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"Tierra en flor" (2020) de Carlos Jacanamijoy. Cortesía del MAMBO
"Tierra en flor" (2020) de Carlos Jacanamijoy. Cortesía del MAMBO - Foto: MAMBO

radiografías creativas

Sobre “Tierra en flor” de Carlos Jacanamijoy

Por: Cristina Esguerra Miranda

Es el título de la obra de Carlos Jacanamijoy que cuelga en la exposición “De voz a voz” del MAMBO. Sus lienzos atrapan la mirada por la exuberancia de sus colores y de sus formas. Muestran una visión de mundo distinta. Arcadia se adentró en ella.

La de Jacanamijoy es una tarea tan estética como metafísica. Para acercarse a sus obras hay que abrir la mente, y dejarse llevar por las sensaciones que evocan las combinaciones de color y de movimiento que flotan en el lienzo, y hablan de una cosmología que concibe la naturaleza como un ser con infinitos atributos.

El colombiano no es un artista totalmente abstracto. Sus coloridos trazos con formas indefinidas no son un intento por liberarse del peso del mundo real, como pretendía hacer el artista ruso Kazimir Malevich al inventar el Suprematismo. En palabras de Jacanamijoy, lo que pasa es que en sus obras “no está la visión de los paisajes europeos en los que se ve el horizonte, el cielo, los campos y los bosques. Lo que yo hago es presentar ángulos diferentes de visión. Mis obras son unas veces la mirada aérea de los pájaros, y otras, la vista subacuática de los peces.”

Esa afirmación cambia la manera como se ve y se entiende un óleo como “Tierra en flor,” que hace referencia al retoño de una orquídea que tenía en su casa, pero que en realidad habla de la fuerza vital de la naturaleza.

Jacanamijoy aprendió a verla no con los ojos sino con las tripas y con la mente. Por eso, a diferencia de los paisajistas europeos o de los colombianos de la Escuela de la Sabana, no retrata lo que tiene enfrente, en este caso una orquídea en una matera.

Su comprensión del universo está anclada en la cultura Inga. “Le rindo tributo a una cultura ancestral que entiende la multiplicidad de la naturaleza como expresiones distintas de una misma cosa. Los Inga, por ejemplo, no ven razas ni fronteras entre los seres humanos. Todos somos uno, y somos uno con el planeta.”

“Para los indígenas la tierra es sagrada. Cuando somos pequeños los abuelos nos enseñan por dónde debemos pisar. Si pisábamos una mata nos mostraban cómo hacerle una venia y pedirle perdón por haberle hecho daño. Nos contaban sobre los beneficios que podemos recibir de las plantas y de la tierra, y nos inculcaban cómo ser junto con la vegetación y los animales,” dice el artista.

“En el entorno en el que crecí, la gente vive una relación intensa con la naturaleza. Mi estilo de arte surge de reflexionar sobre cómo expresar esa manera de pensar y de sentir el mundo, esa estrecha relación entre los humanos y la tierra.”

Carlos Jacanamijoy

Jacanamijoy concibe el arte y la naturaleza casi de manera chamánica.

“Cada vez que pinto recuerdo las luces y los colores que veía en la selva, unos colores muy bellos que se acrecentaban dentro de mí cuando cerraba los ojos,” le dijo el artista al crítico de arte Álvaro Medina. Pintar los colores que ve con los ojos cerrados le permite “magnificarlos, transformarlos, porque en sus cuadros, [como] explicó en otra ocasión, ‘hay una búsqueda del origen,’” explica Medina en el libro “Jacanamijoy” de Villegas Editores.

“Hago las explosiones de color de una manera muy directa sobre la tela. Es una forma de atraer la mirada del espectador. Cuando se detiene a contemplar la obra, sostengo con él o con ella un diálogo visual sobre la pintura y las sensaciones. Me interesa que la gente se sumerja en mi arte como si estuviera metiéndose a un río, o que lo sienta como cuando uno saborea la comida. Mi arte es sensual, quiero que llegue a los sentidos y provoque diferentes estados. A veces coinciden con lo que experimentaba yo creando la obra.”

Jacanamijoy pinta todos los días. Solía hacerlo de noche, pero desde hace un tiempo comenzó a hacerlo de día y se enamoró de la luz de las mañanas bogotanas. Su ojo es la memoria, y cuando pierde el ritmo trata de recordar esa inocencia infantil y esa mirada de asombro. Ella le ayuda a inspirarse, a meterse en el mundo de la pintura, y a dejarse llevar como fuego, como los músicos de jazz cuando improvisan.

Pinta varios cuadros a la vez. “Mi taller está lleno de pinturas en proceso.” Eso tiene que ver con su proceso creativo pero también con el hecho de que el óleo se demora en secar. “Los voy trabajando por capas. El óleo da muchas posibilidades expresivas y texturas de color fresco” que le permiten capturar “esa vibración que tiene la naturaleza y que solemos no percibir” por andar metidos en nuestra cotidianidad. “En cuestión de instantes podemos perder ese sentido de la vida.”

“Esta pandemia nos ha servido para darnos cuenta de que no tenemos otro hogar sino la tierra y no tenemos para dónde correr'', escribió el artista en el artículo que publicó en el diario El Tiempo, como parte del proyecto “MAMBO de voz a voz”, que invitaba a reconocidos artistas colombianos a pintar su visión de la actual coyuntura. ”Hay que recuperar con urgencia esa relación estrecha y amorosa con la tierra que veneran los indígenas. Ya es hora de aprovechar esa sabiduría."

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