Juan Pablo II, el papa que trajo esperanza a Colombia: así fue su visita hace 40 años al país
Dos tragedias marcaron al país: el Palacio de Justicia y Armero. En 1986 la nación estaba sumida en el dolor, pero una carta, una invitación y un sí permitieron que el pontífice pisara suelo colombiano. Integrantes de la Iglesia católica, embajadores y periodistas cuentan a SEMANA cómo fue el maratónico recorrido del santo papa por siete ciudades con un mensaje de esperanza y reconciliación.

“Con especial complacencia, en nombre de la Conferencia Episcopal de Colombia, comparto la alegría de la confirmación de la visita del Santo Padre Juan Pablo II a Colombia, en los primeros días del mes de julio de 1986. Esta visita es una manifestación de su paternal afecto a nuestro país, y respuesta a la invitación que le formularon reiteradamente los obispos colombianos y el señor presidente de la República, doctor Belisario Betancur”, así fue como la Conferencia Episcopal confirmó al país una de las noticias más esperadas: la visita de Karol Wojtyla, el sumo pontífice.
En un comunicado, fechado el 21 de octubre de 1985 y firmado por Héctor Rueda Hernandez, el presidente de la Conferencia Episcopal de ese entonces, se anunciaba también que “ la presencia del soberano pontífice, es una gracia y ocasión propicia para renovar nuestra fe y nuestra opción cristiana por la caridad, la justicia y la paz tan necesarias y urgentes en el momento que vive el país”.
Así, los colombianos recibirían al papa peregrino en 1986; un hombre que durante siete días recorrió el país con un mensaje de esperanza y fe para una nación que no se reponía de la toma del Palacio de Justicia por parte del M-19, que dejó un saldo de 94 muertos, decenas de heridos y 11 desaparecidos, y la avalancha de Armero (22.540 muertos, 4.000 heridos, 3.300 desaparecidos y 20 mil más sin hogar).
En medio de esa situación que golpeó a Colombia el 6 y 7 de noviembre con el ataque al Palacio y, seguido a ello, la desaparición total del municipio tolimense, el 13 de noviembre de 1985, la visita del santo padre era más que un hecho para el siguiente año. Juan Pablo II llegaba a un país en el que el dolor estaba presente en cada lugar, pero también la fuerza de una nación que buscaba salir de la espiral de violencia en la que estaba sumida.
En esos siete días, el santo padre realizó una maratónica agenda por 10 ciudades en donde los feligreses lo acogieron como a uno más. Desde Bogotá, pasando por Medellín, Cali, Chiquinquirá, Tumaco, Chinchiná (Armero), Pereira, Bucaramanga, Cartagena y Barranquilla, todos corrían tras de él; querían abrazarlo, recibir su bendición, tocar su mano, que pidiera por ellos y hasta los niños lloraron al ver a ese hombre vestido de blanco.
Millones de fieles colombianos acudieron masivamente a cada uno de los actos que se realizaron con su visita. Los jóvenes se unieron a él para compartir momentos inolvidables en cada una de las misas al aire libre con cánticos y alegría, mientras que él daba un mensaje invitándolos a ser los dueños del futuro de Colombia.
Desde su arribo a Bogotá en el aeropuerto El Dorado el 1 de julio de 1986 ,en donde con un gesto de profundo respeto y agradecimiento, al bajarse del avión, se inclinó y besó tierra colombiana, El Campín, la Plaza de Bolívar y el Parque Simón Bolívar hasta en su icónica e inolvidable visita a Armero.
La embajadora de Polonia en Colombia, Barbara Sośnicka, destacó durante la conferencia por el 40 aniversario de la visita papal, que reunió a expertos, frays y estudiantes, en la Universidad Santo Tomás con participación de la Universidad San Buenaventura, que “El papa san Juan Pablo II tiene una gran importancia, sus valores, sus enseñanzas y sobre todo su constante labor con la juventud que siguen muy vigentes hoy tanto en Polonia como aquí en Colombia”.
Además, durante el evento la embajadora presentó el libro Paz, justicia, amor, en el que escribe una breve reseña sobre el legado del santo padre: “La conmemoración de los cuarenta años de la visita motivó la creación de este libro junto al Instituto de San Juan Pablo II en Varsovia; fueron tres meses de ponencias y cerca de medio año de un arduo trabajo de traducción, edición y redacción para presentarlo en español y en polaco”.
Sośnicka también resaltó la fe del pueblo colombiano durante su encuentro con Juan Pablo II: “El pueblo colombiano es un pueblo muy maravilloso y merece vivir en paz, con amor y con la solidaridad de todo el mundo”.