El futuro de la movilidad en Colombia
Mientras el sector automotriz acelera jalonado por el comportamiento del dólar y el cambio de gobierno, las marcas preparan la llegada de nuevos modelos y más alternativas de financiación. Sobrerregulación, sobreuso y sobretributación son los grandes desafíos.

Ni el más optimista de los expertos se hubiese atrevido a pronosticar que en 2026 el sector automotor colombiano podría batir el récord de ventas registrado en 2014, con 328.526 unidades. Pero el comportamiento de los primeros siete meses del año, durante los cuales se registraron 186.253 vehículos matriculados ante el RUNT, hace pensar que en enero de 2027 se podría estar anunciando la buena nueva.
Si bien 2026 era visto con incertidumbre por el contexto político, hay factores que han incidido para que los vientos positivos sigan soplando con intensidad para la industria automotriz, y uno de ellos, sin duda, tiene que ver con la revaluación del peso frente al dólar, pues es bien sabido que el negocio se mueve por medio de la divisa americana.
Si bien el mercado automotor atraviesa un buen momento, el terremoto del pasado 10 de agosto en Colombia podría generar algunas afectaciones, especialmente en la operación logística del puerto de Buenaventura, principal punto de entrada para los vehículos provenientes de Asia. A esto se suman posibles dificultades en el transporte terrestre desde esta zona del país, afectada por el sismo, lo que podría traducirse en retrasos en las entregas y un eventual incremento de los costos logísticos.
Marco Pastrana, gerente de Motorysa, representante en el país de las marcas BYD y Mitsubishi, pone en contexto lo que está sucediendo con el dólar: “El comportamiento reciente de la divisa responde a una combinación de factores externos e internos. Internacionalmente hemos visto un debilitamiento del dólar frente a varias monedas, asociado a menores expectativas de incrementos adicionales en las tasas de la FED y a una mayor liquidez global. En Colombia, además, la percepción de riesgo país ha mejorado, seguramente por el cambio de gobierno y el manejo de las tasas por parte del Banco de La República, favoreciendo la entrada de capitales y fortaleciendo el peso colombiano, lo que genera un entorno más estable para los importadores, pero con muchos retos para los exportadores”.
Para el sector automotor, específicamente, el directivo asegura que “este es un escenario positivo. Un dólar más estable reduce la presión sobre los costos de importación y brinda mayor flexibilidad para mantener o incluso mejorar las ofertas comerciales. Sin embargo, vale la pena recordar que el mercado colombiano convivió durante varios años con tasas de cambio significativamente más altas, lo que llevó a que los precios de los vehículos alcanzaran niveles históricamente elevados (caída del mercado). Hoy estamos viendo una recuperación importante del sector, impulsada no solo por una tasa de cambio más favorable, sino también por una competencia mucho más intensa, con la llegada de nuevas marcas, una mayor oferta de modelos y una verdadera democratización de las tecnologías de nuevas energías (NEV)”.
Juan Carlos López, gerente de las marcas Deepal y Changan, que hacen parte del grupo Vardí, considera que “estamos viendo una tasa representativa del mercado favorable para el consumidor de vehículos. Esto se aprecia claramente en los crecimientos que están teniendo las ventas frente al año anterior, que supera el 40%. Es importante recalcar que la dinámica del impacto de la tasa de cambio en este sector tiene un efecto retrasado, pues la logística para importar vehículos (los que vienen de Asia) tiene un proceso que tarda seis meses, es decir, que el dólar de hoy afectará a los clientes de carros que compren en el próximo semestre. Quienes se están llevando su vehículo hoy, reciben los efectos del dólar de hace 180 días”.
Para López esta dinámica ha permitido que el sector se vuelva más atractivo y el consumidor está aprovechando esa ventaja favorable para tomar la decisión de compra que tenía ‘guardada’ y dar el paso a un carro electrificado y actualizar su tecnología de motorización. No obstante, “también hay fuerzas contrarias a esta evolución, como la tasa de interés, que sigue alta frente a los demás países de la región, lo que tiene un efecto en dos agentes del mercado: el primero es que al consumidor se le hace más caro pedir un crédito de vehículo en su banco, y el segundo es que para las empresas que importamos vehículos el capital que se requiere para traer los carros y pagarlos es más costoso. Por otro lado, la inflación también viene un poco alta en el país y tiende a actuar en contra del sector, pues el consumidor empieza a priorizar entre un bien y otro”.
Héctor Corredor, Managing Director Clúster Andino Norte para Inchcape, importador de marcas importantes del sector como Mercedes-Benz, Subaru y Suzuki, entre otras, tiene una visión importante y considera que sería simplista limitarse a decir que la caída del dólar es positiva o negativa. “Claro que un peso más fuerte genera eficiencias para quienes importamos, pero el dólar es sólo uno de los componentes del costo. Mientras la tasa de cambio baja, otros costos como salarios, logística, energía, impuestos, tasas de interés y operación continúan presionando al alza. Además, existe un desfase: lo que vendemos hoy fue comprado e importado meses atrás a tasas diferentes. Más que un dólar alto o bajo, lo que necesitamos es estabilidad, predictibilidad y un costo país competitivo. Ese es el verdadero reto para las empresas y para el país”.
Jessica Passos, nueva gerente del Grupo Porsche en el país, al frente de marcas como Volkswagen, Audi y Cupra, también comparte esta opinión sobre el tema: “En mercados importadores como Colombia, el comportamiento del dólar tiene un impacto directo sobre el sector automotor, especialmente porque una parte importante de los vehículos, autopartes e insumos se transan en moneda extranjera. Cuando el dólar sube, el costo de importación aumenta y ese efecto puede trasladarse, total o parcialmente a los precios finales del producto. Esto puede presionar al alza los precios de los vehículos y afectar la capacidad de compra de los consumidores, así como las decisiones de financiación y renovación. En el escenario actual, con una tasa de cambio más baja, el efecto positivo es que las marcas pueden encontrar mayor espacio para ofrecer condiciones comerciales más atractivas, ya sea a través de mejores precios, opciones de financiación, bonos o beneficios adicionales para los clientes”.
Andrés Aguirre, gerente general de Astara, representante de marcas como Jeep, Volvo, Peugeot y Fiat, considera que “es un 360. Efectivamente los procesos de revaluación ayudan a que los autos nuevos sean más baratos y se puedan hacer más acciones comerciales de diferente tipo, pero al mismo tiempo tiene un impacto colateral relacionado con los precios de los usados. Es claro que alguien gana y alguien pierde y es lo que tenemos. Sin duda, cuando se mira la historia, el tipo de cambio puede ser la principal materia prima que determina el tamaño del mercado. Este año estamos cerca de un récord, influenciado por un proceso de revaluación alto y acelerado, y lo anterior coincide con el lanzamiento de nuevas marcas. Pero después se volverá a comportamientos normales y naturales y hay que tener en cuenta que aún no se sabe bien cuáles serán las medidas del gobierno frente a la inflación y el déficit fiscal”.