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ESPECIAL

Jóvenes que transforman la imagen de los jóvenes

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Fotografía por Comisión de la Verdad

Bendita pandemia

En manos de la juventud

Una red ciudadana en la zona rural de Cúcuta demuestra que la organización y el liderazgo juvenil pueden ser determinantes para transformar entornos marcados por una historia de violencia y narcotráfico.

El nororiente colombiano se ha caracterizado, en el marco del conflicto armado interno, por ser una zona estratégica para grupos armados como el Eln y las Farc –con los Frentes 23 y 33 en Norte de Santander– (Rutas del Conflicto) y grupos paramilitares como las Auc –con el Bloque Catatumbo y dos Frentes–. Otro actor a considerar son las fuerzas militares, desplegadas en los Batallones Comuneros No. 36, Santander y No. 10 del Plan Especial Energético.

De manera analítica, al leer la región se desdoblan tres ejes. El primero son las economías criminales y de guerra ligadas al narcotráfico, que ha atravesado a Banco de Arena de la mano de grupos como los Rastrojos. Siendo la puerta de entrada al Catatumbo, las violencias y grupos que han afectado históricamente a esta subregión, han tenido efectos en la cotidianidad del corregimiento. Hacerle frente a estas economías criminales pone en riesgo a los líderes y lideresas sociales, “varios de los dirigentes de las Juntas de Acción Comunal se han tenido que desplazar luego de recibir amenazas, por lo que el trabajo de esos organismos se ha debilitado”, (Sánchez y Gómez, 2019b). A esto último, se suma su condición de frontera con Venezuela que convierte al municipio en lugar de entrada de migrantes y refugiados, agudizando las situaciones de informalidad y desarraigo.

El segundo es el mundo rural en el marco de un problema agrario nunca resuelto que propició el ambiente para la concentración de tierras y la colonización rural (Molano, 2015, p. 33). Según Reyes, el bajo Catatumbo, Cúcuta y Tibú, son zonas que concentran la mayor intensidad de conflicto agrario y violencia en la región (2016, p. 69-70). En los corregimientos de Palmarito y Banco de Arena los reclamos territoriales se asocian a la defensa del agua, específicamente la comunidad se organizó en el 2014 con el proceso Agua para todos. El tercer eje son las economías extractivas de la mano de las empresas petroleras. Por la región pasa el oleoducto Caño Limón–Coveñas, que ha sido el detonante de conflictos sociales por la distribución de sus beneficios (Reyes, 2016, p. 69).

A pesar de la desmovilización del Epl en 1991 –aunque las disidencias autodenominadas ‘Los Pelusos’ siguen violentando la región– y de la entrega de armas de los paramilitares en 2003-2004, así como el Proceso de Paz firmado con las Farc en 2016, el municipio de Cúcuta aún cuenta con sectores del Eln, tensiones por el oleoducto y conflictos por rutas de narcotráfico auspiciadas por los Rastrojos. En las zonas rurales, además, se encuentran las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (Clan del Golfo).

Este escenario generó graves impactos sobre toda la población, afectando de manera particular a los jóvenes y a los líderes y lideresas sociales. En concreto, en 2018 fueron asesinados 16 líderes y lideresas en Norte de Santander, seis de ellos en Cúcuta, “en ese entonces el municipio más letal para el liderazgo social en Colombia” (Sánchez y Gómez, 2019 a). En el primer semestre de 2019, se registraron cinco homicidios en Norte de Santander contra líderes sociales y 23 agresiones en su contra (Somos Defensores citado en Sánchez y Gómez, 2019 a).

La zona rural está mayormente expuesta al reclutamiento, a las tensiones sobre la tierra propias del entorno rural en el país, y a la presencia de las economías de guerra desde el cultivo y procesamiento de droga. Por ejemplo, en los corregimientos de Palmarito y Banco de Arena, según un estudio de Paz en el Terreno, “hasta el 2016, dentro de una extensión de 17 mil hectáreas, había 1.335 hectáreas de ese cultivo de uso ilícito, según mediciones de la comunidad junto con entidades estatales” (Sánchez y Gómez, 2019 b).

Arte y cultura

“Se derribaron las barreras mentales que teníamos”

Nereida Quintero, líder de la Red de Jóvenes Rurales Banco de Arena

Banco de Arena vio nacer en el 2018 la Red de Jóvenes Rurales, un grupo de 27 jóvenes organizados para ejercer una ciudadanía activa frente a problemáticas a las que se enfrenta su comunidad, como la desaparición forzada, el reclutamiento juvenil y la violencia sexual. Por medio del pensamiento colectivo y del arte y la cultura, intervienen positivamente su entorno social, apostándole a la erradicación de estereotipos y a la creación de una identidad comunitaria (Matriz, 2020). Le han apostado, también, a la consolidación de una cultura política desde y para las juventudes, quienes apoyaron la elección de Nereida Quintero como edil y participaron en la creación del plan territorial del corregimiento. Nereida es una lideresa social que está comprometida con la creación de un ambiente de paz, gestado por las juventudes y las mujeres, a quienes apoya en la Asociación de Mujeres en Norte de Santander.

