El nombre de la capital antioqueña resuena fuerte en el mundo de la música cada vez que se habla del género urbano. Pero esa cuna de artistas y productores de reggaetón también acoge un movimiento que le apuesta al rock, al punk o al reggae y que cada año se encuentra en Altavoz Fest. Este espacio cultural, que organiza la Alcaldía de Medellín, celebra 15 años de historia y promete tres días de buena música que cerrarán con una banda legendaria: Papa Roach. Aunque los estadounidenses, conocidos por el tema Last resort, ya habían estado en Bogotá en 2016, nunca se habían presentado en la capital de Antioquia y es la primera vez que interpretarán en el país Crooked Teeth (2017), su último álbum. Otro grupo de ese país que el público espera es Hepcat, una banda de ska que nunca estuvo en Colombia y que cierra los conciertos del primer día. También tocarán, entre otros, The Adicts, Él mató a un policía motorizado y Ángeles del infierno.

Sin embargo, el corazón de Altavoz son los artistas locales. Desde su primera versión, en 2003, la Alcaldía de Medellín se ha propuesto construir una plataforma de exposición para los grupos de la ciudad, que desde el principio del año entran al proceso de convocatoria. Luego de pasar por dos filtros con tres jurados externos, se eligen 28 grupos, cuatro para cada uno de estos géneros: ska y reggae, punk, rock y hard rock, metal, rap, core y hard core, y electrónica y alternativa. Este año, La Sinfóniska (ska y reagge), La doble A (rock y hard rock), Los ferris (punk), Shama Joo (rap), Los gemelos siniestros (electrónica y alternativa), Anacryptic (metal) y Nix (core y hard core) son algunos de los representantes de Medellín. Felipe Grajales, director y curador del festival, dice que estos géneros necesitan espacios como Altavoz porque “no tienen una estructura comercial muy fuerte, así que la inversión pública es un impulso crucial”.

Aunque al principio las bandas locales eran el mayor atractivo porque se presentaban pocos grupos internacionales, ahora los organizadores de Altavoz buscan estrategias para que la amplia oferta de artistas extranjeros no opaque a los de Medellín. Una de esas es la distribución de las presentaciones. En esta edición, por ejemplo, La doble A se presentará entre Hepcat y Papa Roach. Además, el festival tiene un proceso formativo en el que se dictan talleres, llamado Altavoz Lab. Grajales contó que este año el actor y director Sergio Dávila asesoró a bandas sobre su puesta en escena, para que demuestren el mismo nivel de las internacionales. Otra estrategia que ha beneficiado a los grupos paisas es la presencia de programadores y curadores de otros festivales latinoamericanos que van a Altavoz a conocer talento local.

Lina Botero y Felipe Grajales. Con la idea de cuidar y fortalecer las propuestas de Medellín, los organizadores también afianzan el papel que ha tenido la cultura en la construcción de ciudadanía. Lina Botero, la secretaria de cultura de Medellín, dijo que esa ciudad había vivido una violencia tan tremenda en los ochenta y noventa que “muchas zonas se transformaron gracias al arte y la cultura, porque el Estado no llegaba”. Por eso, Altavoz se piensa como un espacio de convivencia ciudadana en el que cualquier persona, con cualquier gusto musical, puede sentirse incluida y respetada. Según la Secretaría de Cultura, aunque haya punkeros, metaleros y raperos, en los 15 años de historia del festival nunca ha habido riñas ni ningún tipo de violencia. Grajales lo atribuye a una cultura ciudadana, pues “hay una presión social que no admite esas expresiones violentas”. Le sugerimos: Dead Can Dance: música que nace de la literatura, la antropología, la emoción La convivencia pacífica es una de las razones que explica por qué cada versión llegan más familias al festival, que este año contó con un presupuesto de 3300 millones de pesos, provenientes en su mayoría de la alcaldía. “El año pasado vimos a tres generaciones completas: el abuelo, el papá y el hijo”, dice Grajales, que se presentó en la primera edición con su banda Burkina y ha visto toda la evolución del festival. A lo largo de 15 años los escenarios se han agrandado y han aumentado –ahora son dos-, el público ha crecido –en número y en edad-, el presupuesto se ha elevado y las bandas internacionales dominan el cartel, pero el sentimiento es el mismo y proteger lo local lo más importante. Listen to "Distrito Salvaje, la serie de Netflix que muestra cómo se teje la corrupción en Colombia" on Spreaker.