Para muchas personas alrededor del mundo la lectura dejó de ser una actividad solitaria. Una o dos veces al mes se reúnen en casas, bibliotecas, librerías o cafés a discutir la trama del libro elegido para la ocasión, comer y conversar un buen rato. Este tipo de encuentros suelen llamarse clubes de lectura y hoy día están por todas partes y los hay para todos los gustos. Hay unos que solo aceptan mujeres y leen literatura femenina; otros no le ponen peros a la edad o al género de los asistentes y leen exclusivamente novelas de terror y unos más se dejan guiar por la lista de best sellers. En Estados Unidos e Inglaterra varios tienen nombres como el Sassy Sistahs Book Club o el Queer Lady and Lesbian Book Club, que de vez en vez deciden disfrazarse de época para leer algún clásico de la literatura. La Casa Tomada en Bogotá ofrece seis clubes de lectura distintos. El primero se inauguró a mediados de 2011 bajo el nombre ‘Club de lectura de las mujeres en el ático’. Comenzó como un encuentro de más de 12 mujeres que se reunían en esta acogedora biblioteca a discutir los libros de las grandes escritoras del siglo XVIII, entre ellas Jane Austen y las hermanas Brontë. Después de unos meses cambiaron el nombre pues se dieron cuenta de que espantaba a los hombres y que los pocos que asistían no se sentían del todo bienvenidos. El grupo pasó a llamarse ‘Club de lectura en el ático’ y a medida que el número de asistentes crecía y el público se diversificaba, también lo hacían las lecturas. Para los próximos meses escogieron dos autores de la antigua Yugoslavia: La casa de nogal, de Miljenko Jergovic, y Un puente sobre el Drina, de Ivo Andric. La dinámica de estas reuniones es bastante sencilla: se encuentran una vez al mes y discuten durante una hora y media. “Si se trata de algún clásico de Tolstoi o de Proust solemos charlar durante más de dos horas”, dice Ana María Aragón, dueña de la Casa Tomada y miembro del club. Todas las sesiones tienen un guía previamente asignado –el cargo puede ser otorgado a un invitado especial o a alguno de los miembros– que lidera la discusión e incita a los otros a participar. En ocasiones los debates son tan interesantes que algunos clientes de la librería se sientan a escuchar la charla durante un rato. “La lectura suele ser una actividad solitaria –dice Aragón–. Pero en grupo, cuando unos y otros comparten sus perspectivas, se hace muy enriquecedora”. Patricia Bernal es uno de los miembros más antiguos y fieles del ‘Club de lectura en el ático’. Para ella la experiencia ha sido tan agradable que decidió inscribirse en los otros clubes que organiza la Casa Tomada. “En los grupos de lectura no solo tengo la oportunidad de compartir con personas que se han vuelto mis amigos sino que además conozco libros que de otra manera nunca leería”. Bernal le ha sacado provecho al club de ciencia ficción, al de novelas policiacas, al de cómics, al de gastronomía y al de literatura gay. Al único que no asiste es al de los niños. En unos meses tiene ganas de empezar uno propio en el que mujeres de estratos uno y dos se reúnan a leer y a discutir. “Es la mejor manera de empoderarlas”, dice. El caso de Bernal es común pero no todos los miembros de un club asisten a los otros. Es más, pensando en ampliar el círculo de clientes y lectores de la Casa Tomada, Aragón decidió crear los otros clubes de lectura. El de cómics –por ejemplo– es organizado por dos expertos en el género, Daniel Jiménez y Pablo Guerra, y atrae a un público más joven. El de gastronomía es de los más pequeños y elaborados. El libro para leer siempre debe tener uno o varios pasajes donde se describe con detalle la preparación de una comida. El grupo se reúne al mediodía, y antes de comenzar a discutir la trama del libro almuerza exactamente lo mismo que los personajes del cuento. Este es el único club cuya entrada no es libre y requiere hacer reserva. Los grupos han tenido un gran impacto en las ventas de la librería. “La casa Tomada –explica Aragón– es prescriptora de lectura y más del 80 por ciento de nuestras ventas tienen que ver con los clubes que organizamos. Por eso nuestras listas de recomendados y de más vendidos nunca coinciden con las de la Nacional o la Lerner”. Los miembros de cada uno de los clubes suelen comprar en la librería el libro asignado para la siguiente sesión y además se han convertido en asiduos clientes de esta y la recomiendan a sus amigos. Los grupos de lectura –escribe James Atlas en el diario The New York Times– se han convertido en un importante motor del mercado de los libros. Oprah Winfrey –una de las figuras más importantes de la televisión norteamericana– fundó un club de lectura en 1995 que hoy tiene más de 2 millones de miembros y ha roto múltiples récords en ventas. En 2003 la presentadora habló en su programa sobre la trama de Al este del Edén, de John Steinbeck, y lo recomendó a su audiencia. En poco más de una hora se habían vendido 60.000 ejemplares. Algo similar ocurrió un año después cuando propuso la lectura de Anna Karenina, de Tolstoi. Desde su publicación en inglés en 1886 el libro no había vendido más de 35.000 ejemplares. Apenas Oprah lo sumó a su lista vendió 79.000 en una semana. Y el de ella no es el único que deja monedas de oro por donde pasa. La librería McNally en Nueva York tiene un club de lectura que la mantiene en la lista de las importantes y visitadas de la ciudad. La madriguera del conejo –una pequeña librería ubicada en el norte de Bogotá– debe su existencia a un club de lectura de no más de ocho personas que durante casi diez años llegó a reunirse hasta cuatro veces al mes. “Yo conocí a mis socios en ese club de lectura”, explica David Roa, su gerente. “Fueron mis años más activos y felices como lector. Entre nosotros nos incitábamos a sacarle más provecho a los libros y nos convertimos en lectores buenos y críticos”. Justamente pensando en esto, la biblioteca Luis Ángel Arango tiene organizado un variado programa de clubes de lectura que busca inculcarles este hábito a los colombianos. Adquirirlo no siempre es fácil y no todos los libros son ricos de leer; pero sin duda todo lector estaría de acuerdo en que es una de las actividades más maravillosas y enriquecedoras que existen.