La idea de la película le surgió al director iraní Majid Majidi a raíz de una historia de la vida real. Dos hermanos que vivían en medio de la desolación en un pequeño barrio de Teherán tenían que compartir un par de zapatos pues sus padres no tenían dinero para que cada uno tuviera uno propio. "Sentí tanto amor y tanto respeto por ellos que decidí contar su historia en un filme", afirmó Majidi luego de la edición de la película. Partiendo de esta sencilla imagen el director desarrolla una hermosa trama con Alí y Sarah como protagonistas. El niño pierde sin querer los zapatos de su hermana y, de común acuerdo, no sólo para evitar el castigo de su padre por el descuido sino también por lo que representaría para su familia la compra de unos nuevos, los dos hermanos deciden guardar el secreto y compartir los tenis de Alí hasta encontrar la fórmula para recuperar los zapatos que se han perdido. Por la información que ha llegado a Colombia de Majidi, los niños han sido una de las principales preocupaciones en su obra. En Niños del cielo explora el amor fraternal mientras deja entrever la cotidianidad del pueblo musulmán: las mezquitas, el vestuario de las mujeres, el contraste entre ricos y pobres, contraste vigente en cualquier ciudad, la inocencia de los niños, las calles de Teherán. La cinta también permite, a quienes guardan cierta prevención hacia el cine europeo y asiático por considerarlo denso y complejo, dejar esa idea a un lado pues la cinta es el mejor ejemplo de que es posible una buena película guiada por una simple idea. ¿Es posible que un guión tan elemental mantenga al espectador pegado a su silla? No hay duda de ello, y no se trata de una película de acción ni mucho menos. Pero parece inevitable involucrarse con los personajes, quienes afrontan, siempre con esperanza, las paradojas de la pobreza, que no es sinónimo de infelicidad. Por el contrario, en Niños del cielo sólo predomina lo humano en una faceta conmovedora, poética, todo en torno a un par de zapatos. La película es contundente y, lo mejor, no trae moralejas. Y la imagen final resume la contradicción de la vida con unos niños que no tienen nada pero, a la vez, lo tienen todo. n La maldición Una majestuosa mansión esconde misterios que desembocarán en una historia de terror. HH espues de cintas como Máxima velocidad y Twister, que gozaron de buen recaudo en taquilla, el director Jan de Bont decidió inmiscuirse en una historia de terror, basada en el libro The Haunting of Hill House, de Shirley Jackson. El escenario de la película es una antigua mansión construida en el siglo XIX, la cual alberga todo tipo de secretos que, en su momento, obligaron a que todos sus habitantes huyeran del lugar. Casi un siglo después de los oscuros sucesos el doctor David Marrow (Liam Neeson) decide escoger la imponente casa para hacer una investigación científica con la ayuda de tres personas más. Sin embargo los extraños ruidos y las visiones que presencian los invitados no los dejan en paz, y desde ese instante su preocupación sólo será cómo salir del lugar. Los fantasmas reviven y quieren dejar un mensaje. Nell (Lily Taylor) es quien parece más interesada en develar los misterios de la casa, pues siente un llamado especial que los otros protagonistas no logran entender. Sin duda la gran atracción de la cinta se centra en la majestuosidad de la mansión, en sus pasillos, en sus pinturas y esculturas y en los secretos que encierra cada uno de sus rincones. Pero la historia en sí carece de coherencia y a la larga lo único que se percibe es una serie de juegos visuales que buscan causar el pánico a como dé lugar, aunque no siempre logren su cometido.