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Reabrir colegios frente al covid-19: ¿Qué tan propagadores pueden ser los niños?

Un gran interrogante es la capacidad de los niños, con síntomas o sin ellos, de transmitir el virus. Diversos estudios y pruebas se han hecho a lo largo del mundo arrojando diferentes conclusiones.


La muerte de niños por el coronavirus conmociona a la opinión pública, pero no sucede con frecuencia. Por ejemplo, el número de casos graves registrados en niños menores de 15 años apenas representa 0,6 por ciento del total de casos en Francia.

La revista especializada ‘The Lancet Child & Adolescent Health‘ reveló en un informe que menos del 1 por ciento de los casos en niños resultan mortales. De los 582 pacientes positivos estudiados en España, Gran Bretaña y Austria, cuatro murieron (0,6 por ciento), todos ellos mayores de diez años con problemas médicos preexistentes. La cifra es similar en estadísticas de otros países, como Colombia, donde de casi 10.000 contagiados menores de diez años han muerto 14, una tasa de mortalidad del 0,14 por ciento. “Está claro que reabrir los colegios no va a generar la muerte de los niños. Es más grave el impacto del encierro en su aprendizaje”, dice el neurólogo infantil Jorge Eslava. Recordó que el 88 por ciento de los niños en el país tiene algún signo de afectación en su salud mental por la cuarentena, según un informe del Instituto Colombiano de Neurociencias.

El otro interrogante es la capacidad de los niños, con síntomas o sin ellos, de transmitir el virus a su familia o a los profesores. Los datos al respecto son menos claros porque es difícil estudiar el poder transmisor de sujetos que tienen poca o ninguna señal de la enfermedad.

Las pruebas de detección más importantes se realizaron en Islandia, y tienden a confirmar que los niños desempeñan un rol menor en la transmisión. En una de las campañas de pruebas realizadas en la isla ningún niño menor de diez años dio positivo. Kári Stefánsson, un investigador líder en Islandia, le dijo a la revista ‘New Yorker‘ que de unos 56.000 residentes examinados, “solo hay dos ejemplos en los que un niño mayor de diez años infecta a un padre. Pero hay muchos ejemplos en los que los padres infectan a otros”. Todas las investigaciones apuntan a un mismo resultado: los niños son menos propensos a contagiarse y a servir de vectores de la enfermedad.

Jonas Ludvigsson, pediatra y profesor de epidemiología clínica en el Instituto Karolinska, de Suecia, revisó la literatura relevante a partir del 11 de mayo y concluyó que “rara vez los niños pueden causar brotes de la enfermedad”. Por otra parte, Soumya Swaminathan, científica de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aseguró: “Por lo que sabemos, ahora parece que los niños son menos capaces de propagar la enfermedad”. Y Kristine Macartney, directora del Centro Nacional de Investigación y Vigilancia de la Inmunización de Australia, desestimó que los niños sean ‘superpropagadores’ de la covid-19 como sí lo son con la gripe. Aún no hay evidencia suficiente para que la comunidad científica dé una conclusión definitiva; pero con la información recolectada hasta ahora muchos expertos de varios países coinciden en que el riesgo de contagio es más bajo en los niños.

No obstante, otros estudios como el realizado a 150 niños con síntomas en Chicago, indican que los menores de cinco años tienen entre 10 y 100 veces más nivel de material genético de coronavirus en sus narices que niños más grandes y los adultos. Según el informe publicado en ‘JAMA Pediatrics‘ hace una semana, no hay una verdad definitiva, cada día se aprende más sobre el virus.

A pesar de esto, los partidarios de reabrir las escuelas piden poner en una balanza el costo-beneficio y riesgo de cada decisión y ver los ejemplos de otros países. “En los más pequeños los efectos en el desarrollo y aprendizaje pueden ser irreversibles. La brecha en la calidad, que ya existía desde antes de la pandemia, va a seguir creciendo, muchos de quienes se oponen a la reapertura de las aulas tienen la virtualidad solucionada, alimentación para sus hijos y un espacio seguro en casa, pero ese no es el caso de muchas familias”, dice la exviceministra de Educación, Isabel Segovia.

Kelly Navarro Abello, enfermera jefe de una clínica del Atlántico y madre de dos pequeños, tiene más que claras las cifras de contagios y muertes, pues vive la situación a diario. Ella más que nadie extraña que los colegios abran, ya que con esta coyuntura puede apoyar muy poco la educación virtual de sus hijos: “Sin hacernos los mártires, porque hay gente que puede tener condiciones más complicadas, la salud está primero en estos momentos, incluso sobre la calidad académica. Hay que tratar de que los niños se esfuercen y hagan las tareas bien, aunque tengamos claro que nunca será igual al nivel del colegio”.