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¿Por qué el hambre no cede en Colombia, si bajó la pobreza y el país creció más?

La migración, el desplazamiento, los desastres naturales y la pobreza amenazan la seguridad alimentaria del país, que ahora está en riesgo por el impacto de la guerra en Ucrania y la acelerada inflación.


A sus 22 años, Ángela, con dos niños de 4 y 2 años, y a menos de un mes de dar a luz al tercero, hace todo lo posible porque a sus hijos no les falte la comida. Su esposo la deja sola por una semana, pues debe salir a rebuscarse el dinero para mantener a la familia. Ella vive en el campo, en una vereda de Ubaté. Está lejos de tiendas para tratar de comprar alimentos fiados y cuando el poco mercado se acaba, solo le queda la despensa de su mamá, que vive cerca, pero casi no está en casa porque trabaja como empleada del servicio en Bogotá.

A su precaria situación se suma la carestía de la comida, lo que la ha llevado a priorizar unos alimentos y a aprender a cocinar sin insumos básicos como el aceite. “Así el arroz no queda bueno, pero es lo que hay”, dice con resignación.

Si bien Ángela y sus hijos no han pasado un día sin probar bocado, sí han estado muy cerca. Como ella, un creciente número de colombianos están pasando hambre o han reducido su ingesta de alimentos de manera considerable. Así lo evidencia la más reciente encuesta de Pulso Social del Dane, la cual fue creada en medio de la pandemia para medir el bienestar de los hogares. Los resultados de abril muestran que de los 8,29 millones de hogares que hay en las 23 principales ciudades del país, 2 millones no pueden consumir tres comidas al día. De ellos, 150.610 solo comen una vez al día y hay 6.696 hogares que pasan física hambre.

Los 24 bancos de alimentos del país, que atienden a 1,18 millones de personas, estiman que una tercera parte de la comida se bota en Colombia, lo que equivale a 9,7 millones de toneladas al año. De ese monto, 40 por ciento se pierde desde la producción agrícola por falta de vías o de compradores.
Pese a Colombia es un gran productor de comida, hay un elevado nivel de desperdicio - Foto: istock

Si se tiene en cuenta que en promedio hay tres personas por hogar, en números gruesos, unos 6 millones de colombianos desayunan y almuerzan, pero no cenan (esto sin contar a los que viven en zonas rurales y poblaciones intermedias).

Si bien la pobreza se redujo un poco, al pasar de 42,5 a 39,3 por ciento del total de la población entre 2020 y 2021, esto no ha sido suficiente para reducir el hambre y, de hecho, en febrero pasado la FAO aseguró que Colombia es uno de los países con mayor riesgo alimentario en el mundo en 2022. El anuncio fue rechazado por el Gobierno al indicar que el país cuenta con programas sociales que buscan preservar la seguridad alimentaria y en la FAO aclararon que el riesgo está relacionado con la población migrante.

Altos Riesgos

Las organizaciones que trabajan para combatir este flagelo tienen una visión similar a la de la FAO. El médico Juan Carlos Buitrago, director de la Red de Bancos de Alimentos de Colombia, dice que el informe de la FAO no se refiere a los países que tienen más personas con hambre (muchas de ellas están en África), sino a los que tienen grave riesgo de inseguridad alimentaria –como Ángela, que no ha acostado a sus niños sin comer, pero teme que eso ocurra en cualquier momento–.

Juan carlos buitrago Director de la Red de Bancos de Alimentos de Colombia
Juan Carlos Buitrago, director de la Red de Bancos de Alimentos de Colombia - Foto: cortesía Red de Bancos de Alimentos de Colombia

“En ese grupo claramente está Colombia por varias razones y la primera de ellas son los 1,7 millones de migrantes venezolanos y los desplazados internos. Todos ellos se han visto forzados a abandonar su hogar y ahora en sus nuevas condiciones tienen dificultades para alimentarse”, explica, y agrega que Colombia es el tercer país del mundo con más desplazados internos por culpa de la violencia.

