Hace 100 años comenzó una década que pasó a la historia por haber sido un remanso de optimismo entre el final de la Primera Guerra Mundial y la crisis económica de 1929. En esa década nacieron gran cantidad artistas e intelectuales que marcaron la cultura a partir de los años cincuenta. Colombia no fue la excepción. Este año habrían cumplido o estarían a punto de cumplir 100 años varias figuras determinantes de la cultura colombiana. Además de Álvaro Castaño Castillo, fundador de la emisora HJCK (ver número 1989 de SEMANA), en 1920 nacieron tres artistas plásticos que en los años cincuenta fueron determinantes en la llegada del arte colombiano a la modernidad. 

Álvaro Castaño fue el pionero de la radio cultural en Colombia, y su aporte se prolongó por muchas décadas. Uno de ellos es Alejandro Obregón, quien nació en Barcelona el 4 de junio. Vivió su juventud en esa ciudad y en 1944 se estableció en Bogotá. En 1958 llegó la cima de su arte. En 1962 y 1966 ganó el primer premio de Pintura en el Salón Nacional de Artistas con los óleos Violencia (obra fundamental del arte colombiano) e Ícaro y las avispas, respectivamente. A partir de entonces y hasta su muerte, en 1992, cambió el óleo por el acrílico. 

Alejandro Obregón fue uno de los grandes forjadores del arte moderno en Colombia, con su obra se acercó a los conceptos de lo “real maravilloso”. El 11 de octubre se conmemorará el centenario del nacimiento de Édgar Negret, escultor y una de las figuras clave del arte moderno en Colombia. Negret, quien nació en Popayán, estudió en Cali; comenzó a trabajar en yeso y a partir de 1953 sus principales medios fueron metales como el hierro y el aluminio. Sus esculturas adoptaron formas geométricas. Entre 1955 y 1963 vivió en Nueva York. Ese año se radicó en Bogotá y con su escultura Vigilante celeste ganó el primer premio en Escultura en el XV Salón Nacional de Artistas colombianos, premio que volvió a recibir en 1967 con Cabo Kennedy. Murió en 2012. 

Édgar Negret: A partir de la geometría y la abstracción, el destacado escultor logró evocar formas propias de la naturaleza. También en 1920 nació Enrique Grau. De familia cartagenera, vio la luz en Panamá y estudió en Nueva York entre 1940 y 1953, y en Florencia en 1955 y 1956. Ya en 1940 había participado en el Primer Salón Nacional de Artistas, premio que obtuvo en 1957 con su obra Elementos bajo un eclipse. En 1962 compartió con Juan Antonio Roda el segundo premio en Pintura del Salón Nacional. La obra de Grau pasó por diversas etapas, que a finales de los años cincuenta lo acercaron a la abstracción. 

Enrique Grau: este pintor cartagenero, que estuvo cerca a la abstracción, se decantó por la figura humana. Ese mismo año también nacieron dos pintoras de vanguardia en una época en la que se consideraba que las mujeres debían dedicarse al hogar y casi ninguna tenía acceso a la universidad. Una de ellas es Lucy Tejada, quien nació en Pereira y en 1937 se radicó en Cali. En 1947 participó en el Primer Salón de Artistas Jóvenes en la Biblioteca Nacional. Cinco años después viajó a España y estudió Grabado en Madrid. En 1956 regresó a Cali y un año después ganó, junto con Enrique Grau y el escultor Hugo Martínez, la medalla de oro en el X Salón de Artistas Colombianos con la obra Mujeres sin hacer nada. Continuó su carrera hasta la década de los años noventa y murió en Cali en 2011.

Lucy Tejada Pintora fue de las primeras mujeres en ingresar a la universidad. Fue la única alumna en la Escuela de Bellas Artes. Por su parte, Cecilia Porras (Cartagena, 20 de octubre) se inició en la pintura de manera autodidacta. En 1945 ganó una mención de honor en el Primer Salón de Artistas Costeños y en 1948 viajó a Bogotá para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional. A comienzos de los cincuenta se radicó en Barranquilla, comenzó a frecuentar las tertulias del café La Cueva y se vinculó al llamado Grupo de Barranquilla. Para la sociedad de aquel entonces era una mujer muy polémica. Además de andar metida en “cosas de hombres” con García Márquez, Obregón, Cepeda Samudio y compañía en La Cueva, usaba bikini, una mochila arhuaca en lugar de cartera y diseñaba disfraces con los que a veces asistía a reuniones sociales formales. Entre 1957 y 1959 enseñó Arte en la Universidad Nacional y dos años después se estableció en Cartagena como maestra de la Escuela de Bellas Artes de esa ciudad. Murió joven, en 1971.  

