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Las viviendas universitarias ante la covid-19: ¿Cómo se reinventan?

El abrupto final de las clases presenciales en las universidades y la incertidumbre sobre la reapertura de aulas en este segundo semestre ha obligado a este sector a reinventarse para subsistir en la pandemia.


Los casi 2,4 millones de universitarios que actualmente estudian algún pregrado en el país son el corazón de grandes complejos de viviendas universitarias como Livinn y CityU, en Bogotá, o Boho U Living, en Cali. Sin embargo, el abrupto final de las clases universitarias presenciales a causa del coronavirus desde el pasado 16 de marzo, lo que provocó el éxodo forzoso de los estudiantes a sus ciudades de origen e incertidumbre sobre lo que se viene de cara a este segundo semestre académico, los ha obligado a adaptarse a esta nueva situación.

A pesar de esto, la oferta de estos complejos sigue en pie, y al igual que todos los sectores se han adaptado a esta nueva normalidad para que sus espacios estén disponibles para los estudiantes que aún requieren este servicio. Pese a que en general se ofrecen diferentes tarifas dependiendo del tipo de habitación o el metraje, los precios pueden oscilar desde $900.000 hasta $2,7 millones al mes en este tipo de residencias.

Estas cifras dependen de los servicios y son una alternativa que se venía afianzando para quienes no quieren recurrir a los gastos tradicionales que se requieren en los alquileres de vivienda comunes.

“En Colombia no había zonas especializadas para los universitarios. Esta idea nació con el objetivo de que los estudiantes estén cerca a las universidades, bajo una gama de servicios complementarios. Es una alternativa que busca crear espacios distintos a los que existían tradicionalmente”, explicó Luis Aurelio Díaz, presidente del Grupo Oikos.

Al panorama de las clases virtuales, que ha generado que muchos alumnos que utilizaban estas viviendas retornen a su lugar de origen, se suma el riesgo de un desplome en las matrículas del 30 por ciento, lo que significarían alrededor de 800 mil alumnos menos en las aulas universitarias. 

Javier Nieto Téllez, General Manager de CityU, ciudadela universitaria con capacidad de 700 usuarios en Bogotá, explicó que para poder seguir funcionando en medio de esta coyuntura los protocolos de bioseguridad se desarrollaron bajo el concepto de tres ejes: Infraestructura, uso de zonas comunes, y limpieza y desinfección. Aseguró que este protocolo puede servir de ejemplo para otras viviendas universitarias.

En infraestructura se han implementado diferentes adecuaciones con el fin de mitigar el riesgo de contagio, a través de la asignación de un baño por residente, lo cual implica un solo apartamento por habitante, con excepción de los cuádruples donde máximo vivirán dos personas. También dispusieron de medición de temperatura en cada piso, se tendrán barreras protectoras en los lobbies, estaciones de desinfección al ingreso de cada torre, centro de acopio para domiciliarios en la zona comercial, asignación de un piso para casos de aislamiento preventivo, entre otras medidas de prevención.

En el uso de zonas comunes, se diseñaron estrategias como la administración de espacios a través de un sistema de agendamiento y asignación de espacios de estudio con un máximo de aforo.

Además, los estudiantes tendrán medidas obligatorias como toma de temperatura en el ingreso, uso de tapabocas, distanciamiento, uso de estaciones de desinfección antes de ingresar al complejo y seguimiento semanal. 

"Todos los protocolos implementados han sido previamente verificados por un equipo de especialistas en salud y seguridad, con el fin de brindar una experiencia ágil y confiable que permita a los residentes sentir la tranquilidad de estar en un ambiente con altos estándares de bioseguridad. Nuestra aplicación puede servir de ejemplo para otras viviendas o sectores", concluyó Tellez.