Se estima que, históricamente, la violencia interna ha desplazado a 4,9 millones de personas y el informe sobre el Panorama de las Necesidades Humanitarias de Colombia, que realiza la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, asegura que en 2021 se duplicaron los desplazados por la violencia, lo que incide en la seguridad alimentaria del país.

Buitrago añade que otro factor que complica este panorama son los confinamientos forzados por grupos armados ilegales, que impiden a la gente salir de sus casas o cruzar barreras invisibles. Eso hace que no puedan entrar o salir alimentos en ciertas regiones. Tan solo el año pasado, 54.000 personas sufrieron esa situación. A ellos se suman los afectados por los desastres naturales (592.000 en 2021) y por la pobreza.

Como se sabe, las personas de menores ingresos son las que menos posibilidad tienen de defenderse ante el alza de la canasta familiar, la cual se viene encareciendo justamente por los alimentos.

Junto a su equipo, Buitrago calculó el costo de la canasta básica de alimentos establecida por el ICBF, la cual vale hoy 423.000 pesos al mes. Esa canasta no la pueden comprar los 20,2 millones de colombianos que hoy viven por debajo de la línea de pobreza, es decir, con ingresos mensuales de 354.031 pesos, ni qué decir de los 6,2 millones que están en la indigencia, con 161.099 pesos mensuales.

Mal de muchos

Como si la situación de Colombia en materia de hambre no fuera suficiente, ahora se suma un fenómeno global sobre el que cada vez se prenden más alteras. Por la invasión de Rusia a Ucrania se afectó el mercado de alimentos, al ser esos países dos de los mayores productores mundiales de trigo, maíz y aceite de girasol, así como de insumos para fertilizantes. Al no poder exportar su producción están afectando los precios internacionales de todos los alimentos y empujando la inflación.

Reciente portada de The Economist donde alerta sobre la crisis alimenticia global.
Reciente portada de The Economist donde alerta sobre la crisis alimenticia global. - Foto:

La revista The Economist, en una de sus recientes ediciones, ya advirtió sobre una futura catástrofe alimenticia por cuenta de la guerra en Ucrania, pues 80 por ciento de la población mundial vive en países que son importadores netos de alimentos. Si bien el encarecimiento de la comida venía desde la pandemia de covid-19, al interrumpirse el trabajo agrícola y las cadenas de suministro; luego vino un aumento de los precios de la energía y del transporte marítimo, lo que ha empeorado con el conflicto en Europa del Este.

Las naciones más afectadas son las africanas, mientras que América Latina, al ser un gran productor de alimentos, tendría más espacio para defenderse, pero está acorralada por la inflación.

Un análisis de BNP Paribas sostiene que el aumento de los precios de la comida amenaza con provocar una agitación política en los mercados emergentes. En particular, los latinoamericanos son los más vulnerables a las protestas, pues la subida de los alimentos ha sido más rápida, en especial en Argentina, Chile, Colombia y Brasil, países que además no cuentan con elevados subsidios a los alimentos.

Ni Ángela ni sus hijos entienden la situación en Ucrania y aunque tampoco son desplazados por la violencia, sí son víctimas de una pobreza aguda que a diario los amenaza con tener que acostarse con el estómago vacío.

Radiografía del hambre en Colombia

Hogares que consumieron solo una comida al día en la última semana

150.610 hogares, que es 1,8 % del total que hay en las 23 principales ciudades.

Las personas de 55 años en adelante son el grupo de edad más afectado, pues de todos los hogares con personas en esas edades, el 2,4 % solo come una vez al día.

• Por nivel educativo, los más afectados son quienes solo alcanzaron noveno grado. De los 2.780.147 hogares conformados por personas sin bachilleres, el 5,8 % aguanta hambre.

• Por tamaño del hogar, las familias unipersonales, pues el 2,9 % no puede comer sino una vez al día.

• Por ciudades, Sincelejo, Riohacha y Quibdó son las capitales que tienen el mayor porcentaje de hogares que solo comen una vez al día, con datos de 11,2 %, 6,9 % y 5,4 %, respectivamente.