Impacto positivo

Tres logros han marcado la diferencia para los integrantes de la Red. El primero fue la reconstrucción del kiosko, como apuesta por recuperar un espacio de integración para la comunidad. Con ello, la Red ganó visibilidad y respeto entre los pobladores del corregimiento al romper con el imaginario que se tenía sobre la falta de trabajo en las juventudes, demostrando, por el contrario, entrega y dedicación por parte de los y las jóvenes de la comunidad.

El segundo, es la creación de la escuela deportiva, con la cual se logró atraer a muchos jóvenes rurales de otros corregimientos. El tercero son los dos Festivales por la vida y la esperanza, que generaron unidad y reconciliación entre las comunidades vecinas: “Aquí cabemos todos, ahí es donde uno se da de cuenta que, aunque la persona sea de otro lugar, tenemos mucho en común”, dice Nereida. En suma, estos tres logros terminaron siendo espacios protectores para la comunidad, en beneficio de la juventud. A través del fútbol, la comida, y el arte.

Aprendizajes en clave de convivencia y no repetición

Mediante acciones y estrategias de arte y cultura como el teatro, la representación, el dibujo, la pintura y el cine foro, se han propuesto identificar y transformar imaginarios y fomentar la reconstrucción de la memoria histórica. A la vez, se ofrecen espacios de esparcimiento con niños, niñas y jóvenes para protegerlos de las afectaciones del conflicto (Matriz, 2020). La experiencia proyecta sus actividades en el deporte, la formación integral, el medioambiente, las comunicaciones entre distintas comunidades, el emprendimiento en jóvenes y la incidencia en la región. A pesar de las dificultades[1], la Red de Jóvenes se ha esforzado por consolidar una identidad colectiva en el territorio a través de la lectura crítica de las realidades que lo atraviesan y de la ejecución de acciones transformadoras.

Han trabajado en la ruptura de estereotipos externos e internos que el conflicto armado ha dejado en su territorio: “Los de tal vereda son raspachines, los de tal vereda son guerrilleros, los jóvenes solo sirven para campanear…” (Matriz, 2020); así como los estereotipos de frontera con respecto a la población venezolana.

Con la superación de imaginarios, en conjunto con la creación de convivencia, construyen una visión de territorio en la que todos caben. Para Maryuri, a pesar de los problemas que se pueden presentar hay que hacer el intento de cambiar en los territorios, “en nuestro país, ejerciendo el liderazgo propio como motor de cambio” (Entrevista, b). Por último, en palabras de Nereida: “Lo más importante es dar el primer paso, ahí nos damos cuenta que sí se puede. Nosotros tenemos el sueño de tener un territorio en paz. Yo sé que a Colombia no la podemos cambiar toda, pero al menos cambiemos el terreno donde vivimos, comencemos desde ahí” (Entrevista-video, a).

Referencias bibliográficas

Convenios de Fuerza y Justicia. Municipio: Cúcuta. La liga contra el Silencio. Rutas del conflicto. Recuperado de: http://rutasdelconflicto.com/convenios-fuerza-justicia/node/386

Molano Bravo, A. (2015). Fragmentos de la historia del conflicto armado (1920-2010). La Habana: Informe Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas.

Reyes Posada, A. (2016). Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en Colombia. Bogotá: Ariel.

Sánchez, N. y Gómez, J. (16 dic. 2019a). Las economías ilegales asedian a los líderes sociales en Cúcuta. La paz en el terreno. Recuperado de: https://lapazenelterreno.com/mapas-de-riesgo/cucuta/index.html

Sánchez, N. y Gómez, J. (dic. 2019b). Palmarito y Banco de Arena: donde quieren apagar las Juntas de Acción Comunal. La paz en el terreno. Recuperado de: https://lapazenelterreno.com/mapas-de-riesgo/cucuta/palmarito.html

Insumos Comisión:

Entrevista-video Banco de Arena.(2020a). Pastoral Social.

Entrevista a Nereida Quintero. (2020b). Pastoral Social.

Matriz (mayo, 2020).

[1] Una de ellas es la falta de oportunidades educativas para los jóvenes en el territorio. Otra es que, en su búsqueda por relacionar jóvenes de los corregimientos vecinos, la dinámica del conflicto hace que en determinadas situaciones sea difícil el desplazamiento. Lo que pone también en evidencia la preocupación por acabar con el reclutamiento infantil y juvenil en las zonas rurales. Además, los asesinatos y masacres en el territorio no han cesado.

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