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Cuarentenas: ¿sirven o sólo frenan la reactivación?

Los nuevos confinamientos planteados por los alcaldes para frenar el contagio golpean la reactivación de una economía que está en la lona y un desempleo disparado. ¿Cómo salir de esa disyuntiva?


Si hay algo que haya hecho daño en la lucha contra la pandemia es la falta de unidad en el mensaje del presidente Iván Duque y la alcaldesa de Bogotá, Claudia López. La polarización política es grave, pero entendible. Pero que los funcionarios elegidos más importantes del país se enfrenten en los temas de economía y salud en medio de la crisis ha significado un desastre.

El Gobierno nacional ha dicho que no comparte la decisión de adoptar cuarentenas totales porque en el país, y particularmente en ciudades como Bogotá, los contagios tienen un comportamiento muy disímil. Un enfoque sectorizado, con cercos epidemiológicos y controles estrictos, tiene resultados más efectivos en salud, ha dicho el presidente Iván Duque. Sostiene que, de paso, minimizan el impacto económico para quienes han logrado recuperar vida productiva.

Pero aunque en otros países los cierres sectorizados han sido más efectivos, la alcaldesa de Bogotá y otros mandatarios regionales insisten en volver a los cierres totales para contener las crecientes cifras de contagios y muertes, así como el aumento en la demanda de unidades de cuidados intensivos (uci). Esta semana, los representantes de sociedades médicas y científicas pidieron el cierre total en una reunión con la alcaldesa López, quien no lo descartó.

Todo ello aumenta las tensiones entre el Gobierno nacional y los regionales y envía una pésima señal porque impacta las decisiones económicas, y ante la incertidumbre, empresarios e inversionistas frenan sus planes productivos. También porque las familias restringen aún más sus gastos. Y lo peor, confunde al ciudadano de a pie, quien, ante la falta de un mensaje común de protegerse, cuidar la salud y garantizar una reactivación sostenible, en muchos casos decide relajarse. Y el mal ejemplo cunde.

Todo apuntaba a que lo peor había quedado atrás en el segundo trimestre del año, y que a partir de julio comenzaría a recuperarse la actividad productiva.

Así venía ocurriendo. Luego de un abril de confinamiento pleno, en que la actividad económica habría tocado fondo, en mayo la mayoría de indicadores mostraron caídas menores en la medida en que más sectores y empresas se sumaban a la reactivación.

Pero crecieron los contagios, y las medidas de aislamiento parcial adoptadas esta semana en Bogotá y Medellín, más las anunciadas en otras regiones, podrían mandar al traste la reactivación y dejar al país en el peor escenario. En efecto, las cuarentenas tienen un costo económico enorme en términos de empleos, crecimiento y pobreza. De hecho, algunos mandatarios regionales ya lo ven, con la caída de tributos y las dificultades para financiarse.

En materia de crecimiento, el golpe podría ser muy fuerte. Fedesarrollo pronosticó hace unas semanas un escenario central con caída de la economía del -5,5 por ciento y contemplaba uno más pesimista, del -7,9 por ciento, si había nuevos cierres. Luis Fernando Mejía, director de la entidad, asegura que aún no ha llegado en el escenario más pesimista, pero los anuncios de más nuevas cuarentenas ponen a la economía en ese camino. O al menos aumentan probabilidad de que ocurra.

BBVA Research acaba de corregir sus proyecciones de crecimiento a la baja y ahora prevé una caída del PIB del -7,5 por ciento este año. Para los analistas de esta entidad, la recuperación será más lenta de lo esperado, como una especie de ‘V’ incompleta, pues la economía solo recuperará a mediados de 2022 los niveles que tenía antes de la pandemia.

Estiman además que habrá una recuperación muy heterogénea, no solo entre regiones y sectores, sino en personas. Asumen que el tratamiento o vacuna solo podría estar disponible dentro de un año más y que no hay confinamientos estrictos.

Con nuevas decisiones de aislamiento, el país se alejaría del escenario central, aunque es temprano para ser más pesimistas. Todo va a depender del comportamiento del virus y de cómo se sigue reabriendo la actividad económica.

Por eso, para el presidente de la Andi, Bruce Mac Master, las cuarentenas localizadas por sectores en Bogotá y en otras ciudades resultan más razonables y acertadas, pues logran ese difícil balance entre proteger la salud y recuperar la economía. Asegura que tras cuatro meses de aislamiento ya existe un conocimiento claro de cómo se producen los contagios y dónde están las mayores vulnerabilidades, pues “la ciudad no se comporta como un grupo homogéneo”. Una cuarentena generalizada, además, tiene un costo de entre 14 y 17,5 billones de pesos, calcula Anif. Mientras en una segmentada el impacto es menor.

Mauricio Santamaría, presidente de Anif, cree que lo más nocivo para la economía es seguir amenazando con cuarentenas generalizadas, cuando el mundo trata de salir de ellas, pues la vacuna no llegará muy pronto. Recalca que Bogotá hizo menos que otras ciudades en cuanto a ampliar el número de unidades uci, pero ahora sus autoridades piden medidas extremas. “El compromiso de la administración distrital era alcanzar 2.000 ucis y hoy hay 1.322. Se quedaron pidiéndoselas al Gobierno”, dice Santamaría. Para él esta situación genera incertidumbre y altos costos a los hogares, además los pone en riesgo de perder una década de avances sociales y reducción de la pobreza.

