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Opinión

El desafío que tienen los colegios en la formación de las habilidades para la vida

En un mundo globalizado con cada vez más desafíos y oportunidades, el colegio no necesariamente inculca las habilidades que los niños y jóvenes requieren para alcanzar su máximo potencial y realizar sus proyectos de vida.

*Martin E.P. Seligman y Alejandro Adler
7 de septiembre de 2017

Empecemos con dos preguntas: ¿Qué queremos para nuestros niños y jóvenes? y ¿qué es lo que el colegio les enseña? Más allá de las particularidades del contexto educativo colombiano, si usted piensa como la mayoría de las familias, los educadores y funcionarios de gobierno de alrededor del mundo, probablemente su respuesta a la primera pregunta incluya palabras como “bienestar,” “salud,” “éxito,” “felicidad” y “paz”. Para responder a la segunda, lo más seguro es que surjan conceptos como “alfabetización,” “aritmética,” “conocimiento,” “memorización” o “aprobar pruebas estandarizadas”. Tal vez le sorprenda saber que la intersección entre ambas respuestas suele ser nula.

Con base en la psicología positiva, la educación positiva propone que, junto con el aprendizaje académico, el desarrollo de habilidades para la vida y la mejora del bienestar contribuyen a la formación integral de niños y jóvenes y, por ende, a la cimentación de una sociedad sana.

En realidad, el aprendizaje académico y el desarrollo de habilidades no son mutuamente excluyentes. Todo lo contrario, tal y como lo muestra la evidencia internacional, inculcar habilidades y promover el bienestar mejoran el desempeño académico de los estudiantes, aun en pruebas estandarizadas nacionales como Saber en Colombia o internacionales como Pisa, que por primera vez midió el bienestar estudiantil en 2015.

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Pero, ¿qué es el bienestar, qué son las habilidades para la vida, cómo los medimos? El primer término se refiere a las emociones positivas, al sentido y propósito de vida, a las relaciones saludables y al involucramiento cultural, profesional y comunitario. El bienestar tiene valor intrínseco: es una aspiración universal. También tiene un valor instrumental porque contribuye a las trayectorias positivas de vida.

Las habilidades para la vida son aquellas que nos permiten alcanzar el máximo bienestar posible como individuos y como sociedad. Algunos ejemplos son la presencia plena, la empatía, la comunicación efectiva, el pensamiento crítico, la toma de decisiones y la resiliencia. Más allá de las adecuaciones contextuales y culturales que puedan requerir, estas habilidades son universales y propias del desarrollo humano y se pueden medir a través de instrumentos psicológicos que han sido validados internacionalmente y cuentan con el mismo rigor metodológico que la medición de la alfabetización o la aritmética.

El primer paso para desarrollar estas habilidades para la vida y el bienestar a gran escala es la medición. Al medir las habilidades y el bienestar podemos saber cómo están nuestros estudiantes hoy y cómo cambian a través del tiempo.

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Para ello resulta fundamental que los educadores entiendan, aprendan, desarrollen y encarnen estas habilidades para poder enseñarlas e infundirlas en sus propios ecosistemas educativos. El currículo escolar también debe incluir una materia específica para su desarrollo que promueva la enseñanza de estas habilidades. Finalmente, estas se deben de infundir en el currículo de manera transversal para que el conocimiento académico y las habilidades para la vida se aprendan de manera entrelazada.

El modelo de educación positiva ya es exitoso en decenas de países desde México hasta Bután. El trabajo que hemos llevado a cabo en Colombia hasta ahora nos deja claro que como país se encuentra en un momento históricamente fértil para sembrar y cultivar semillas para la paz, la paz duradera.

Se requiere, por lo tanto, de una educación comprometida con la formación integral de los jóvenes colombianos pues es el vehículo más poderoso para garantizar el empoderamiento y el bienestar de generaciones enteras. El compromiso a nivel de política pública, junto con el compromiso a nivel ciudadano, serán la brújula necesaria para emprender este camino virtuoso.

Este artículo de opinión hace parte de la edición 25 de la revista Semana Educación.  Si quiere informarse sobre lo que pasa en educación en el país y en el exterior, suscríbase ya llamando a los teléfonos (1) 607 3010 en Bogotá o en la línea gratuita 01 8000 51 41 41.

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*Martin E.P. Seligman
Director del Centro de Psicología Positiva de Pensilvania. Estados Unidos.
*Alejandro Adler
Director de Educación Internacional, Centro de Psicología Positiva, Universidad de Pensilvania. México.