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Cartas


Hora crítica
Ciertamente, las elecciones pasadas “cambiaron la política”, como acertadamente lo señaló SEMANA en su edición n.º 1882. Ojalá los políticos hayan aprendido la lección que con gran claridad les ha dado un electorado cansado de sus muy conocidas malas prácticas. En cuanto a lo que nos espera en pocos días, los colombianos deberíamos tener en cuenta sobre todo la calidad de los candidatos y sus condiciones para estar al frente del gobierno nacional; además de su preparación, es necesario valorar su seriedad y responsabilidad, su serenidad y también su gentileza. Colombia es más frágil de lo que algunos creen, hay que cuidarla y no podemos ponerla en riesgo. Esta es una hora crítica, en la cual se requiere sensatez.
Carlos Julio Cuartas Chacón
Bogotá

¿Todavía con caciques?
Conocedores de los resultados de la reciente elección presidencial en la que quedaron dos aspirantes en la final (SEMANA n.º 1882), se presenta el caso irónico en que los diferentes medios de comunicación ubican a los electores colombianos como unos pobres mechudos sin ningún criterio personal al afirmar que están a la espera de lo que deciden Fajardo, Vargas y De la Calle, a qué candidato se adhieren para saber para dónde van esos votos. Totalmente ilógico que todavía piensen que estamos en los siglos XIX y XX, en los que la ignorancia y falta de cultura, el cacique de turno y el ‘candidato quemado’ obligaban y manipulaban a sus electores a elegir a uno de su preferencia a pesar de que no estaban de acuerdo con ello.
Carlos Roberto Riaño Sanabria
Bogotá

Otra historia
Por medio de la presente me permito llamar su atención en referencia al artículo ‘El caos trumpiano’, publicado en la edición n.º 1881 de su revista.
Decir que soldados que actúan para defender a sus ciudadanos “asesinan” es escandaloso, incitante y muy poco riguroso, y más aún cuando las evidencias cuentan otra historia.
Es inimaginable que una nota que sale a una semana de los disturbios violentos dirigidos por Hamás en la frontera entre Israel y Gaza se refiera de forma tan poco profunda a los acontecimientos.
Marco Sermoneta, embajador de Israel
Bogotá


Legitimidad imposible
Me sorprendió leer el Confidencial ‘Ni narco ni primo’ de la edición n.º 1882 de la revista. Tanto en la frase que allí se cita de un documento atribuido al Departamento de Estado de Estados Unidos como en la revista –al indicar que los nexos de Álvaro Uribe con el narcotráfico, señalados en documentos desclasificados del gobierno de Estados Unidos, “quedaron finalmente descartados” con la mencionada frase– hay un serio desconocimiento de nuestra legislación penal. ¿Cómo pueden ser ‘negocios legítimos con narcos’ los que celebró ‘la familia’ del senador Álvaro Uribe con reconocidos narcotraficantes como fueron los hermanos Ochoa Vásquez? Esa legitimidad es imposible en Colombia, pues, hasta donde sé, todo contrato de compraventa de “tierras, caballos y ganados”, o de otros bienes, con narcotraficantes es ilícito y constituye el delito de lavado de activos (art. 323 del Código Penal, Ley 599 de 2000).
Se han conocido casos de personas que, sin saberlo, han comprado bienes raíces, a menudo simples apartamentos de precios normales, a personas que resultaron ser testaferros de narcotraficantes, bienes que, por esa razón, les han sido embargados a los pocos meses por la autoridad competente. Solo después de largos y costosos procesos han logrado evitar que se ordenara la extinción de dominio de los mismos, al comprobar que se desconocía quién era su anterior propietario.
En la frase citada en el confidencial no se aclara cuáles miembros de la familia del senador Uribe han hecho ‘negocios legítimos con narcos’. Y, evidentemente, nunca ha habido extinción de dominio, como correspondería, respecto a los bienes negociados por ellos con los narcos.
Ana del Carmen Posada
Medellín

Acerca del tiempo
La interesante disertación del físico teórico Carlo Rovelli, publicada en su edición n.º 1879, en la que expone que el tiempo existe, pero existe para nosotros al concebirlo como una simple ilusión, producto de la experiencia del cerebro de los seres humanos, coincidiendo en apartes con la reflexión agustiniana, invita a exponer algunas apreciaciones elementales próximas al tema.
Validar esta hipótesis conlleva desconocer lo que la ciencia ha demostrado a través de tantas disciplinas del conocimiento. Aceptado es que la aparición de la vida en el planeta y en particular la del hombre no va más allá de los 140.000 años, cantidad insignificante frente a los 4.500 millones de la Tierra y que no decir de los 13.800 que han calculado al universo.
Será que en esta colosal diferencia tanto el cosmos como todos los cuerpos que lo constituyen, la Tierra entre muchos, ¿desde entonces no estaban inmersos en ese misterioso y oculto halo que todo lo envuelve y contiene?
Lo afirmado por el científico al exponer que el tiempo son “recuerdos, expectativas…” supone que este, como espejismo de la experiencia cerebral, implícitamente está asociado tanto al pasado como al futuro, ámbitos que dentro de su razonamiento tampoco existen; caso en el cual, de haber recuerdos, la memoria tendría asidero por experiencia alguna ya vivida, más si el ser humano para alguno de esos entonces no existía, ¿qué recuerdos o fantasías cabrían en su memoria respecto de él? En otras palabras, bajo este razonamiento, si no hay ser humano, no hay tiempo al no haber memoria que lo perciba.
Cuasidemostrado está que tanto tiempo como espacio son simultáneos e inseparables, de tal manera que en lo elementalmente comprensible no se concibe espacio sin tiempo ni tiempo sin espacio, y aunque en física profunda la manifestación del espacio-tiempo puede ser no monolítica porque varía y se deforma, aun así, no pierde su intrínseca simultánea coexistencia.
La intención a la que está dirigida esta apreciación es insinuar que en esencia el tiempo no parece ser una abstracción de la realidad, él es y está ahí, no fluye, tampoco pasa; dentro de esta reflexión quien parece pasar a través de él, es el ser, sus pensamientos y cavilaciones, al fin... solo podríamos ser un suceso más en este intangible espectro.
Parodiando, a escala humana sutilmente su percepción podría semejarse a la brisa, no se ve, nos acaricia y se siente; la sensación de su relativo fluir mas no de su existir puede ser resultado de la actividad cerebral de cada individuo según el particular entorno y vivencia, lo que posibilita contextos que generan nociones de pasado, presente y futuro; mas estas efímeras y humanas sensaciones centradas en la memoria nada tendrían que ver con su naturaleza y existencia misma.
Por ello, la muy respetada opinión del autor al afirmar que el tiempo es una función de la percepción limitada del ser podría resultar no convincente, y aunque el humano intuya el pasado, presente y futuro, el tiempo mismo en sí no es responsable de que el hombre le dé ordenamiento alguno.
Acercarse a la naturaleza del tiempo ha sido, es y seguirá siendo un intangible y misterioso enigma complicadísimo de conocer, comprender y definir.
Héctor Velasco Vargas
Medellín