México, un país de puertas abiertas para los colombianos
Con más de 200 años de relaciones, México y Colombia han tejido una historia que trasciende los tratados y la diplomacia. En cada uno vive un pedacito del otro.

La historia de las relaciones entre Colombia y México comenzó hace más de dos siglos. En 1821, Colombia fue el primer país en reconocer la independencia de México. Dos años después, ambos países firmaron el Tratado de Amistad, Liga y Confederación, el primer instrumento internacional suscrito por México. En 1831 se formalizaron las relaciones diplomáticas mediante el nombramiento de embajadores y desde entonces la relación ha atravesado gobiernos, guerras, transformaciones económicas, crisis diplomáticas y cambios políticos sin perder una característica que ha permanecido desde aquel momento: la cercanía.
No es casual que en México y Colombia se hable de países hermanos. En 2021, al conmemorarse dos siglos del establecimiento de relaciones diplomáticas, esa palabra hermandad estuvo presente en las celebraciones oficiales, y el Senado mexicano declaró el 10 de octubre como el Día de la Amistad México-Colombia. La relación política se fue convirtiendo también en económica. En 1994, Colombia, México y Venezuela firmaron el Tratado del Grupo de los Tres, que entró en vigor en enero de 1995. Tras la salida de Venezuela en 2006, Colombia y México adecuaron el acuerdo y el protocolo modificatorio entró en vigor en agosto de 2011. Actualmente, el acuerdo mantiene una amplia apertura comercial: ProColombia señala que el 97 por ciento del universo arancelario se encuentra con arancel cero.
Pero la relación económica no se limita a los aranceles. México se convirtió en un importante inversionista y socio comercial de Colombia, mientras empresas de ambos países ampliaron sus operaciones y encontraron oportunidades de expansión. En 2015 llegó otro momento decisivo cuando Colombia y México crearon el Consejo de la Relación Estratégica como principal mecanismo de diálogo bilateral. La agenda se amplió hacia comercio, inversión, educación, ciencia, tecnología, cultura, seguridad, migración y cooperación.
Ambos países, además, son socios en la Alianza del Pacífico y participan en otros espacios regionales, convencidos de que la integración latinoamericana puede ser algo más que una declaración diplomática. Pero quizá ningún episodio explique mejor la intimidad de esta relación como la historia de Gabriel García Márquez.
El Nobel llegó a Ciudad de México en 1961. Encontró amigos, lectores, periodistas y escritores que acompañaron su transformación de reportero colombiano a uno de los grandes escritores universales. México no fue simplemente un lugar de residencia, sino uno de los escenarios fundamentales de su creación literaria.
Entre 1965 y 1966, en una casa del barrio San Ángel Inn, escribió Cien años de soledad. Aquí nació buena parte del universo de Macondo, mientras Mercedes Barcha, su esposa, sostenía junto a él una vida marcada por las dificultades económicas. La novela terminó convirtiéndose en una de las obras fundamentales de la literatura mundial.
Esta historia también tuvo un capítulo político. En marzo de 1981, en medio de acusaciones y temores relacionados con su supuesta vinculación con el M-19, García Márquez buscó protección en la Embajada de México en Bogotá y posteriormente viajó a México. La prensa de la época registró su salida del país bajo protección del Gobierno mexicano.
Años después, al recibir la Orden del Águila Azteca, García Márquez resumió en una frase la dimensión afectiva de aquella relación. Agradeció las puertas abiertas de México y pidió que nunca se cerraran. México, de alguna manera, también quedó escrito en la historia de Colombia a través suyo.