Cecilia Porras: además de pintar, diseñó las portadas de Todos estábamos a la espera, de Cepeda Samudio, y La hojarasca, de Gabo. Uno de los principales representantes y divulgadores de la cultura afrocolombiana, Manuel Zapata Olivella, también cumplió este año un siglo de nacido. Originario de Lorica (Córdoba), de niño llegó a Cartagena. Médico, antropólogo, folclorista, experto en música colombiana y escritor, entre 1943 y 1947 ejerció toda suerte de oficios en Centroamérica y Estados Unidos. Escribió en numerosas revistas. Además de cuentista, escribió una decena de novelas, entre ellas Detrás del rostro (Premio Esso, 1962), En Chimá nace un santo (segundo Premio Esso, 1961, y primera mención Seix-Barral en Barcelona, 1962), Chambacú, corral de negros (laureada por la Casa de las Américas, 1963) y Changó, el gran putas, que le tomó 20 años de investigación. Zapata Olivellamurió en Bogotá en 2004. 

Manuel Zapata Olivella: el Ministerio de Cultura declaró 2020 como el Año Manuel Zapata Olivella por el importante aporte del escritor. También nació en 1929 el poeta bogotano Fernando Charry Lara. Desde niño se apasionó por la lectura y, ya adolescente, entró en contacto con poetas como Rafael Maya y Aurelio Arturo. Desde muy joven, igualmente, tuvo trato con grandes poetas iberoamericanos. Estudió Derecho en la Universidad Nacional, dirigió la Radiodifusora Nacional de Colombia y Extensión Cultural de la Universidad Nacional, también colaboró en varias revistas literarias e intelectuales de Colombia y del exterior. Además de poeta fue un crítico muy destacado. Murió en 2012. 

Fernando Charry Lara formó parte del grupo de la revista Mito y su obra poética se recopiló en el libro Llama de amor viva, publicado en 1986. En agosto se cumple el centenario del escritor tunjano Próspero Morales Pradilla, quien combinó su pasión por la literatura con el periodismo y la diplomacia, que ejerció en países de América, Europa, Unión Soviética y Australia. Autor de varias novelas, entre ellas Perucho, Más acá y La mujer doble, obra póstuma. Además, escribió cuentos y obras de teatro. Es muy conocido por Los pecados de Inés de Hinojosa, que publicó en 1986. Morales Pradilla murió en 1990.

Próspero Morales Pradilla: en 1988 su novela Los pecados de Inés de Hinojosa fue llevada a la televisión con gran éxito. También es de 1920 el filósofo Danilo Cruz Vélez, quien nació en Filadelfia (Caldas). Fue profesor de la Universidad Nacional y de Los Andes. En 1948 publicó su primer libro, Nueva imagen del hombre y de la cultura, y desde entonces escribió una vasta obra filosófica. En 1972, Cruz Vélez abandonó la enseñanza para dedicarse por entero a su oficio de filósofo. Murió en 2002. Los de la década de los veinte Es imposible no comenzar con Gabriel García Márquez, quien nació en Aracataca (Magdalena) en 1927. Nobel de Literatura en 1982, autor de Cien años de soledad (una de las más grandes novelas escritas en lengua castellana) y un excepcional periodista y reportero.  

Gabriel García Márquez: uno de los más grandes escritores en lengua castellana, además fue un maestro del periodismo y la reportería. Un año antes había nacido su gran amigo Álvaro Cepeda Samudio, también periodista y escritor, autor de obras memorables como la novela La casa grande, Cuentos de Juana y Todos estaban a la espera. Murió en 1972.  Otro gran amigo de ellos, el poeta y luego novelista Álvaro Mutis, nació en 1928. Su personaje Maqroll el Gaviero es uno de los principales símbolos de la literatura colombiana y aparece tanto en su obra poética como en su narrativa. 

