OPINIÓN

Ariel Ávila

Derrumbando mitos

El libro “Detrás de la Guerra en Colombia” de Ariel Ávila, contiene 17 conclusiones sobre la guerra en Colombia y habla de varios mitos populares que se derrumban frente a esta.
8 de mayo de 2019 a las 8:45 a. m.

Durante varios años trabajé en un gran proceso de investigación. El objetivo era dar cuenta de la estrategia y táctica militar de los actores armados en el conflicto que vive el país. Para ello, se analizaron las Farc y más recientemente las disidencias, la fuerza pública colombiana, el ELN y los grupos paramilitares y posdesmovilización paramilitar. Se recogieron millones de datos, se analizaron 10.000 notas de prensa y se procesaron decenas de informes oficiales de la Defensoría del Pueblo y la Vicepresidencia de la República. El periodo de estudio fue entre 1994 y 2018. Como resultado del proceso de investigación se produjo un libro, el cual fue leído por Fernando Cubides, uno de los grandes maestros e investigadores en materia de conflicto armado y Marta Nubia Bello, quien fue una de las coordinadoras del informe ‘Basta Ya’ del Centro de Memoria Histórica. Al final el texto recibió una mención meritoria en la Universidad Nacional. La metodología fue dirigida por Yuri Jack Gómez.

El libro se llama ‘Detrás de la Guerra en Colombia’ y en las 528 páginas se encuentran cerca de 100 mapas de concentración e intensidad de acciones armadas, centenares de gráficos y cuadros que permiten analizar los datos estadísticos, realizar validación concurrente y crear conclusiones increíbles sobre lo que fue la guerra en Colombia. En total son 17 conclusiones. Pero en este caso trabajaré la primera que se denomina derrumbando mitos. En esta conclusión hay varios mitos que se derrumban y que eran de dominio popular.

El primero que se repite en todos los círculos de discusión del país es que Pastrana le entregó el país a las Farc durante las negociaciones del Cagüán. Los datos dicen algo un poco distinto. Según la Policía Nacional, las Farc antes de las negociaciones del Caguán, exactamente en 1998, tuvieron acciones armadas en 419 municipios del país. Cuando terminaron las negociaciones de paz, en el año 2002, el grupo guerrillero realizó acciones en 456 municpios, es decir, poco más de 30 municipios nuevos. Un incremento que podría considerarse marginal. A continuación, se muestran los dos mapas para esos años:    

Ahora bien, según los datos de la Fiscalía General de la Nación de la sección de Justicia y Paz. En esos mismos años los grupos paramilitares pasaron de operar en 343 municipios en 1998 a 722 en 2002, es decir, se doblaron o incrementaron su presencia en cerca de un 100 por ciento. Tenían destacamentos militares en cerca del 70 por ciento del total de municipios del país. Cuando estos datos se contrastan con el análisis de las notas de prensa y los informes oficiales se podría decir que en esta época todos los actores armados se fortalecieron, pero si a alguien se le entregó el país fue a los grupos paramilitares. O también, se podría decir que los horrores del Caguán ocultaron un horror peor y fue la expansión paramilitar. A continuación, se muestran los mapas:

También cuando se hace este análisis estadístico y se analiza la información oficial, se podría decir que la fuerza pública no combatió los grupos paramilitares en estos años de expansión, la actividad armada de las instituciones de seguridad del país no llegó ni al 10 por ciento de lo que se hizo contra las Farc. En cambio, lo que se encuentra es que en varias zonas del país se produjo una delegación del uso de la fuerza de la fuerza pública hacia los grupos paramilitares. Esta es tal vez una de las conclusiones más dramáticas del estudio, pues significa que en varias zonas del país el Estado colombiano le entregó el ejercicio de la violencia y la autoridad a una estructura ilegal.

Mitos como estos o el debate entre parapolítica y farcpolítica se discuten y analizan en el texto. Generalmente en Colombia, los textos se escriben con criterios políticos o ideológicos, y cada cual se echa su cuento sin mucho fundamento. El libro ‘Detrás de la Guerra’, como lo dice Humberto de la Calle, marca un quiebre en ciencias sociales, porque ya no son cuentos o ideas, son hechos fácticos, demostrados con millones de datos. El debate debe darse en esa lógica, con datos y criterios investigativos y no a partir de insultos ideológicos. Tal vez esa sea la invitación que hago para debatir en el libro.