cuyos resultados y conclusiones dejan mucho que desear. Ni que decir tiene que no parecen existir estudios similares que asocien la actividad de estas bacterias con la resaca.

Lo primero que podemos concluir del estudio es que no queda claro que estas bacterias puedan alcanzar suficiente población como para, en tan solo 12 horas, reducir significativamente la incorporación de alcohol. El estudio que se realizó mantuvo a los participantes tomando el suplemento durante una semana. Obviamente, no es lo mismo una ingesta de una semana que la de unas horas antes de comenzar a beber.

Otro gran problema del estudio se basa en que los voluntarios fueron divididos en dos grupos: uno tomó placebo y otro el suplemento, y luego se hicieron las determinaciones. Lo ideal habría sido repetir el estudio dos veces para que todos los participantes hubiesen tomado placebo y suplemento. Eso habría permitido comprobar si un mismo voluntario respondía mejor con el suplemento que con el placebo.

Resaca o guayabo - Imagen de referencia | Foto: Getty Images

Y eso me lleva a la enorme dispersión de datos. Los investigadores presentan dos gráficas sobre el nivel de etanol en sangre y en el aire expulsado. Los valores medios de ambos grupos, placebo y suplementados, están tan cerca y presentan tal dispersión que dudo mucho que hayan hallado las diferencias significativas que afirman haber encontrado.

Me he permitido estimar la cantidad de voluntarios que deberían haber participado para alcanzar diferencias significativas y no son tan solo 24 participantes. La conclusión es clara: el estudio no está bien diseñado ni realizado y los resultados no pueden considerarse científicamente significativos ni consistentes.

Así que el producto milagroso se basa en una mezcla de compuestos que ya se venden contra la resaca, con dudosos efectos con las esporas de unas bacterias cuya cantidad no es suficiente para reducir significativamente la incorporación de alcohol. Si quieren evitar los fenómenos asociados con la resaca, como la deshidratación y los efectos del acetaldehído producido en el hígado, no beban alcohol (o no lo hagan mucho). Es la única forma.

Por: Guillermo López Lluch

Catedrático del área de Biología Celular. Investigador asociado del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo. Investigador en metabolismo, envejecimiento y sistemas inmunológicos y antioxidantes, Universidad Pablo de Olavide

Artículo publicado originalmente en The Conversation