Para Anif lo más nocivo para la economía es seguir amenazando con cuarentenas generalizadas, cuando el mundo trata de salir de ellas.

La pérdida de ingresos mensuales de los hogares por una cuarentena total en Bogotá alcanza alrededor de 2,5 billones de pesos. Con un aislamiento sectorizado puede ser de un billón. El rezago de Bogotá le cuesta mucho a la economía del país, pues la capital representa el 25,6 por ciento del PIB nacional.

El Ministerio de Hacienda, encabezado por Alberto Carrasquilla, estima una caída del PIB del 5,5 por ciento para este año. Luis Fernando Mejía, director de Fedesarrollo, y Mauricio Santamaría, presidente de Anif, estiman que una cifra más negativa generaría mayores presiones fiscales y más desempleo. 

Impacto profundo

Los principales gremios del país entienden la angustia de los mandatarios locales ante el aumento de los contagios y la saturación de las ucis. Pero afirman que el confinamiento no es la única respuesta y que hay que aprender a convivir con el virus. Además, todas las restricciones recaen sobre el sector formal, que cumple los protocolos de seguridad en beneficio de los clientes. Pero nadie ejerce un control estricto sobre los informales ni sobre la desobediencia de la ciudadanía, donde están los verdaderos focos de contagio.

Fenalco, el gremio de los comerciantes, plantea hacer los cierres en las capitales por UPZ (manzanas) y no por localidades (grupos de barrios), pues eso provoca pérdidas enormes, como el cierre de empresas y la desaparición de empleos. “Es inaceptable para los comerciantes que negocios que apenas llevaban abiertos una o dos semanas, después de haber estado cerrados casi tres meses, vuelvan a tener que cerrar sus puertas”, afirma Jaime Alberto Cabal, presidente de Fenalco.

Por esto, las nuevas cuarentenas deben venir acompañadas de medidas económicas adicionales de ayuda tanto del Gobierno nacional como del distrital, dice la presidenta de Acopi, Rosmery Quintero. El primero debería aumentar el subsidio a la nómina para las pymes al 70 por ciento y subsidiar la mitad de los arriendos. Y Bogotá debería disminuir el impuesto predial.

La presidenta de Acopi, Rosmery Quintero, y el  presidente de la Andi, Bruce Mac Master, coinciden en que la experiencia de otros países debe servir para trabajar en estrategias focalizadas, más efectivas.

Además, los gremios han comenzado a pedir incentivar más la producción local, al imponer restricciones a algunos productos importados, así como adoptar una política de compras públicas tanto en el ámbito nacional como territorial.

Sin duda, la necesidad de ayudas adicionales en un escenario más negativo para la economía desbarataría las cuentas fiscales del Gobierno y tendría mayores repercusiones sobre el empleo. En su Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP), el Gobierno estima que para que la economía decrezca 5,5 por ciento este año, tras una caída del 17 por ciento estimada para el segundo trimestre, el país tendría que decrecer solo 5 por ciento en el tercer trimestre. Y el cuarto trimestre, crecer al menos 0,4 por ciento. Esto sería más difícil con nuevas cuarentenas.

Por eso, las nuevas medidas de aislamiento tendrían su mayor impacto en lo fiscal, y con eso el déficit del 8,2 por ciento, previsto para este año, podría aumentar. Si el país crece menos se afecta el recaudo y habrá más presiones sobre el gasto, pues muchos requerirán más ayudas. Juan Pablo Espinosa, director de Investigaciones Económicas del Grupo Bancolombia, considera que es pronto para pensar en un escenario más negativo del -9 por ciento. Por eso cree que la economía decrecería en 6 por ciento este año. No obstante, teme que el desempleo urbano, que en mayo alcanzó un nivel de 24,5 por ciento, en el mejor escenario podría bajar a niveles de alrededor del 20 por ciento en los próximos meses. Pero si la situación resulta más negativa, podría dejarlo muy cerca de los niveles actuales. Es decir, frenaría el cambio en la tendencia que venía presentándose.

Uno de los efectos más preocupantes de imponer medidas de aislamiento más drásticas es que tendrían un impacto sobre la confianza de los consumidores y de los empresarios al acrecentar la incertidumbre.

Sin embargo, todo dependerá de los resultados de las medidas para controlar el pico de la pandemia: si el país seguirá el rumbo de Europa o de Estados Unidos.

Esto lo está analizando todo el mundo. El modelo chino de cerrar la economía por completo no lo están replicando otros países. En Europa lograron controlar el número de casos para convivir con el virus en niveles tolerables, con lo que la recuperación será más lenta. Al contrario, Estados Unidos prefirió una rápida reapertura de la economía en plena expansión del virus, lo que ha generado fuertes rebrotes. Pero no hay que generalizar: cada país e incluso cada ciudad tendrán comportamientos distintos.

Solo queda en claro la inconveniencia de volver al discurso de salud versus economía, o al mundo de las acusaciones. El Gobierno nacional y los regionales deben trabajar unidos y coordinados para enviar una sola señal: hay que salvar vidas, pero también evitar que para la economía, el empleo y los indicadores sociales los efectos resulten más costosos que la propia enfermedad. El país requiere más disciplina social y que los colombianos tengan consciencia de que lo peor no ha pasado.