Álvaro Mutis comenzó su carrera literaria como poeta y su paso a la novela le permitió llevar su lirismo a públicos más amplios. A esta camada también pertenecen dos grandes poetas oriundos de Pamplona (Norte de Santander): Jorge Gaitán Durán (1924) y Eduardo Cote Lamus (1928), fundadores de la revista Mito. Ambos murieron muy jóvenes. Gaitán Durán viajaba en un avión de Air France que se estrelló en la isla de Guadalupe. Cote Lamus, dos años después, en un accidente automovilístico. 

Eduardo Cote Lamus Además de ser gran poeta, estuvo al frente de la revista Mito, que reunió a literatos y pensadores de la década de los años cincuenta y comienzos de los sesenta. Otro hijo de la década, Héctor Rojas Herazo (1921-2002), fue destacado novelista, poeta, periodista y pintor. Entre sus obras se destacan las novelas Celia se pudre, En noviembre llega el arzobispo y Respirando el verano. Varias mujeres escritoras también nacieron en esta década. Entre ellas cabe destacar a Meira Delmar. Su verdadero nombre era Olga Isabel Chams Eljach y se le considera como la más importante poeta colombiana del siglo XX. Murió en 2009. Otras destacadas literatas de los años veinte son las poetas Maruja Vieira (1922) y Dora Castellanos (1924), también destacada periodista, y la escritora Rocío Vélez de Piedrahíta (1926-2019). 

Meira Delmar A los 15 años comenzó a publicar su poesía y su vasta obra apareció en diez libros. Viaje al ayer, el último, lo publicó en 2003 a los 81 años. Pintores básicos del arte moderno en Colombia nacieron poco después de Obregón y compañía. Entre los más destacados están el maestro Juan Antonio Roda, español de nacimiento, y uno de los más grandes dibujantes de Colombia; el notable escultor Eduardo Ramírez Villamizar (1922-2004), coterráneo y gran amigo de Gaitán Durán y Cote Lamus, y el pintor y grabador Ómar Rayo (1928-2010), nacido en Roldanillo, Valle, donde creó el Museo Rayo. También son de esa década las pintoras Beatriz Daza (1927-1968) y Judith Márquez (1925-1994).  

Eduardo Ramírez Villamizar: este gran protagonista del arte del siglo XX fue uno de los pioneros  de la escultura abstraccionista  en Colombia. Importantes arquitectos del periodo moderno en Colombia nacieron en los años veinte. El más reconocido de todos ellos es Rogelio Salmona (1929-2007). Igualmente notables fueron sus contemporáneos Rafael Esguerra (1922-2000) y Germán Samper Gnecco (1924-2019). También lo fueron Guillermo Bermúdez (1924-1995), Fernando Martínez Sanabria (1925-1991), Enrique Triana (1929), Dicken Castro (1922-2016) y Hernán Vieco (1924-2012), por citar solo algunos. 

Rogelio Salmona: el arquitecto colombiano más reconocido por el gran público. Varias de sus obras son verdaderos hitos en las  ciudades del país. El teatro colombiano vio nacer en esta década a dos de sus más importantes exponentes. Enrique Buenaventura (1925-2003), fundador del Teatro Experimental de Cali, y Santiago García (1928-2020), fundador del teatro La Candelaria. En el ámbito de la música, la década está representada, entre otros, por dos grandes juglares del vallenato: Rafael Escalona (1927-2009) y Abel Antonio Villa (1924-2006). La gran cantante Matilde Díaz (1924-2002), quien inmortalizó su voz en la banda de Lucho Bermúdez, es de 1924 y contemporánea de la compositora cartagenera Evelia Porto de Mejía. En 1929 nació Jorge Villamil, autor de varios temas clásicos de la canción andina colombiana. Y en el ámbito de la música académica se destaca el compositor Jesús Pinzón Urrea, quien nació en 1928.  

Rafael Escalona es uno de los compositores más destacados y reconocidos del vallenato. Varias de sus canciones son patrimonio cultural del país.